Italia se hunde: otra eliminación y el fútbol entra en crisis total

Roma se ha convertido en un escenario más de la misma historia. Italia, una selección acostumbrada a dominar o, al menos, a competir con autoridad, encadena una eliminación tras otra y ya no sorprende: tras fallar su clasificación para un tercer Mundial consecutivo, el país vive el fútbol como si el golpe fuera parte del calendario.

La derrota llegó en los playoffs de clasificación, cuando cayó en una tanda de penales ante Bosnia y Herzegovina, ubicada en el puesto 66 del ranking. El revés no es aislado: el mismo tipo de eliminación, en la misma fase, ya había ocurrido contra Suecia antes del Mundial de 2018 y frente a Macedonia del Norte en el de 2022.

En la prensa italiana la reacción fue contundente. Un editorial en primera plana calificó lo ocurrido como “la tercera apocalipsis”, destacando que ya no existe el asombro propio de las catástrofes futbolísticas: la sensación dominante, según esa lectura, es que el fracaso se volvió rutina.

Del golpe a la tendencia: los números que pesan

El problema no se reduce a la selección. El panorama del fútbol italiano también se apaga en el máximo escenario continental. El último club italiano que levantó la Champions League fue Inter Milan en 2010. Y en la temporada actual de competiciones europeas, los cuatro equipos italianos quedaron eliminados antes de llegar a los cuartos de final.

Cuando el rendimiento cae en la élite de clubes y, a la vez, la selección no logra superar el umbral de los playoffs, el diagnóstico se vuelve más complejo: ya no se habla solo de un mal partido, sino de una estructura que no está respondiendo en los momentos decisivos.

“No estamos listos para los partidos grandes”: el sentir desde la grada

La frustración también se escucha lejos de los despachos. Salvatore Corso, un italiano de 34 años que trabaja en una empresa tecnológica, lo resumió desde un bar en Roma, donde siguió la derrota del combinado nacional el martes: “La primera vez parecía un accidente. La segunda, una crisis. Ahora se siente como si no estuviéramos listos para el gran partido, para cuando importa de verdad, para ese extra que necesitas cuando la presión está encima”.

El debate que incomoda: calendario, TV y entrenamientos

Entre las fallas cada cuatro años, la selección queda relegada. Distintos entrenadores italianos intentaron, sin éxito, forzar más concentración y trabajo fuera de las ventanas internacionales ya establecidas por FIFA.

Detrás de esa resistencia aparece un factor clave: la presión de los derechos televisivos. En Serie A, el campeonato suele negarse a mover partidos para que los jugadores de Italia dispongan de más tiempo de descanso antes de los compromisos de la selección.

Un ejemplo concreto es el que se produjo durante esta etapa: un Fiorentina-Inter Milan —con varios futbolistas convocados para los compromisos de la selección— se disputó el domingo por la noche, justo antes de que iniciara el lunes la concentración de preparación para estos playoffs.

¿Qué pasa con el banquillo? La rotación que no termina de despegar

Con la acumulación de fracasos, la sensación es que ni siquiera los grandes nombres dentro del fútbol italiano parecen querer el reto de dirigir a la selección.

Roberto Mancini dejó el cargo de entrenador del equipo nacional antes de la Eurocopa 2024 para hacerse cargo de Arabia Saudita. Más atrás, Gian Piero Ventura, quien condujo a Italia en la derrota ante Suecia en 2017, no había tenido una experiencia destacada al mando de un club grande.

Además, cuando Luciano Spalletti fue destituido tras caer Italia en su debut de la fase de clasificación contra Noruega el año pasado, Claudio Ranieri rechazó el puesto. En su lugar llegó Gennaro Gattuso, con un recorrido menos consolidado en ese tipo de responsabilidad.

El futuro en manos de pocos: Gravina y la posibilidad de elecciones

El peso institucional también recae sobre el presidente de la federación italiana, Gabriele Gravina. A pesar de haber sobrevivido a la eliminación en la clasificación para el Mundial de 2022, continúa en el cargo.

Tras la nueva crisis, Gravina anticipó que la próxima semana se profundizarán las evaluaciones: “La semana que viene haremos reflexiones mucho más profundas sobre la situación. Hay muchas valoraciones que considerar”, dejando abierta la puerta a un movimiento interno, incluso con la posibilidad de convocar una nueva elección para el puesto máximo del fútbol italiano.

Una derrota que no solo duele: obliga a decidir

Italia se enfrenta ahora a un desafío doble. Por un lado, debe recuperar competitividad para volver a estar en el Mundial; por otro, tendrá que revisar hábitos que se repiten: preparación insuficiente, decisiones de calendario que no priorizan a la selección y una sucesión de entrenadores que no logra romper el ciclo.

Mientras la afición repite que el problema ya no es cuestión de suerte, sino de capacidad para responder bajo presión, el fútbol italiano se prepara para un punto de inflexión: o cambia el modelo, o la “tercera apocalipsis” se convertirá en una nueva etapa de normalidad.

Tomás Aguirre

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