Gabriele Gravina, presidente saliente de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC), mantendrá el cargo de forma interina para la administración ordinaria hasta que se elija a su sucesor el próximo 22 de junio, después de dar un paso al costado tras el fracaso que dejó a Italia fuera del Mundial por la vía de los play-offs de clasificación. Sin embargo, su salida no llegó en silencio: el dirigente hizo público el informe que en un primer momento estaba previsto presentar al Parlamento italiano, con un mensaje contundente para el fútbol de su país.
Gravina: “El problema es estructural, no de errores individuales”
En el documento, Gravina sostiene que las dificultades del fútbol italiano se conocen desde hace años y ya fueron señaladas en numerosos informes oficiales. A su juicio, las cifras empeoran con el tiempo, lo que confirma que no se trata de fallas puntuales, sino de carencias de fondo. El exmandatario cuestiona además la forma en que se reparten las responsabilidades entre los distintos actores del deporte: federación, ligas e instituciones públicas.
“Si de verdad queremos lo mejor para el fútbol italiano como movimiento deportivo en su conjunto, es necesario aclarar las responsabilidades reales de la Federación, las Ligas y las instituciones públicas”, afirmó. También advirtió que “demasiadas inexactitudes” —y en algunos casos “afirmaciones directamente falsas”— alimentan la búsqueda de un culpable y, por encima de eso, generan interpretaciones erróneas en torno al diagnóstico del sistema.
Serie A, en el foco: Italia queda rezagada en formación y velocidad
El informe dibuja un panorama preocupante sobre el nivel técnico y el rendimiento físico del campeonato italiano en comparación con otras ligas europeas de élite.
Uno de los datos más llamativos apunta a la participación de futbolistas sub-21. Italia aparece en el puesto 49 de 50 ligas supervisadas en cuanto al porcentaje de minutos jugados por jugadores U21 elegibles para la selección nacional, con apenas un 1,9%. Para entenderlo: no se trata solo de “tener talento”, sino de darle minutos de juego en la máxima competición, un factor clave para el crecimiento de cara a la selección.
Además, el documento señala una brecha en lo físico. Indica que la Serie A no está dentro del top 10 de las ligas que más metros recorren en un sprint, lo que refuerza la idea de que el ritmo y la exigencia corporal podrían estar por debajo del estándar europeo.
Velocidad de balón: el dato que compara Italia con la élite
Otro punto central del informe es la velocidad del juego. Gravina remarcó que la velocidad promedio del balón es de 7,6 m/s, muy por debajo del promedio registrado en la Champions League (10,4 m/s) y también inferior al de otras grandes ligas europeas (9,2 m/s).
Este contraste alimenta una discusión que suele aparecer en Italia cada temporada: el rol de los jugadores extranjeros. Gravina dijo que la imposición de cupos es “imposible” porque violaría principios de libre circulación de trabajadores, aplicables al fútbol como actividad profesional.
Choque con el poder político: “No hay el mismo apoyo que a otros deportes”
El documento también marca distancia con la gestión gubernamental. Gravina comparó el trato al fútbol con el que reciben otras iniciativas deportivas. En su argumentación, mientras eventos como los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina y los Juegos Mediterráneos en Taranto “recibieron financiación multimillonaria”, la federación italiana no habría obtenido asignaciones equivalentes, ni siquiera con el horizonte de 2032 euros. Para Gravina, esa falta de recursos ha frenado proyectos de infraestructura necesarios para modernizar el sistema.
Cuando la FIGC controla “de forma total”, llegan resultados
En su lectura del funcionamiento del fútbol italiano, el presidente (aunque sea para la administración ordinaria) afirma que se han logrado avances especialmente en áreas donde la FIGC tiene control directo y exclusivo. En concreto, menciona ámbitos como:
- la sostenibilidad social y ambiental,
- proyectos ligados a juventud y escuela,
- programas de desarrollo y formación para las selecciones juveniles nacionales.
El argumento es que, en cambio, donde se superponen intereses de múltiples actores —y sus autonomías— el sistema se paraliza. En otras palabras: cuando nadie tiene la última palabra con claridad, el progreso se vuelve más lento y la toma de decisiones pierde eficacia.
Propuestas “radicales” para salvar el fútbol italiano
La parte final del informe plantea un paquete de cambios que Gravina considera necesarios para revertir el rumbo. Entre las medidas destacadas:
- La reintroducción del “Decreto de Crecimiento” como régimen fiscal para profesionales extranjeros.
- Destinar un porcentaje de los ingresos del betting (apuestas) a la formación de jóvenes y a infraestructura.
- Eliminar la prohibición de la publicidad relacionada con apuestas.
- Un rediseño completo de la estructura de las competiciones en Serie A, Serie B, Serie C y Serie D.
Estas propuestas apuntan a dos frentes: por un lado, mejorar el flujo de recursos hacia categorías formativas y espacios de entrenamiento; por otro, reorganizar el sistema competitivo para que sea más coherente con la realidad del fútbol profesional actual.
Su advertencia final: no basta con su salida
Gravina dejó claro que el relevo institucional, por sí solo, no resolverá los problemas de fondo. En su cierre, insistió en que la recuperación del fútbol italiano exige voluntad política y consenso para priorizar el interés común antes que la defensa de posiciones personales.
“Sin esa disposición fuerte y unánime para poner el bien común por encima de la protección de cargos individuales, y con la política creando las condiciones y habilitando herramientas necesarias para actuar, ninguna persona puede lograr una revitalización verdadera y completa del fútbol italiano”, concluyó.
Con el proceso de sucesión en marcha y la fecha del 22 de junio marcada en el calendario, el foco se traslada ahora a las autoridades italianas: el desafío no es solo elegir un nuevo presidente, sino responder a un diagnóstico que, según Gravina, exige cambios estructurales y decisiones rápidas.
