El 26 de jugadores de la selección masculina de Estados Unidos recibió una llamada que lo cambia todo: su boleto al Mundial de 2026. Para ellos, la noticia llega con euforia. Jugar una Copa del Mundo es el sueño máximo, y hacerlo además en casa es una oportunidad que muy pocos llegan a vivir. Pero mientras unos celebran, otros se quedan esperando un mensaje que nunca llega. Diego Luna aparece como uno de los nombres más destacados fuera del grupo final, un recordatorio brutal de que el cupo es limitado y, por más mérito que exista, siempre hay decisiones que dejan heridas.
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Para Mauricio Pochettino, como para cualquier entrenador que diseña un Mundial, la parte más difícil no es solo elegir futbolistas: es comunicar la decisión. A ese nivel, el recorte no impacta únicamente una lista; afecta emociones, planes y hasta identidades deportivas. En el caso de Estados Unidos, la historia mundialista está llena de decisiones polémicas, cambios de mando y, sobre todo, lesiones que llegan con crueldad en el peor momento. A fin de cuentas, el fútbol siempre deja a alguien fuera.
Lo que hace especial esta etapa es que la Copa del Mundo no se “pierde” de golpe en un partido: se pierde en una llamada, en una reunión o en un mensaje que llega tarde. Y esa diferencia —entre recibir la noticia o procesar la ausencia— puede marcar para años.
Qué decidió Pochettino y por qué: comunicación directa y temprana
Pochettino explicó que, desde su perspectiva, el modo de informar debía ser claro y humano. Él mismo ya conoció ambos lados del proceso: en 1998 y 1994 estuvo “en el radar”, pero no recibió la convocatoria; en 2002, en Corea y Japón, sí integró el equipo final. Con esa experiencia, sostiene que la comunicación debe establecer un principio: hay decisiones que se toman y se cierran, y no conviene prolongar la incertidumbre.
De hecho, incluso con anticipación (ya en 2025), el plan estaba trazado: él se encargaría personalmente de contactar a los 26 jugadores que entraban en la nómina. El resto se enteraría por otras vías. La razón tenía dos componentes:
- Logística: durante su etapa con el USMNT trabajó con decenas de futbolistas. Algunos, que no estaban en el corte final, seguían con la esperanza de que todavía existiera una ventana. Llamar a más jugadores implicaba multiplicar los contactos con malas noticias.
- Lo humano: Pochettino sostiene que, en el instante del golpe, muchos jugadores no quieren hablar. Unos llegan rotos, otros furiosos, pero casi ninguno está en condiciones de conversación. Si luego quieren entender o conversar, él y su equipo están disponibles. Si no, lo respeta.
Además, eligió adelantar el proceso: no habría una gran concentración previa con días dedicados a competir como si el Mundial estuviera “a la vuelta de la esquina” en términos de selección. Los 26 que llegaran a Atlanta antes del torneo serían, salvo lesión, los elegidos. En su argumento, lo peor es “hacer esperar” a alguien que, en realidad, no terminará dentro.
El contraste: Klinsmann y el corte frente a la fecha límite
Pero no todos los entrenadores llevan el proceso al mismo ritmo. Jurgen Klinsmann, ex manager del USMNT, también buscó actuar de la manera más humana posible, aunque su método se apoyaba en dar margen hasta el último momento a través de un campamento previo al Mundial.
Klinsmann no tuvo el mismo tipo de frustración personal que describen otros jugadores: ganó el Mundial de 1990 y jugó los de 1994 y 1998. Aun así, recuerda con dolor cómo vivieron amigos cercanos el recorte. Guido Buchwald, uno de sus hombres de confianza en Stuttgart, quedó fuera en 1986 y, según Klinsmann, 40 años después el recuerdo sigue siendo devastador.
Como entrenador, él entregó esas noticias en dos ocasiones. Con Estados Unidos, fueron siete jugadores a quienes tuvo que decir que no entrarían en el equipo final de 23 en un campamento en Stanford. Con Alemania, el recorte fue de cuatro jugadores.
La decisión más recordada: Landon Donovan fuera en 2014
Klinsmann está en el centro de una de las decisiones más discutidas en la historia reciente del USMNT: dejar a Landon Donovan fuera del Mundial de 2014. Aquel día fue especialmente duro porque el recorte se hizo después de llevar 30 jugadores a un campamento previo antes de viajar a Brasil. Los siete que recibieron el golpe fueron: Clarence Goodson, Maurice Edu, Brad Evans, Terrence Boyd, Joe Corona y Michael Parkhurst, además de Donovan. La comunicación fue en persona.
Doce años después, Klinsmann sigue recordando el desgaste emocional de ser él quien tenía que “crear” el nivel de heartbreak. Reconoce que cada entrenador lo hace distinto y que cada jugador lo asimila de manera diferente: algunos preferirían una frase seca (“no estás”), pero él considera importante hablar cara a cara, incluso si el futbolista ya no escucha por la devastación. Para Klinsmann, el mensaje es negativo, duele y deja secuelas: él mismo se sintió agotado luego de esas conversaciones.
Cuando la llamada no llega: el dolor de los descartados de 2022
El Mundial de Qatar 2022 también dejó historias de jugadores que esperaban estar y no lo lograron. Zack Steffen, tras recibir la llamada de Gregg Berhalter, reaccionó con oración. Explica que, después de ser el número 1 durante “algún tiempo”, tras COVID y lesiones, creyó que había vuelto a su mejor nivel, pero aun así el corte llegó. Señala que nadie quiere ser rechazado y que, aunque el tiempo pase, el dolor “sigue” hasta el día de hoy.
