El terremoto desatado en Zenica tras lo ocurrido el martes ya tiene sus primeras consecuencias dentro del fútbol italiano, y todo apunta a que el principal “damnificado” sería el entrenador. Aunque el presidente de la FIGC, Gabriele Gravina, en un primer momento ofreció respaldo público, el escenario real que se dibuja hoy hace pensar en una salida casi inevitable. La reconstrucción, por tanto, no sería únicamente deportiva: también tendría que afectar a los principales cargos del proyecto.
El golpe en Zenica y el inicio del relevo
La situación se complica para quienes encabezan el proceso. Gattuso, al que se vincula como entrenador saliente, tomó el mando en junio, justo después de la etapa de Luciano Spalletti. Su encargo era claro: conducir al equipo con un objetivo puesto en el futuro cercano, vinculado a la gira y preparación en Norteamérica. Sin embargo, el plan no ha logrado el impacto esperado y el proyecto se ha quedado corto en términos de resultados y dirección.
A la lista de cambios también se suma Gianluigi Buffon. El exportero, que desde agosto de 2023 desempeña el rol de jefe de delegación del plantel, estaría preparado para dejar su cargo en el mismo contexto de reestructuración junto a Gattuso.
Conte y Allegri, los dos nombres que más suenan
Mientras la FIGC entra en una etapa de decisiones difíciles, el foco se ha desplazado hacia quién tomará el timón. En este panorama, dos figuras del máximo nivel aparecen como favoritas para ocupar el puesto: Antonio Conte y Massimiliano Allegri.
Ambos entrenadores cuentan con credenciales reconocidas para manejar la presión propia de un equipo nacional, algo clave cuando se trata de construir desde la urgencia y con expectativas elevadas. No obstante, hay un obstáculo: los dos están atados a clubes importantes.
- Antonio Conte: con experiencia previa al frente de la selección italiana, donde dirigió una campaña muy respetable en la Euro 2016. Actualmente ocupa el banquillo de Napoli.
- Massimiliano Allegri: regresa a la conversación con fuerza por su regreso al trabajo en Milan, donde se encuentra nuevamente en el banquillo.
En el fondo, el tira y afloja no es solo futbolístico. Los presidentes dueños de los clubes también influyen: Aurelio De Laurentiis en el caso de Napoli y Gerry Cardinale en el de Milan podrían mostrarse reacios a soltar a sus técnicos en medio de un proyecto que ya está en marcha. Aun así, el peso simbólico de la “camiseta azul” y la posibilidad de liderar una reconstrucción a largo plazo pueden complicar cualquier resistencia.
La crisis alcanza la política: Abodi pide una “reforma total”
El problema ya no se limita al césped. La tensión ha escalado hasta el nivel gubernamental. El ministro de deportes, Andrea Abodi, se ha mostrado particularmente crítico y ha pedido una revisión profunda de todo el sistema.
En sus declaraciones, Abodi dejó una idea central: la necesidad de reconstruir el fútbol italiano y empezar ese proceso renovando el liderazgo dentro de la FIGC. La presión, además, se alimenta del sentimiento de vergüenza nacional que muchos perciben tras lo ocurrido, interpretándolo como un fallo del conjunto de la estructura del deporte en el país.
Con una reunión del consejo federativo prevista para la próxima semana, la exigencia hacia Gravina para que dé un paso al costado se intensifica. Incluso el presidente y senador Claudio Lotito, vinculado a Lazio, habría iniciado una petición formal en el Senado para forzar un cambio en la cúpula.
Un reto enorme: reconstruir a Italia desde la caída
Quien herede el puesto tras Gattuso se encontrará con una tarea monumental. Italia atraviesa un momento delicado que se refleja tanto en el rendimiento como en su posición en el panorama internacional. La caída en el ranking global y la pérdida de prestigio frente a otras selecciones hacen que el trabajo sea de los más difíciles en el fútbol mundial.
La FIGC, entonces, necesita actuar con rapidez para asegurar un sucesor que pueda encarrilar el rumbo. El dilema es claro: apostar por un regreso con experiencia demostrada en la selección, como el caso de Conte, o abrir la puerta a un nuevo capítulo para Allegri con su primera experiencia internacional en este contexto.
En definitiva, la próxima decisión no solo definirá un nombre para el banquillo. Con el futuro del fútbol italiano en juego, el nombramiento que viene aparece como el punto más crítico de la historia reciente del país.
