Kevin Großkreutz vivió una de esas anécdotas que terminan convirtiéndose en leyenda para cualquier futbolista: una “vacación” en Brasil que casi lo deja fuera del ritmo de Borussia Dortmund, con una quemadura solar tan severa que afectó incluso su hombro. Aun así, el 2010 se cerró con el regreso a los entrenamientos y, nueve días después, llegó uno de sus momentos decisivos con el equipo de Jürgen Klopp.
Del traslado frustrado a un recuerdo imborrable
La historia de Großkreutz tiene un segundo capítulo más adelante, ligado al fútbol de clubes. Cuando dejó Borussia Dortmund para incorporarse al Galatasaray en el verano de 2015, no pudo jugar durante meses: la documentación incompleta que presentó el club turco ante la FIFA fue el motivo. Y cuando por fin quedó habilitado, ya había cambiado de rumbo para fichar por el VfB Stuttgart, sin haber disputado ni un solo minuto con el histórico conjunto de Estambul.
Pero antes de esas idas y vueltas, Großkreutz ya había dejado huella fuera de Alemania con un gol en el extranjero: en Brasil, años antes, convirtió desde el punto penal en un partido informal que se celebraba cada año entre dos favelas de Belo Horizonte.
La advertencia que nadie tomó en serio
El episodio central ocurrió a finales de 2010. Dede, leyenda de Borussia Dortmund y compañero de Großkreutz, había viajado a Brasil para pasar sus vacaciones en casa. Su vínculo con los jugadores extranjeros siempre fue bueno, y el idioma nunca fue gran problema para el grupo, aunque en ese viaje la prevención brilló por su ausencia.
Antes de que los planes se concretaran, Borussia Dortmund ya vivía un tramo brillante bajo Jürgen Klopp: tras el primer tramo de la temporada, el equipo llegó a Navidad con una ventaja de diez puntos en la cima. En ese contexto, Michael Zorc —manager del club— apartó a Dede, su primer fichaje histórico, y le lanzó una advertencia directa: “Tienes que tener cuidado con Kevin”. Dede contó que Zorc lo dijo con seriedad, como él mismo rememoró en el podcast Viertelstunde Fußball, presentado por Großkreutz y el comentarista Cornelius Küpper.
El problema fue que nadie preparó el viaje como si fuera a ocurrir una tragedia. Dede explicó que primero pasaron unos días celebrando en su ciudad. Großkreutz, que viajó con un amigo, describió el ambiente: “Fuimos tomando unas cervezas en casa de Dede durante cuatro días seguidos. Creo que bebimos sin parar; calculo que siempre había unas 150 personas en la casa”.
Sol, fiesta y una siesta que salió carísima
En los primeros días, Dede ya notó que algo no iba bien. “Vi a Kevin… oh, Dios mío”, recordó, entendiendo lo que Zorc le había advertido. Y aun así, el plan siguió avanzando. Poco después, Großkreutz y su compañero se marcharon a la ciudad de Cabo Frio, en el estado de Río de Janeiro, sin Dede. Él permaneció unos días más con sus padres y envió a dos amigos para que cuidaran de Großkreutz.
En el trayecto, la advertencia fue clara: Dede le había pedido que usara protector solar “no importa el clima”. Sin embargo, al llegar al hotel, la idea fue sencilla: ir a la playa y acompañarlo con algunas cervezas. El exceso se notó, como suele pasar cuando el plan se repite más de una vez.
Großkreutz relató el momento clave: “Estaba nublado en la playa y pensé: ¿por qué en la tierra se pone protector solar si es brasileño? Es increíble, ¡está nublado! Entonces me tomé otra cerveza y me eché una siesta rápida. Estaba tumbado sobre mi toalla y me dormí”.
Lo que debía ser un descanso corto se convirtió en un desastre. Al despertar, su hombro estaba “hecho un desastre”, con la piel muy dañada y con un aspecto que él mismo describió como repugnante: no era solo una quemadura solar, era como si le hubieran echado agua hirviendo encima.
