Tottenham salvó su plaza en la Premier League por muy poco, terminando la campaña apenas dos puntos por encima de la zona de descenso. Pero la supervivencia no ha apagado las críticas: el club del norte de Londres, pese a su enorme inversión y a la expectativa histórica que genera, ha vuelto a quedar señalado por su rendimiento y por la sensación de desorden interno que ha marcado el curso. Una de las voces más duras en este debate fue la de Gary Neville, que no dudó en cuestionar el nivel del plantel y la gestión desde la directiva.
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En sus declaraciones, Neville dejó claro que no considera exagerada la comparación entre lo que ha mostrado el equipo y lo que se espera de una institución con tanta tradición. Puso el foco en el conjunto y en el impacto que tiene, para la afición, ver que el equipo no logra competir de manera sostenida.
El exdefensa señaló que, aunque el Tottenham logró ganar la Europa League la temporada pasada —un logro que ilusionó a la grada y permitió celebrar un título—, el problema viene de antes y se ha repetido con continuidad. Para él, el equipo ha caído en un nivel de “subrendimiento” que ya no es solo un bache, sino una tendencia preocupante.
La explicación del símbolo y la realidad sobre el césped
Neville también ironizó con el lema icónico del club, apelando a que las palabras no bastan cuando los resultados no acompañan. En su argumento, el comportamiento en el campo es el verdadero termómetro: si el equipo no se atreve, entonces el mensaje queda vacío.
Además, insistió en que la cohesión no parece ser una constante. Para el analista, no basta con tener jugadores con nombre si no se ve unidad, intensidad y compromiso colectivo, especialmente en los momentos en los que la Premier castiga con dureza.
El vestuario, bajo la lupa: “no parece que quieran estar en el autobús”
Uno de los puntos más sensibles de la crítica fue el ambiente dentro del vestuario. Neville sugirió que varios de los futbolistas actuales no estarían a la altura de lo que significa vestir esa camiseta, subrayando una desconexión entre lo que el club representa para su afición y lo que transmite el equipo en su día a día.
En esa misma línea, habló de una sensación de apatía o falta de implicación: no solo se trataría de fallar en lo táctico, sino de que el grupo no transmite la actitud necesaria para sostener una temporada con exigencia. Neville mencionó a Roberto De Zerbi como el entrenador que tendrá que comprobar y corregir esa dinámica.
Críticas a la directiva: cambios caóticos en el banquillo
El cuestionamiento no se quedó en el plantel. Neville también dirigió su mirada hacia la estructura del club y hacia la forma en que se han tomado decisiones, especialmente en el área deportiva. Para él, la sucesión de cambios en el banquillo ha sido señal de falta de continuidad y de una gestión que terminó debilitando la confianza de la afición.
El analista repasó el recorrido del curso: la salida de Ange Postecoglou, luego el paso fugaz de Thomas Frank y el periodo también breve de Igor Tudor. En su lectura, estos movimientos no construyen un proyecto estable, sino que generan inestabilidad, lo que repercute directamente en el rendimiento.
Intento de venta y pérdida de credibilidad
Neville afirmó que existe una desconexión entre el rumbo del club y las necesidades reales de su gente. Incluso sostuvo que los propietarios han intentado vender el Tottenham durante un periodo prolongado, moviéndose con la idea de obtener el mejor precio posible.
Reconoció que la directiva ha sido capaz de avanzar en aspectos concretos —especialmente en infraestructura—, pero lo consideró insuficiente si en el terreno de juego no se responde a la expectativa. Para él, hace falta un “reinicio” profundo: una revisión completa del club que vaya más allá de cambios superficiales.
El “efecto espejo” de los dueños y el problema de encajes fallidos
En su reflexión, Neville defendió que, cuando se es propietario de un club, no se puede atribuir todo el fracaso a jugadores, entrenadores o entrenamientos. Según su postura, también hay que mirar hacia adentro: las decisiones de quienes mandan marcan el rumbo y determinan el tipo de proyecto que se puede construir.
Como ejemplo, citó el nombramiento de Igor Tudor y la posterior destitución apenas unas semanas después. Para Neville, esa secuencia no solo es un dato, sino una señal de que la elección no encajó desde el primer día. También mencionó el despido de Postecoglou y la llegada de Thomas Frank, otro nombre valorado, para después incorporar a Tudor y, finalmente, ahora a De Zerbi.
La conclusión fue contundente: “qué montaña rusa” ha sido la temporada, y esa falta de continuidad habría erosionado la confianza.
De Zerbi y el reto de la reconstrucción: limpieza y mentalidad ganadora
Con Roberto De Zerbi al frente del proceso de reconstrucción, el desafío que le espera es enorme. Neville describió la tarea como una operación que necesita tanto depuración del plantel como un cambio de mentalidad, para que el Tottenham vuelva a competir con la ambición que exige su historia.
Para lograrlo, el entrenador italiano tendrá que actuar con firmeza en el mercado de fichajes. Neville dio a entender que no sería suficiente con ajustes: el equipo necesita una transformación completa para recuperar competitividad.
El dato que agrava la preocupación: el Tottenham no ganó en casa desde Navidad
Neville remarcó un hecho especialmente alarmante: el Tottenham no ha ganado un partido en casa desde Navidad. Lo calificó como un resultado “absolutamente escandaloso” para un grupo de jugadores que ha sido armado con una inversión considerable y para un club de la talla que representa la institución.
En su diagnóstico, el problema no sería solo momentáneo. Habla de un equipo “frágil”, “débil” y “vulnerable”, por lo que la autopsia del club —en su visión— debe comenzar de inmediato y llegar al fondo de la cuestión.
El mensaje final: tras el susto, toca “abrir paso” en el vestuario
Con la salvación ya confirmada “por lo justo”, Neville considera que ahora sí el club puede pasar a una fase de cambios más contundentes. Su idea es que, al haber escapado del descenso, Tottenham tiene margen para actuar con decisión en el vestuario y reorganizarlo para resetearlo desde la base.
Para él, la prioridad es clara: De Zerbi deberá imponer un trabajo que cambie la dinámica interna y que convierta el objetivo de “equipo de ensueño” en algo real y competitivo, empezando por romper inercias y reconstruir el equipo con mentalidad ganadora.