Steffen no fue el único. Varios futbolistas que se sintieron piezas importantes del ciclo hacia 2022 quedaron fuera y, aunque Berhalter no pudo llevar a todos, eso no hizo más llevadera la noticia para quienes se quedaron sin viaje. En algunos casos, el golpe se convirtió en combustible; en otros, el Mundial se volvió una puerta que no se volvió a abrir.
Casos que transformaron la herida en camino
En el lado que encontró revancha, Mark McKenzie aparece como ejemplo. Tenía 23 años cuando se enteró del recorte en 2022. Hoy, con 27, se reporta que integrará el plantel de este verano y que logró convertir uno de los momentos más dolorosos de su carrera en parte del regreso.
McKenzie describe el “punch” en el estómago cuando le dicen que no fue seleccionado. Pero, con el tiempo, entiende que competir por ese sueño puede empujar demasiado lejos: advierte que obsesionarse con una sola idea puede hacer perder identidad y enfoque. Para él, la herida también sirve para reordenar prioridades y volver a ser quien era como persona y como futbolista.
En la misma línea de recuperación, Ricardo Pepi fue excluido de la nómina pese a liderar la línea durante la fase clasificatoria. Malik Tillman también estuvo cerca tras comenzar a romper en el ciclo previo al torneo. Los tres, según el relato, rebotaron tras el golpe inicial.
Cuando la oportunidad no vuelve: Paul Arriola y el recorte final
No todos tuvieron una segunda oportunidad igual de clara. Paul Arriola, ahora con 31 años, tuvo un paso limitado tras el recorte de 2022: disputó solo dos partidos y la etapa mundialista quedó corta. Recuerda que Berhalter lo llamó mientras él recogía sus cosas y que, en ese instante, no esperaba el golpe. Le dijeron que estaba “fuera de la consideración”. Arriola no hizo preguntas: se quedó en silencio, recibió un abrazo y luego retomó el proceso días después.
Confiesa que lloró en casa. También relata que Cristian Roldan le dijo que había llorado más cuando se enteró de que Arriola no entraba que cuando Berhalter le comunicó a él que sí iba. Arriola valora ese apoyo, porque creer en uno mismo ayuda, pero contar con gente que entiende y acompaña es clave.
Lesiones: el enemigo silencioso antes del corte
Hay decisiones que son discutibles por subjetivas; otras se frustran incluso antes de que el entrenador pronuncie el “sí” o el “no”. En el ciclo hacia 2022, varios futbolistas vieron alterados sus planes por lesiones. Chris Richards y Miles Robinson fueron testigos desde afuera: no fueron recortes del cuerpo técnico, pero todo cambió.
Robinson sufrió una lesión en el tendón de Aquiles a inicios de 2022 jugando para Atlanta United. Él entendió el significado al instante: sabía que no podría jugar el Mundial. Richards, por su parte, llegó a estar cerca pero su problema llegó semanas antes de que se anunciaran las listas. El jugador del Crystal Palace cuenta que se perdió el Mundial por dos semanas, un margen que lo volvió más duro el golpe porque sentía que había hecho lo difícil durante la clasificación.
En el ciclo más reciente, varias historias de 2022 se repiten con el matiz de que, esta vez, el impacto ocurrió incluso antes de la llamada final de Pochettino. Johnny Cardoso pudo haber empujado para un rol titular, pero cayó con el Atletico Madrid. Patrick Agyemang también se había ganado argumentos antes de una lesión en el tendón de Aquiles. John Tolkin, Cameron Carter-Vickers y Benjamin Cremaschi no eran “seguros” de Mundial, pero sus lesiones les impidieron dar el último paso.
Qué viene después: el Mundial visto desde afuera
Una vez tomada la decisión, la pregunta inevitable es: ¿y ahora qué? La respuesta varía. Durante el Mundial de 2022, Richards se sintió solo. La mayoría de sus compañeros jugaban en Qatar; los que no, al menos podían ver desde casa. Él, por la lesión, estaba en Londres en recuperación. Sin nadie que lo acompañara de verdad, hizo lo que pudo: fue al pub y observó el torneo con otros estadounidenses.
Reconoce una mezcla particular: por un lado, alegría por el desempeño de “los muchachos”; por el otro, soledad. Dice que ni siquiera quería hablar de fútbol, como si el sueño se lo hubieran arrancado justo antes. Aun así, recalca que no dejó de apoyar al equipo.
Robinson vivió un sentimiento parecido pero eligió disfrutarlo desde la energía de ser fan. Se ríe al recordar que estaba “afuera viendo” y que celebraba el partido como quien todavía pertenece. Para él, la clave fue no caer en la amargura: apoyar, reconocer que los demás estaban trabajando y que él también debía concentrarse en la rehabilitación.
No hay forma correcta, pero sí una certeza: el dolor es real
No existe un manual para entregar o recibir una noticia así. Cada entrenador lo hace a su estilo y cada jugador lo procesa de manera distinta. Lo común es que el Mundial, incluso para quienes no lo disputan, deja un impacto profundo. Y muchas veces el golpe más difícil no llega en el minuto 90 de un partido decisivo: llega en una llamada o una reunión que cambia vidas.
Pochettino lo resumió con franqueza: habrá decisiones tristes, porque solo hay 26 lugares… pero el Mundial es fútbol y “esa es la regla” que hay que asumir. Para algunos será un inicio. Para otros, una herida que, aunque duela, puede convertirse en motivación o en aprendizaje. En 2026, Estados Unidos verá el Mundial con dos historias al mismo tiempo: la de los que viajaron y la de los que se quedaron mirando el reloj, esperando que el próximo llamado llegue a tiempo.
