Liverpool cierra la campaña: tras el derrumbe, apunta a nuevo técnico

La temporada de Liverpool terminó con una clasificación a la Champions League que no logró ocultar el derrumbe deportivo que vivió el equipo durante meses. Aunque el técnico neerlandés Arne Slot parecía contar con respaldo en las semanas previas, las señales acumuladas en el vestuario, los resultados y una revisión interna dejaron a la directiva sin margen: el entrenador que ganó el título en su primer año al mando fue despedido. La gran pregunta que queda es si el club debió actuar mucho antes.

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Antes del último partido de la campaña, circularon rumores sobre la continuidad de Slot en Anfield. Sin embargo, esos comentarios fueron rápidamente desmentidos por voces cercanas al entorno del club. Tras el decepcionante empate ante Brentford, con el que Liverpool consiguió “raspando” el cupo para la Champions League, el entrenador también transmitió una sensación de continuidad, hablando de cómo una ventana de fichajes podría transformar el futuro inmediato del equipo.

Pero lo ocurrido después dejó claro que el discurso no coincidía con la realidad. La frustración de la afición creció a un ritmo difícil de frenar y, junto con conclusiones de una revisión interna de la temporada, el club se vio obligado a romper con el proyecto. El punto clave es que la decisión no se tomó solo por el desenlace: se acumuló evidencia de que el equipo no estaba respondiendo.

El gran problema: no era si Slot merecía irse, sino cuándo

Durante el debate posterior al despido, muchos especialistas intentarán argumentar que Slot fue castigado de más o que el impacto de su logro en 2024-25 no fue valorado en su justa medida. Sin embargo, el núcleo del asunto es otro: Liverpool tardó demasiado en corregir el rumbo.

Desde noviembre ya era evidente, para gran parte del entorno, que Slot no tenía la respuesta para detener el descenso brusco hacia la mediocridad. En la peor racha de resultados del club en 71 años, el equipo señalaba sus problemas, pero sin encontrar soluciones duraderas.

Set pieces, transiciones y falta de mejora

En el tramo final de la campaña, Liverpool seguía encajando goles en jugadas a balón parado y mostraba fragilidad cuando el partido se aceleraba. La transición defensiva—cuando el equipo pierde la pelota y debe replegar o reaccionar rápido—se convirtió en un talón de Aquiles recurrente.

Lo más preocupante para la afición fue que no se percibía una evolución clara. No había señales consistentes de mejora en el rendimiento: el equipo parecía atrapado en los mismos defectos, partido tras partido.

El vestuario también se quebró: Salah, Van Dijk y Curtis Jones

En los últimos meses de una campaña catastrófica, se hizo cada vez más notorio que el vestuario no estaba bien. Mohamed Salah no fue el único jugador inquieto con el rumbo.

Curtis Jones, un chico de la zona, apenas celebró lo que se perfilaba como su posible último gol con la camiseta de Liverpool, ante Brentford. Por su parte, Virgil van Dijk quedó en una imagen difícil de olvidar: sentado solo en el césped de Anfield tras el partido, visiblemente desconcertado por la rapidez con la que el equipo se deshilachó desde que ganó la liga el año anterior.

También pesa un hecho humano que no puede ignorarse: la muerte de Diogo Jota el verano pasado. Slot manejó esa pérdida con gran dignidad y el club no puede tratar ese duelo como una excusa para explicar una temporada completa de problemas. Incluso Alexis Mac Allister dejó claro que el fallecimiento no debía utilizarse como explicación para el desastre deportivo.

Físico y mental: la Premier League pasó factura

La sensación general fue que el equipo no supo adaptarse al aumento de la exigencia física en la Premier League. Mientras Liverpool desperdiciaba puntos y sufría una sucesión interminable de lesiones, el cuadro de Slot transmitía debilidad tanto mental como física.

La frase que resume el momento llegó desde la voz de Roy Keane, ex capitán de Manchester United: Liverpool se había convertido en “un rival fácil”. En un contexto así, cada equipo que enfrentaba a los Reds competía con la idea de poder ganar, especialmente cuando otros partidos exigían una victoria para enderezar su propio destino.

Lo determinante es que Slot no parecía capaz de revertir esa percepción, y por eso su salida terminó considerándose inevitable.

El error de fondo: despedir a Slot en enero y cambiar de plan

El escenario alternativo también se discute: si Slot hubiera tenido continuidad—o si el club hubiera actuado con mayor inteligencia—Liverpool podría haberse salvado de entrar en una espiral que lo condujera a un segundo fracaso consecutivo.

En enero, el club sí tomó una decisión para “salvar” el presente: prescindió del técnico y lo reemplazó por Xabi Alonso. Pero esa sustitución no se produjo en el mejor momento posible.

