Desde la reflexión de esta comisión sobre el ministerio que hace siglos dejó de existir, se resalta que todas las tareas y deberes diaconales son ahora o han sido realizadas por mujeres, ya sea por las diaconisas o por las religiosas y laicas modernas.

Por Carmen Julia Luján

María Ángel Marco, miembro de la Comisión de Diaconado Femenino y Ministerialidad de la REPAM, compartió, durante el Webinar “Voces y cuerpos de mujeres panamazónicas”, la reflexión sobre la necesidad del diaconado femenino en la iglesia y sociedad actual.

De esta manera, desde el Núcleo de Mujeres, se manifestó que en el contexto de una iglesia enteramente sinodal y ministerial, la distribución de los roles y trabajos se hace en función a los dones y no al sexo (varón o mujer), por tanto es urgente deconstruir concepciones recibidas que contradicen el Evangelio.

En ese sentido, y, según la escritora María López Vigil, suponer que por ser hombre se tiene una mayor dignidad para representar a Dios contradice el principio creador de Dios y el Espíritu de Jesús, que acogió  en su movimiento por igual a hombres y mujeres.

Diaconisas de la historia

Desde la reflexión del Núcleo de Mujeres, y desde la visión de la teóloga norteamericana Phillys Zagano sobre el diaconado de la mujer, existe una gran evidencia literaria, epigráfica, e histórica de que las mujeres diáconos ejercieron su ministerio en occidente al menos hasta el siglo XXII

Según la constitución dogmática de la Iglesia del Concilio Vaticano II Lumen Gentium: “En el grado inferior de la jerarquía están los diáconos, que  reciben la imposición de las manos, no en orden al sacerdocio, sino al ministerio” .

De ahí, se enfatiza el hecho crucial de que la ordenación al diaconado es para el ministerio, no para el sacerdocio. De esta manera, el Núcleo de Mujeres resalta que todas las tareas y deberes diaconales son ahora o han sido realizados por mujeres, ya sea por las diaconisas de la historia o por las religiosas y ministras eclesiales, laicas modernas.

En ese sentido, se resalta la necesidad de hacer una teología del diaconado femenino para llegar a una nueva eclesiología.

Testimonio

“Somos la iglesia que camina, la iglesia misionera, de hombres y mujeres que siguen a Jesús”.

La religiosa Ciria Mees de las Hermanas de la Divina Providencia de Brasil, vive desde hace nueve años en misión en el Vicariato Apostólico de Pando (norte de Bolivia). Es directora del Instituto de Pastoral Rural desde donde atiende a más de 160 comunidades indígenas o campesinas en los departamentos del Beni, Pando y La Paz con la animación y coordinación de comunidades.

Esta labor, afirma Mees, la realiza con alegría por ser misionera al servicio de la iglesia, resalta que le gusta estar en las comunidades, celebrar con las comunidades, rezar con ellas, compartir. Manifiesta su gusto por celebrar los sacramentos del Bautismo, de la Comunión, del Matrimonio, además, de estar con las comunidades en los momentos de alegría y de tristeza y vivir con ellas el día tras día de su vida de fe y de comunidad.

“Es siempre un desafío llegar a ellas, ser su pastora, ser su guía junto con el equipo con el apoyo del obispo, Monseñor Eugenio. Somos mujeres que ejercemos nuestra ministerialidad con en y con la iglesia. Somos el rostro visible de Dios, la presencia de Dios trinidad en las comunidades con niños, jóvenes, adultos”, dijo.

 

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