En McCarren Park, en pleno corazón de Williamsburg (Brooklyn), el césped de alta tecnología aparecía cubierto por una capa de hielo y residuos acumulados durante días: nieve reciente y un barro espeso que se había compactado con el frío. El escenario contrastaba con lo que normalmente ocurre allí: una pista de atletismo alrededor repleta de vida y movimiento. Pero esa noche, mientras casi nadie se acercaba, el fútbol no se apagó.
En el extremo norte del campo, sin embargo, existía una isla verde. Era un rectángulo pequeño —apenas unos 15 metros de ancho por 30 de largo— donde cerca de una docena de niños se movían con energía entre dos porterías improvisadas. Vestían petos de colores distintos, abrigos y guantes, y los padres observaban desde los alrededores, atentos al esfuerzo con el que sus hijos respiraban en el aire helado. Afuera, blanco total. Adentro, balón rodando. Y ese tipo de escena —en distintas versiones— cada vez se ve con más frecuencia en Norteamérica.
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Durante años, la cultura deportiva juvenil en Estados Unidos se sostenía sobre el imaginario de canchas de asfalto con pelotas rebotando o campos de béisbol con polvo en los jardines. Esas opciones siguen existiendo. Pero en muchos vecindarios, tanto de alto nivel económico como de realidades más modestas, el fútbol se está convirtiendo en el movimiento central.
El crecimiento es evidente para cualquiera que recorra competiciones locales o vea el salto de academias. Sin embargo, Landon Donovan mira el panorama con preocupación: para él, el sistema no está funcionando como debería. En su visión, hay demasiada influencia de quienes no conocen a fondo el deporte y, al mismo tiempo, demasiadas áreas donde la preparación real queda relegada.
“En América somos un país enorme, y hay muchas personas que no saben nada de fútbol que opinan y tienen influencia en el fútbol. Entonces, ¿cómo es posible encontrar puntos en común? Si hablo con un entrenador juvenil, la mitad de las veces ese entrenador cree que sabe mucho más que yo”, dijo Donovan durante el podcast The Rondo de GOAL.
La otra cara: progresos en academias y entrenamiento
Donovan no está solo en el debate. Hay quienes sostienen que, pese a los problemas, el fútbol estadounidense ha avanzado y que la mejora es constante. Curt Onalfo, director deportivo de la New England Revolution, ha señalado que el trabajo hoy se centra en hacer el sistema más eficiente: atraer mejores jugadores a las academias, entrenarlos con más criterio y construir entornos que favorezcan el desarrollo.
“Estamos intentando todo el tiempo mejorar el sistema. ¿Cómo metemos mejores atletas y jugadores en nuestra academia? ¿Cómo los entrenamos mejor? ¿Cómo hacemos el entorno mejor?”, afirmó Onalfo.
La pregunta, entonces, es cómo convertir esa intención en resultados sostenibles, especialmente en un ecosistema donde conviven intereses distintos y donde el cambio no siempre llega con la velocidad deseada.
El gran obstáculo: el costo del fútbol juvenil
Si hay un punto que se repite en el análisis del fútbol juvenil en Estados Unidos, es el económico. A diferencia de otros países, donde el acceso suele estar más ligado a clubes locales y rutas más “naturales”, aquí jugar suele implicar tarifas elevadas.
En el entorno de Washington, D.C., un equipo de nivel elite cobra 4.100 dólares por año para categorías U-13, es decir, para niños que ya están en trayectorias pensadas para jugar profesionalmente o, como mínimo, con alta proyección universitaria. Además, el “travel ball” (competencia con viajes) puede costar alrededor de 3.000 dólares al año sumando cuotas del equipo. Para muchas familias, ese gasto es directamente prohibitivo.
Un informe del Aspen Institute, a través de su iniciativa Project Play, encontró que 32% de los jugadores juveniles en el área de Ciudad de Nueva York/Nueva Jersey señalan el costo como una barrera importante. La cifra sube a 41% en hogares de bajos ingresos.
