La eliminación de Italia en los play-offs de clasificación para el Mundial 2026 y el tercer fracaso consecutivo para estar en la cita global no solo es un golpe deportivo: también destapa una crisis estructural que ya preocupa a nivel europeo. Con el horizonte del Europeo de 2032 en casa, el tiempo empieza a correr para corregir deficiencias técnicas y, sobre todo, de infraestructura, porque la UEFA no está dispuesta a esperar indefinidamente.
El aviso de la UEFA: sin estadios a la altura, no hay torneo
Tras el tropiezo ante Bosnia en los play-offs hacia el Mundial 2026, el presidente de la UEFA, Aleksander Čeferin, lanzó una advertencia directa. El mensaje fue claro: Italia arrastra “uno de los peores” niveles de infraestructuras futbolísticas del continente y el país debe tener todo listo. En caso contrario, el torneo no se celebraría en territorio italiano.
El problema de fondo es sencillo y contundente: la organización exige estadios que cumplan estándares actuales. Y, hoy por hoy, el margen de Italia es muy limitado.
Turquía, en clara ventaja y con más capacidad para asumir el rol de sede
El riesgo real es que Turquía termine quedándose con el protagonismo absoluto como país organizador. La razón es numérica y operativa: mientras Italia solo cuenta con un estadio que se ajusta a los requisitos de la UEFA, hacen falta cinco recintos adicionales para llegar al nivel exigido.
En paralelo, Turquía ha acelerado su modernización y ha mostrado músculo con instalaciones de primer nivel. Entre los ejemplos se encuentran Vodafone Park (Beşiktaş), Ali Sami Yen Stadium (Galatasaray) y Yeni Hatay Stadium (Antakya), además de otros proyectos que refuerzan su candidatura y su capacidad logística.
El dilema italiano: pocos estadios cumplen y la mayoría está en proyectos
La situación en Italia es desigual. A día de hoy, el panorama indica que la única referencia que logra ajustarse a los estándares actuales es el Allianz Stadium, el estadio de la Juventus en Turín.
En cuanto a propiedad y operatividad, hay un dato relevante: Juventus es el único club que posee su estadio. También existen recintos con titularidad distinta a la del club grande, como el Blu Energy Stadium (Udinese), el New Balance Arena (Atalanta) y el Mapei Stadium (Sassuolo). Ese modelo contrasta con las grandes ciudades, donde la obra depende de anuncios y fases administrativas.
En Milán, tanto AC Milan como Inter han presentado planes para construir un nuevo San Siro. Roma, por su parte, ha mostrado iniciativas con un proyecto en Pietralata, y Lazio ha planteado el desarrollo en Flaminio. En Cagliari también se observan avances, pero en conjunto el diagnóstico es el mismo: la mayoría de estas propuestas siguen siendo papel, diseño y tramitación, sin arranque efectivo de obras.
El calendario manda: papeles antes de julio y obras con inicio previsto en marzo de 2027
Aunque el Europeo de 2032 queda todavía con seis años de margen, ese plazo no alcanza para completar todo lo burocrático y, simultáneamente, ejecutar construcción y adecuaciones de alto nivel.
El procedimiento marca etapas concretas:
- Antes de julio, los ayuntamientos deben presentar documentación a la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) para demostrar que la obra avanza.
- La FIGC anunciará a su nuevo presidente el 22 de junio de 2026 y, posteriormente, arrancará conversaciones con la UEFA sobre los estadios elegidos en septiembre u octubre.
- El inicio real de trabajos se prevé para marzo de 2027. Ese punto es clave: si se retrasa, toda la planificación del torneo se complica.
Una pulseada presupuestaria: infraestructura, ingresos y apuestas deportivas
El desafío no es solo de planificación: también es financiero. El conflicto entre federación y Gobierno se entiende como una lucha por generar recursos que todavía no se han materializado en la magnitud necesaria.
Entre los pilares para destrabar el proyecto aparece la regularización y reconocimiento de gravámenes vinculados a apuestas deportivas, estimados en torno a 200 millones de euros al año. Ese flujo permitiría sostener el desarrollo de infraestructura, incluyendo centros de entrenamiento.
Además, se espera avance en cuestiones fiscales mediante incentivos a la inversión. La idea es crear también un fondo de inversión capaz de transformar la infraestructura deportiva en activos rentables. El objetivo final es elevar la rentabilidad del fútbol italiano y mejorar su posición competitiva tanto en lo deportivo como en lo económico.
Intervención administrativa: un comisionado para asegurar el Europeo de 2032
Para acelerar y cerrar el margen de incertidumbre, el ministro italiano de Deporte, Andrea Abodi, anunció que el Tribunal de Cuentas ha designado un comisionado especial. La misión es completar los últimos pasos necesarios para organizar el Europeo de 2032.
El responsable será el ingeniero Massimo Cisa, a quien se le encomienda garantizar la entrega de cinco estadios que cumplan los requisitos marcados por la Unión Europea y en línea con la propuesta de la FIGC.
En resumen: Italia necesita resultados, no promesas
Con un Mundial 2026 en el que Italia se quedó fuera y con la UEFA condicionando el futuro del torneo continental, el mensaje es inequívoco: el país no puede depender de planes en papel. Si no logra sumar estadios que cumplan estándares y acelerar la ejecución, el Europeo de 2032 puede perder el control de Italia en manos de un rival que ya invirtió y modernizó su infraestructura.