El 24 de enero, Liverpool perdió contra Bournemouth. Para entonces, Alonso ya estaba disponible después de que Real Madrid lo despidiera 12 días antes. En el contexto de aquella época, era fácil justificar el movimiento desde el punto de vista mediático: Liverpool “no suele” despedir entrenadores, y menos a quienes acaban de ganar un campeonato. Además, el mensaje era que la afición debía estar agradecida por haber vivido uno de los mejores días de su historia.

El problema es que la emoción no puede reemplazar al análisis. La realidad en la cancha indicaba que el proyecto estaba agotado. O se debía ayudar al equipo en el mercado de invierno o tomar una decisión antes. Al no hacerlo, una temporada que pudo enderezarse derivó en un final triste e inevitable.

Clasificar a la Champions fue lo mínimo

En términos estrictamente deportivos, Liverpool cumplió con “lo mínimo”: asegurar un lugar en la Champions League. Pero el camino fue indirecto, ya que lo consiguió gracias al cupo extra asignado a mitad de campaña por la estructura de la Premier League.

Además, el club dejó señales claras de que había perdido a la afición. En el penúltimo partido en casa, durante un empate de mal sabor ante Chelsea—un equipo inmerso en crisis—Slot recibió abucheos cuando decidió sustituir a Rio Ngumoha a mitad del segundo tiempo.

El técnico explicó después que el adolescente tenía calambres. Aun así, el hecho de que la grada no solo cuestionara la decisión, sino que la atacara abiertamente, mostraba que el vínculo confianza–liderazgo se había roto. Para muchos hinchas, era plausible que la sustitución pudiera dejar fuera al jugador más peligroso, mientras que Cody Gakpo—señalado como irregular—seguía en el campo.

El golpe final: el mensaje de Salah y el desgaste de credibilidad

Cuando el mediático y carismático Mohamed Salah terminó de minar la credibilidad que quedaba en el técnico, el desenlace se aceleró. Antes del partido ante Brentford, Salah criticó que Liverpool hubiera abandonado el “heavy metal football” y lo comparó con un cambio hacia algo más “táctico equivalente” a un estilo asociado a Coldplay. Más allá de las metáforas, el mensaje fue interpretado como una ruptura simbólica con la idea futbolística de Slot.

Con 47 años, Slot parecía ya sin margen en ese punto: su salida se veía cada vez más cercana.

El siguiente paso: el debate sobre Alonso y la oportunidad perdida

Ahora la gran incógnita es qué ocurre después y, sobre todo, por qué Liverpool no anticipó mejor el cambio. Si el club no hubiera pasado más de seis meses en negación, podría haber alterado el ambiente en Anfield desde antes incorporando a Alonso, un entrenador favorito por la afición y considerado uno de los jóvenes más atractivos en el plano táctico.

También existía margen para elegir a un técnico que exprimiera mejor el talento disponible. En ese sentido, se menciona que Liverpool pudo haber apostado antes por un entrenador capaz de sacar el máximo provecho de Florian Wirtz y Jeremie Frimpong, ex pupilos de Alonso en Bayern Leverkusen. Sin embargo, el club esperó hasta el final de la temporada, lo que aumenta el riesgo de que el equipo pague el coste de la procrastinación.

Andoni Iraola aparece como alternativa: una opción con credenciales

Aun con todo, no todo está perdido. En las horas previas, Andoni Iraola—vinculado al banquillo—sigue disponible. Aunque se le relacionó con AC Milan a principios de semana, se mantiene en el mercado, presuntamente por haber detectado la posibilidad de un vacío en Anfield.

Su perfil no es sorprendente. Iraola llegó a Bournemouth gracias a Richard Hughes y construyó un trabajo notable en el Vitality Stadium. El premio fue histórico: el club logró clasificarse para Europa por primera vez en su historia, terminando sexto en la Premier League de esta temporada, pese a haber perdido casi a toda su defensa el verano anterior.

Es importante subrayar una diferencia: Iraola no es Alonso. No tiene la misma conexión con el club ni con su afición. Pero sí cuenta con una ventaja clara: es un entrenador probado en la Premier League y reconocido por exprimir recursos, mientras mantiene un estilo atractivo y ofensivo.

Lo que la afición necesita ahora

Liverpool tiene un problema que va más allá del nombre del entrenador. La hinchada quedó desilusionada por decisiones incomprensibles dentro y fuera del campo, y por una inactividad que se percibió tardía.

Por eso, la prioridad inmediata para los dueños es clara: traer a Iraola lo antes posible para empezar a reconstruir una relación golpeada con la gente que sostiene al club. No se trata únicamente de cambiar el rumbo deportivo, sino de devolver la ilusión a un estadio que, durante demasiado tiempo, miró cómo el equipo se descomponía.

Tomás Aguirre

Experto en casinos online con años de experiencia analizando plataformas de juego en Argentina. Especializado en bonos, métodos de pago y reseñas detalladas de los mejores operadores del mercado.