Donovan también criticó tanto los costos como el sesgo hacia los resultados inmediatos: clubes y entrenadores presionan por ganar, pero ese enfoque puede dejar de lado el desarrollo real del jugador.
“Tienes clubes juveniles con tarifas absurdas. Es todo por ganar. Los chicos se quedan atrás porque los clubes quieren ganar dinero, los entrenadores también quieren dinero, quieren ganar… y los niños no se desarrollan. Y ahora estamos viendo los frutos de eso”, añadió Donovan.
¿Cuánto gastan las familias?
El gasto no se limita a cuotas de inscripción. Project Play estimó que, en 2025, la familia promedio desembolsó 924 dólares anuales en fútbol. Los padres de áreas suburbanas pagaron 1.552 dólares, mientras que las familias urbanas superaron 1.600 dólares. El único deporte más caro en ese análisis fue el béisbol de viajes, aunque esa brecha se estaría cerrando.
Acceso desigual: el problema no siempre es pagar
Incluso cuando el dinero alcanza, el acceso puede ser irregular. El mismo Aspen Institute detectó una brecha logística: solo 21% de los jóvenes de bajos ingresos tienen acceso a un traslado en auto para asistir a juegos o entrenamientos, frente al 86% de los jugadores de hogares de altos ingresos. Esa diferencia —aparentemente “menor”— termina moldeando quién se mantiene dentro del sistema.
Dos caminos principales: universidad o academias profesionales
En Europa, la ruta suele ser más lineal: un club local, pruebas con un equipo profesional cercano y, si el jugador destaca, se integra al sistema. No es perfecto ni idéntico para todos, pero en general existe un recorrido más unificado para detectar, formar y promover talento.
En Estados Unidos, en cambio, se observan dos rutas destacadas: el paso de algún formato de club hacia el fútbol universitario y las academias profesionales que conectan talento juvenil con MLS —o cada vez más con equipos de USL.
MLS apuesta fuerte: dinero, estructura y decisiones
En teoría, MLS tiene ventaja por ser “primero” en el modelo de integración. Además, cuenta con recursos: la mayoría de sus clubes puede financiar a sus jugadores (aunque con matices). En los últimos años, también han reforzado el intento de mover futbolistas hacia el primer equipo.
El caso de Philadelphia Union se menciona con frecuencia como referente, sobre todo por su academia YSC, que combinó responsabilidades académicas con la rutina de entrenamiento. La intención era controlar el desarrollo del talento y acelerar el crecimiento hacia niveles más exigentes.
Otros clubes invierten en juventud con estructura propia. Por ejemplo, LAFC contrató a Toni Hernandez, ex director de La Masia, donde figuras como Lamine Yamal crecieron dentro de la metodología del Barcelona. En ese contexto, Hernandez consideró que Estados Unidos podía ser una oportunidad real.
Charlotte FC también ha dado peso al uso de datos en la formación, especialmente a través del seguimiento de “edades” físicas.
El dilema: ¿cuándo un juvenil está listo?
Más allá de la tecnología, la clave en el fútbol profesional es decidir el momento del salto. En muchas estructuras se combinan números (edad, perfil físico, estadísticas) con el llamado “ojo del entrenador”. Onalfo lo resumió así: observar la progresión y detectar al jugador con alto potencial.
“Se ve con tus propios ojos si el chico es excepcional. Si no lo ves, no sabes qué estás haciendo. No tenemos analistas detrás de una computadora diciéndonos a quién elegir y llevar a nuestra academia”, sostuvo Onalfo.
El historial de la Revolution respalda ese enfoque: han firmado 16 jugadores con contratos de homegrown (formados en el club) y han vendido algunos por ganancias relevantes. Onalfo, además, tuvo un rol en el armado de la academia de D.C. United al inicio y estuvo en LA Galaxy cuando se consolidaron como potencia en una liga que fue diseñada para reducir el dominio de un solo equipo.