Dolor, urgencias y el regreso a Dortmund
Durante un tiempo, Großkreutz no dimensionó la gravedad, quizá por el alcohol y por el propio ritmo del viaje. Pensó que se recuperaría, incluso con otra ronda de cervezas. Pero el dolor insoportable y el deterioro progresivo le hicieron cambiar de idea.
Cuando Dede recibió el aviso, entendió que la situación era seria. Sus amigos le dijeron que Großkreutz estaba completamente rojo. Él reaccionó al escuchar a Kevin por teléfono: “No me siento bien”. Ahí, según Dede, “se activaron todas las alarmas” y volvió a su mente la voz de Zorc.
Dede salió de inmediato en coche hacia donde estaba Großkreutz. El futbolista estaba sorprendentemente afectado. Un amigo intentó ayudar con una “receta secreta”: la idea era aliviar la piel quemada con vinagre. Pero Großkreutz explicó que incluso una hora después seguía doliendo demasiado: “Si fuera un compañero, lo habría golpeado”. Aun así, sobrevivió el día con cervezas, pero por la noche no pudo descansar: no lograba acostarse con comodidad y no durmió en toda la noche. Su hombro quedó prácticamente inutilizado.
Al día siguiente, Großkreutz probó con ibuprofeno y llamó al médico del plantel de Dortmund, el doctor Markus Braun. El diagnóstico fue contundente: “Es complicado”. Además, no le apetecía pasar por otro médico en Brasil. Entonces decidió irse de vuelta a Alemania.
Poco después, ya estaba en el avión sin camiseta. “Volé desde Brasil a Frankfurt con la parte de arriba descubierta”, contó. Era invierno allí y, por si fuera poco, no podía moverse ni dormir. Consumió analgésicos, pero no le aliviaron. Incluso en el aeropuerto, vestido solo con ropa interior, se sintió algo ridículo… aunque el dolor no daba espacio para la vergüenza.
Aterrizó alrededor de las 17:00 del 31 de diciembre y fue directo con el doctor Braun. Recibió inyecciones para el dolor y crema para tratar la quemadura. Después de eso, pese al sufrimiento, aún salió a celebrar la víspera de Año Nuevo.
Entrenamiento con la piel en proceso de recuperación
Cinco días después, con apenas 22 años, Großkreutz ya estaba en el césped durante la primera sesión de entrenamiento de la temporada con Borussia Dortmund. Jürgen Klopp le preguntó, según se cuenta, qué había estado haciendo. Großkreutz respondió que entrenó, pero que seguía descamándose por todo el cuerpo incluso en pleno pretemporada.
Dede añadió un detalle: al principio, no se le permitía ducharse en el vestuario para que nadie viera lo que estaba ocurriendo. Por eso, Großkreutz se duchaba en casa.
La quemadura en el hombro, según él mismo, tardó mucho en curar: “Tardó edades, fue una locura”. A día de hoy aún conserva pequeñas cicatrices.
El regreso que valió un título
Lo más llamativo es que el dolor no lo detuvo del todo. Nueve días después de volver a entrenar, Großkreutz marcó lo que, probablemente, fueron sus dos goles más importantes en su etapa de seis años en BVB. Fue en el partido de visitante contra Bayer Leverkusen, el siguiente rival de los blanquinegros en el calendario.
Entre los minutos 49 y 55, tras el descanso, apareció su versión más determinante: dos tantos y una asistencia que terminaron de encarrilar el 3-1. Ese resultado fue clave para que Borussia Dortmund encarrilara su primer título de liga en la era Klopp frente a sus rivales directos.
El guion no se iba a romper: el equipo “de juveniles salvajes”, como se describe a esa camada con hambre y talento, mantuvo la ventaja hasta el final. Dortmund terminó con siete puntos de ventaja sobre Leverkusen y conquistó el campeonato por primera vez después de nueve años de sequía.
“El sol nos dio el campeonato”
Para muchos, la quemadura solar de Großkreutz habría sido una anécdota sin más. Sin embargo, en Dortmund ese episodio quedó ligado al arranque de uno de los periodos más exitosos de su historia reciente. Y el propio jugador, ya con 37 años, lo resumió con una frase que hoy suena casi a sentencia: “La quemadura solar nos dio el campeonato”.
