Raúl Jiménez vivió un momento que no se parece a ninguno: cuando el balón terminó en la red, se arrodilló y cerró los ojos. Marcó antes, sí, pero ese gol tuvo otra carga emocional. Fue el arranque de una etapa distinta, marcada por un duelo reciente y por la decisión de no detenerse en el camino.
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El delantero mexicano atravesó una evolución personal difícil de explicar con números. El instante en que celebró con los dedos apuntando al cielo llegó días después del fallecimiento de su padre, Raúl Jiménez Vega. Desde Inglaterra, el futbolista supo que la emoción lo alcanzó en un momento que lo transformó por completo: el fútbol siguió, pero nada sería igual por dentro.
“Es realmente significativo, porque las personas que te cuidan y te quieren son las primeras que también guardan esas palabras cuando no te está yendo tan bien. En este caso, mi papá siempre me apoyó. Fue una parte importantísima de mi carrera y le agradezco eso; él y toda mi familia me respaldaron”, expresó en sus palabras, dejando claro que esa motivación extra no se negocia.
Motivación con responsabilidad: hacerlos sentir orgullosos
En el duelo hay muchos factores —y el futbolista lo entiende—, pero uno destaca: la motivación. No se trata solo de intentar rendir mejor, sino de asumir una responsabilidad emocional. En las semanas posteriores a la pérdida, Jiménez sintió que cada día tenía un sentido: demostrar que el esfuerzo valió la pena, que el legado permanece y que el camino continúa.
Desde que dio el salto de México hacia Europa, una de sus principales fuerzas ha sido el deseo de enorgullecer a quienes lo acompañaron. Ese impulso no cambió; se intensificó. Ahora, además, existe una meta más íntima: honrar a un ser querido cuando la vitrina es la más grande.
La gran cita: México y el Mundial en casa
Durante las próximas semanas, Raúl Jiménez se acerca a su momento más grande hasta ahora: ayudar a conducir a México en un Mundial que se juega en territorio mexicano, con la intención de cambiar —de verdad— el rumbo del futbol nacional.
Con 34 años, el delantero sabe que el equipo necesitará algo especial. No es la primera vez que se le ha dado por terminado; a lo largo de su carrera ha tenido etapas y etiquetas de “paso atrás”. Sin embargo, su capacidad para mantenerse vigente lo ha convertido en un jugador clave.
De la reinvención a la presión del rol de referencia
La carrera de Jiménez ha tenido varias versiones. Estuvo el despegue con el Club América. Llegaron luego los aprendizajes y dificultades en Atlético de Madrid y Benfica. Después, el salto a la Premier League y, más tarde, una historia de resistencia tras una lesión en la cabeza que pudo truncar su sueño.
Si hay algo que se le reconoce con claridad, es su habilidad para aguantar y evolucionar. No solo sobreviven los futbolistas: se transforman para seguir siendo útiles. En los últimos dos años, esa reinvención se ha consolidado en Fulham.
Datos que marcan su legado con “El Tri”
De cara al Mundial, Jiménez ya está escrito en los libros de historia de la Selección Mexicana. En apariciones se ubica en el décimo lugar histórico y podría escalar hasta el octavo durante este verano. También ocupa el tercer lugar en goles, quedando a ocho tantos del máximo goleador histórico Javier Hernández y a dos del segundo, Jared Borgetti.
Además, su trayectoria tiene reconocimientos en CONCACAF, un Oro Olímpico y el premio de Jugador del Año de Wolves en 2019-20. En la Premier League construyó una etapa larga antes de reinventarse en Fulham.
Una estadística particular: ha jugado seis Mundiales, pero sin arrancar como titular
Hay un detalle llamativo en su historia mundialista. En tres Copas del Mundo, Raúl Jiménez ha disputado seis partidos con “El Tri”, pero no ha iniciado ninguno. En los últimos tres torneos, incluso ha portado el número 9, aunque nunca ha sido el foco fijo del ataque.
Todo sugiere que este verano podría romper la inercia: el Mundial en casa, el momento personal y el estado físico/atlético que llega con goles podrían empujar a que por fin lidere el frente.