Red Bulls: recuperar el “pipeline” con MLS Next Pro
En el otro extremo, New York Red Bulls ha vivido un cambio de dinámica. Mientras la Revolution opera como una estructura que conecta academia y primer equipo como una sola entidad, los Red Bulls forman parte de una red global con historial de inversión en juventud. Pero el “túnel” que antes parecía más sólido se fue secando.
Tyler Adams, quien salió de los Red Bulls en 2019, fue el último gran prospecto en dar el salto desde Estados Unidos a Europa y sigue siendo considerado un éxito enorme dentro del club. Sin embargo, el tiempo transcurrido desde entonces empuja a buscar una nueva senda.
La respuesta incluye reorganización interna e inversión: abrirán un centro de entrenamiento de última generación en Nueva Jersey. Además, el nombramiento de Michael Bradley como entrenador en esta temporada apunta a un cambio con foco formativo. Y, quizás lo más importante, el equipo juvenil se consagró en MLS Next Pro la temporada pasada con Bradley al mando, utilizando la liga de reservas como plataforma para que el talento crezca.
Julian de Guzman, Head of Sport de los Red Bulls, defendió el modelo: el club no busca “comprar” para llenar butacas, sino entusiasmarse cuando un jugador local debuta.
“No somos un equipo que va a gastar 10 o 20 millones en un jugador para llenar asientos. Eso no es lo que somos. Nos emociona más cuando un jugador local hace su debut”, dijo de Guzman.
El problema del tamaño: academias demasiado grandes
Con el paso del tiempo, una dificultad aparece en las academias de MLS: su escala. Si el sistema crece demasiado, algunos jugadores se quedan frenados. Los que están listos para dar el salto pueden entrenar con grupos de edad que no corresponden o quedar atrapados en una propuesta táctica que no encaja del todo con su momento de desarrollo.
Ahí es donde USL empieza a resultar especialmente interesante.
USL: un laboratorio con rutas difíciles
La USL Championship reúne 25 equipos y muchos cuentan con academias consolidadas en sus regiones. El desafío es qué hacer exactamente con los mejores juveniles. En la práctica, el mercado interno de transferencias dentro de USL casi no existe: los futbolistas suelen firmar contratos de alrededor de un año con salarios relativamente bajos y luego se mueven a otros destinos.
Para que un joven destaque, debe ser realmente bueno. Además, todavía no hay muchos casos de alto perfil donde un jugador joven pase de un club USL a otro del circuito. Por eso, algunos clubes han optado por vender su talento a Europa.
Entre esos ejemplos sobresale Orange County SC. Para 2026, se lo considera el equipo más exitoso en el envío de talento juvenil al extranjero.
Orange County SC y la ruta hacia Europa
La propuesta para los chicos es clara: si rinden, tendrán minutos. Cuando el club entiende que el jugador está preparado, se le abre la puerta para dar el salto. El presidente de fútbol de OCSC, Pete Nugent, explicó el enfoque:
“Lo que vendemos es esto: si rindes a los 16 o 17, vas a jugar en el primer equipo. Eso es mucho más difícil que un equipo de MLS lo ofrezca, por la cantidad de crecimiento y talento que hay en MLS ahora”.
Un caso concreto es Pedro Guimaraes. El joven fue incorporado al primer equipo de OCSC como talento adolescente. En febrero, el club acordó con él un contrato con incentivos para enviarlo a Frankfurt, con posibilidad de retorno para OCSC si alcanza un nivel alto en Europa. Nugent anticipó el plan: completará el año en OCSC y se marchará en la ventana de verano.
“Fue un escenario perfecto: lo expusimos a un entorno de primer equipo y destacó. Es un jugador muy técnico. Le incomoda un poco el balón, pero puede jugar varias posiciones. Frankfurt mostró un gran interés por traerlo y hacerlo jugar. Él terminará el año con nosotros y se irá en el verano”, indicó Nugent.
