El Arsenal volvió a una final de la Liga de Campeones después de casi dos décadas, rompiendo el muro defensivo del Atlético de Madrid con un triunfo por 1-0 en la vuelta de las semifinales. Los “Gunners” lograron su boleto por primera vez desde 2006 y ahora sueñan con levantar por primera vez el trofeo más importante del fútbol de clubes, aunque el rival en el partido decisivo se presenta como el más duro posible.
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El equipo londinense necesitaba aguantar y, sobre todo, encontrar una vía para atravesar a un Atlético que se caracteriza por su solidez táctica y su capacidad para castigar en transiciones. En esta eliminatoria, el Arsenal lo consiguió con un resultado mínimo: 1-0 (global 1-0), suficiente para neutralizar la resistencia rojiblanca y alcanzar la final.
La clasificación, además, llega en un momento simbólico. El proyecto de Mikel Arteta lleva años construyendo una identidad competitiva en Europa, y el propio entrenador insistió en la idea de que el destino estaba en sus manos. En las horas previas al partido, incluso hubo un gesto llamativo de la afición: se encendieron fuegos artificiales cerca del hotel del Atlético con la intención de alterar el descanso del plantel español.
El rival en Budapest: Bayern o PSG, el gran examen
La final se disputará en Budapest el 30 de mayo y el Arsenal todavía no conoce el nombre del rival. En el otro lado del cuadro, el ganador saldrá de la eliminatoria entre Bayern Munich y Paris Saint-Germain.
Para entender la tensión del momento, basta con recordar que el París Saint-Germain llega con la inercia de una primera igualdad en la eliminatoria: 1-1 en Madrid una semana antes, que terminó por decantar el pase gracias a un gol de Bukayo Saka (45’). Esa anotación, además, catapulta a los londinenses a su segunda final consecutiva en el horizonte europeo reciente, tras una campaña marcada por la búsqueda de consistencia.
Atlético de Simeone: otro gran intento, pero se frenó
El Atlético, dirigido por Diego Simeone, se quedó a las puertas de su tercera final continental en los últimos años. Los colchoneros ya habían alcanzado el partido por el título en 2014 y 2016, y en esta ocasión estaban cerca de repetir el éxito. Sin embargo, el Arsenal logró una victoria que cortó la ilusión rojiblanca.
El partido también estuvo cargado de detalles que reflejan el carácter del Atlético. Antes del descanso, el plan de competir con agresividad defensiva y salir rápido a la contra funcionó lo suficiente como para obligar al Arsenal a trabajar más de la cuenta.
Havertz: de héroe europeo a problemas físicos
Kai Havertz, figura clave en el pasado para el Chelsea al guiar al equipo hacia la victoria en la Liga de Campeones de 2021, afrontó esta eliminatoria con un historial reciente marcado por lesiones. El futbolista no pudo estar en la ida por una dolencia, regresó a la convocatoria en el segundo duelo, pero finalmente fue descartado para el partido decisivo de la semifinal, lo que supuso un golpe importante para las opciones ofensivas del Arsenal.
Un partido trabado: pocos momentos, pero decisivos
Atlético no solo resistió: también avisó. Los visitantes dejaron destellos de su estrategia de contraataque, generando alguna que otra situación que obligó al Arsenal a mantenerse alerta. Aun así, el peso del partido recayó en el conjunto londinense, que tuvo que encontrar el ritmo y la precisión para abrir una defensa acostumbrada a sufrir poco.
En la primera parte, el Arsenal no logró acumular ocasiones claras. Hubo un punto de frustración: sus protestas por un posible penalti fueron rechazadas. El árbitro alemán Daniel Siebert no concedió la pena máxima tras una acción en la que Leandro Trossard recibió un empujón ligero (34’). A pesar de esa negativa, el Arsenal mantuvo la fe y encontró el camino al gol.
El 1-0: Saka castiga la mejor parada de Oblak
El momento de la diferencia llegó después de una gran intervención de Jan Oblak. El portero del Atlético respondió con una atajada potente a un disparo de Trossard y, en el rebote, Bukayo Saka apareció con determinación para rematar y adelantar al Arsenal. Fue el golpe justo antes del final del primer acto, cuando el partido parecía encaminarse hacia un desenlace más cerrado.
El segundo tiempo pudo complicarse… y Gyökeres y otros “casi” lo impidieron
Tras el descanso, el Arsenal volvió con el objetivo de administrar la ventaja, pero estuvo cerca de desperdiciarla. En los primeros minutos del segundo tiempo, William Saliba, en una acción que no salió como debía, terminó provocando un balón hacia Giuliano Simeone, suplente del Atlético. Esa oportunidad se perdió de forma clara (51), y el partido siguió vivo.
Más tarde, Viktor Gyökeres contó con una ocasión que pudo sentenciar el duelo para el Arsenal (66’). No llegó el segundo gol, y esa falta de definición mantuvo la tensión hasta el pitido final.
Contexto: el Atlético ya había sufrido un golpe en Londres
Esta semifinal tuvo un contraste con lo ocurrido en la liga. En el campeonato doméstico, el Atlético había recibido una goleada contundente por 0-4 en el norte de Londres. En esta ocasión, el guion cambió: el equipo de Simeone se mostró más concentrado y, además, realizó un cambio de logística que generó curiosidad en el entorno. ¿Motivo? El propio entrenador lo enmarcó como una cuestión de “superstición”, aunque bromeó diciendo que el nuevo alojamiento era “simplemente más barato”.
Un triunfo mínimo con gran significado
Con el 1-0 en la vuelta, el Arsenal no solo se metió en una final: volvió a colocar su nombre en la conversación por el título continental después de una espera larga. Ahora, en Budapest, el desafío será mayúsculo: enfrentará al ganador entre Bayern Munich y Paris Saint-Germain, dos de los equipos con mayor experiencia reciente en la élite europea.
Mientras tanto, el Atlético de Diego Simeone deberá digerir una eliminación que pudo inclinarse en detalles, pero que se resolvió con una sola acción: el gol de Bukayo Saka tras la gran parada de Jan Oblak. En una semifinal de gran intensidad y pocas oportunidades, el Arsenal encontró el instante exacto para hacer historia.