Su mejor año con la Selección: goles, ritmo y confianza
Con 34 años, Jiménez completó su mejor calendario como jugador de la selección. Anotó nueve veces en 14 encuentros: marcó dos goles tanto en las semifinales como en la final de la CONCACAF Nations League. Luego sumó un tanto más para que México ganara la final de la Gold Cup ante la selección masculina de Estados Unidos.
En amistosos de otoño, también convirtió contra Corea del Sur y Paraguay, rivales que llegarían al Mundial. Y si eso no fuera suficiente, su momento de forma en clubes es clave: lleva 10 goles con Fulham en el año.
Quieren que el Mundial sea inolvidable (y desde el inicio)
El futbolista no esconde el objetivo: que México recuerde esta Copa del Mundo como una de las mejores de su historia. La ambición no se limita a “llegar lejos”; se trata de competir desde el primer día.
Raúl Jiménez remarcó que el deseo es pelear en cada partido y dar lo mejor desde el arranque, con el primer juego contra Sudáfrica el 11 de junio.
También dejó claro que el rival no define el compromiso: México debe demostrar que está listo y que puede pelear con cualquiera, incluso si el calendario cruzara selecciones de la talla de Inglaterra o España.
La afición también mira desde casa: un Mundial que se vive en millones
El Mundial se juega en estadios, pero se siente en hogares, bares y restaurantes. Jiménez, al pensar en la audiencia, no solo imagina la gente en el Estadio Azteca para el duelo inaugural contra Sudáfrica, ni el ambiente en Guadalajara y Monterrey. Piensa en celebraciones familiares, en comunidades reunidas alrededor de la televisión y en recuerdos que se construyen lejos del césped.
Por eso, antes del torneo, su campaña busca destacar precisamente esos momentos que ocurren fuera del estadio, pero con el mismo peso emocional. En sus palabras, la idea es clara: el apoyo no se mide solo por la presencia en las gradas, sino por el respaldo desde cualquier lugar donde se vea el partido.
El reto histórico de México: el “quinto partido” ya no es igual
Por años, el éxito mundialista mexicano se definió por una obsesión: el “quinto partido”. En el formato tradicional, el avance a la ronda de 16 marcaba el techo deseado y, a veces, aparecía la desesperación por alcanzar ese punto.
Ahora el panorama cambió. Con el Mundial expandido y la ronda de 32, el “quinto partido” cae en la etapa que antes correspondía a la ronda de 16. Los detalles varían, pero el objetivo sigue siendo el mismo: llegar lejos y romper la barrera mental.
Contrato en Fulham y el futuro: piensa en grande, paso a paso
Mientras el Mundial se acerca, Jiménez también mira un horizonte incierto para club y selección. Su contrato con Fulham termina este verano. Eso abre la posibilidad de que, para el otoño, pueda estar en cualquier parte del mundo.
Sin embargo, su enfoque no se dispersa: primero está el presente. Dejó la puerta abierta para una extensión con Fulham si mantiene el buen ritmo. “No sabemos lo que el futuro puede dar, pero primero hay que ir paso a paso. Voy a terminar el contrato en junio, pero nunca se sabe: puede haber una extensión o buscar otros horizontes”, señaló, dejando en claro que su prioridad es seguir creciendo como futbolista y como persona, aprovechando la experiencia.
El Mundial como escenario para honrar a su padre
Las alegrías y las pérdidas forman parte del recorrido de un profesional. Raúl Jiménez ya conoció un golpe irreparable hace semanas, y ahora se prepara para una ventana única de felicidad deportiva.
Pero, por encima de todo, hay una idea central: ¿está haciendo sentir orgullosa a la gente que lo acompaña? En su mente no solo están los miles en el estadio o los millones que verán el partido por televisión. También aparece el recuerdo de una persona a la que quiere agradecer y honrar en el escenario más grande.
“Obviamente me habría gustado que estuviera conmigo en el estadio, pero ahora sabemos que está en un lugar mejor. Él va a estar ahí mirándome”, concluyó, dejando claro que su celebración en la red no fue solo un gol: fue una promesa de continuidad.