Ventaja geográfica: Phoenix Rising
Otros clubes pueden beneficiarse por cercanía y ausencia de competencia directa. Phoenix Rising está en una situación particular: la academia MLS más cercana se encuentra en otro estado, a alrededor de cinco horas de distancia. Arizona no es el epicentro del talento, pero sí puede elegir y atraer a quienes estén disponibles en el área.
Andy Chapman, director de la academia en Phoenix Rising, describió su estrategia: enfocarse en jugadores locales, desarrollo juvenil de largo plazo y empujarlos hacia su ruta profesional dentro del sistema de la propia academia.
Su programa “High Performance” permite que chicos de cualquier edad entrenen con el primer equipo. Chapman sostuvo que también ofrecen un camino real hacia el fútbol europeo si el jugador firma contrato profesional en USL, apoyado en un “track record” (registro) que busca asegurar que quienes sean suficientemente buenos lleguen al nivel de la Championship.
Universidad: menos peso que antes… y reformas en marcha
En el fútbol masculino, el valor del fútbol universitario para el salto profesional ha disminuido. En conversaciones internas dentro de clubes de MLS, se mencionó que la clase del MLS SuperDraft del año pasado fue particularmente débil.
Sin embargo, el fútbol universitario no desaparece. Su continuidad se sostiene por la posibilidad de mejorar la formación. Figuras relacionadas con el entorno universitario han presionado por cambios profundos. Uno de los puntos planteados es el modelo de “dos semestres”, separando la competencia entre agosto y mayo, una idea que ya circula desde hace tiempo. En 2025, U.S. Soccer estableció una ruta clara mediante la publicación de un White Paper sobre un posible rediseño del sistema del fútbol universitario masculino.
Para McNeill, expandir el calendario crea mejores condiciones para planificar el rendimiento, con periodización (planificación del esfuerzo por etapas) y un desarrollo más coherente dentro del propio curso universitario.
“Cuando amplías de verdad la temporada y el formato te deja un juego cada fin de semana, puedes usar periodización y planificar mejor. Creo que ahora sí puede haber desarrollo real dentro del fútbol universitario”, sostuvo.
Europa observa Estados Unidos con lupa
Aun con rutas internas diversas, hay un hecho que no se discute: los clubes europeos miran el fútbol juvenil estadounidense con atención constante. Nugent remarcó que los equipos de Alemania, Portugal y España colocan exploradores en torneos para seguir jugadores desde los 13 o 14 años, de modo que lleguen a tener claro quién está en radar.
También se mencionó una experiencia en la que un gerente general de USL recorrió las instalaciones de Benfica y comprobó que su conocimiento del fútbol estadounidense llegaba incluso a niveles juveniles más bajos. La idea que se desprende es que Europa no reacciona: anticipa.
Benfica, además, tiene reputación de “club volcado a vender talento”. Otros, como Juventus, no necesariamente consideran que su objetivo sea encontrar el próximo futbolista estrella tipo Weston McKennie, sino transmitir métodos y valores a quienes quieren aprender. En ese enfoque, las academias internacionales formarían con un propósito más educativo que exclusivamente deportivo.
Hay presencias europeas muy fuertes en Estados Unidos: Borussia Dortmund cuenta con 15 academias en el país, incluyendo una en Hawái; PSG también tiene una presencia amplia. Pero incluso así, algunos cuestionan qué tan “real” es el compromiso: el ex zaguero de USMNT Jay DeMerit, quien dirige un campamento en Canadá con talento juvenil de alto nivel, sintetizó la duda en una frase: muchas oportunidades, pocas llegadas.
US Club Soccer y la búsqueda de alineación
En paralelo, el ecosistema local intenta ordenar el rompecabezas. U.S. Club Soccer trabaja desde áreas de coordinación y programas detrás de escena, con un enfoque de educación y acompañamiento a padres que a veces empujan demasiado a sus hijos.
Mike Cullina, CEO de la organización, habló de un problema estructural: Estados Unidos tiene un activo enorme —su tamaño— pero históricamente lo ha convertido en una barrera. Su idea para avanzar pasa por alinear organizaciones e intereses para que funcionen como un solo equipo.
Id2: detectar y educar talento que se escapa
En los últimos años, también se impulsaron iniciativas como id2, un programa para escanear, educar y desarrollar talentos que podrían haberse quedado fuera. Surgió con jugadores U-14 y ahora se expande, pero la lógica se mantiene: crear una red nacional de identificación. Los futbolistas detectados se reúnen en un campamento en Chula Vista, California, donde entrenan, compiten y reciben formación.
El acompañamiento incluye trabajo con padres, con apoyo de especialistas y científicos del deporte para manejar exigencias, estrés y malentendidos típicos del fútbol juvenil de élite.
Mentoría y nuevos modelos: cuando el “sistema” también es humano
Una pieza clave para mejorar el desarrollo no siempre está en las canchas: también está en el acompañamiento. Brando Bandini, de 21 años, estudiante en Brown University, creció en Ciudad de Nueva York y fue un futbolista juvenil de nivel alto con aspiraciones profesionales. A los 16 entendió que su carrera no seguiría ese camino, pero al mirar atrás detectó algo que faltó: mentoría.
“Me di cuenta de que no estaba pasando para mí. Reflexioné sobre mi recorrido y pensé: ¿qué faltaba en esa experiencia? ¿Qué me habría gustado que existiera cuando era juvenil? La respuesta era muy clara: un mentor, un ‘big brother’”, dijo Bandini.
Así nació Youth 4 Youth, un programa que utiliza campamentos universitarios y alianzas con MLS para que profesionales y estudiantes de nivel alto orienten a juveniles sobre rutas de carrera.
Bandini también describe el enfoque como una academia “estilo Gen Z”: no se busca a los jugadores de forma tradicional, sino que ellos encuentran el programa en internet, envían videos y luego pasan pruebas. A partir de ahí, se apoya todo en una red de pares.
Más valentía con el balón: la propuesta de so.LA
El debate final vuelve a lo que se ve en el juego. Sam Al-Basith, ex parte de la academia de LA Galaxy y ahora director de un proyecto de formación en Los Ángeles llamado so.LA, sostiene que el problema de fondo puede ser la falta de oportunidades para arriesgar con el balón. A su juicio, eso frena la creatividad necesaria para romper en el alto nivel.
“Miras a los jugadores que están rompiendo en el nivel más alto: son creativos, valientes, tienen algo de ‘swag’. Pueden eliminar en 1 contra 1, recibir en movimiento y cambiar de dirección con el balón”, señaló.
Por eso, su objetivo es desarrollar más expresión: entrenamientos amplios para niños y niñas, con énfasis en tomar riesgos. “No queremos desarrollar robots. Tenemos que desarrollar personas intencionales. Los chicos de hoy están perdidos; necesitan apoyo”, añadió.
El plan incluye sesiones grupales entre semana, trabajo con video y clases orientadas al componente mental. Un día pueden analizar clips de Kylian Mbappé entrando desde la banda izquierda; al siguiente, practicar meditación. La meta es fortalecer la autoconfianza y el equilibrio mental para sostener el rendimiento.
“Entrenamos la creencia en uno mismo, las cosas hacia las que puedes empujar desde el interior y tratar de encontrar el balance”, explicó Al-Basith.
El futuro depende de los chicos que siguen jugando pese al frío
Con todo este mapa de costos, rutas, reformas, inversiones y propuestas alternativas, la conclusión vuelve al inicio: al esfuerzo de quienes se presentan en canchas congeladas para patear un balón. Porque, aunque el sistema tenga fallas y sea imperfecto, el fútbol estadounidense está en movimiento. Europa mira, las academias invierten, USL y MLS ajustan sus modelos, la universidad busca reformarse y los programas comunitarios intentan democratizar el acceso.
Lo que falta, al final, es que esa energía se convierta en una estructura más justa y más eficaz. Pero mientras haya niños en Williamsburg pateando bajo el hielo, el fútbol seguirá encontrando forma de seguir creciendo.
