En una entrevista, el contramaestre de capoeira Ney Valente, habla sobre el origen de las tres canoas que se convirtieron en símbolos del Sínodo para la Amazonía, en Roma

 

Por Antonella Rita Roscilli y Jaime C. Patias *

Las imágenes de canoas, remos y redes giraron el mundo en el mes de octubre de 2019. Las obras fueron protagonistas durante el Sínodo de la Región Panamazónica y las actividades simultáneas de la Tienda «Amazonía, Casa Común». Llegaron a Roma directamente del Estado brasileño de Amazonas con los líderes indígenas, ribereños, afrodescendientes, laicos y laicas, sacerdotes y religiosas, y los misioneros y misioneras del Equipo Itinerante. Las canoas, utilizadas en los ríos para llegar a los territorios de la selva amazónica, «navegaban» por las calles de la Ciudad Eterna, invitando a «echar las redes en aguas más profundas».

Un año después, en continuidad al camino post-sinodal, tiempo de gracia y conversión, para mantener viva la memoria, buscamos noticias sobre el origen de las tres canoas, cómo y quién las hizo, y cuál fue el destino de las piezas. Ney Valente, pedagogo y contramaestre de Capoeira, que estuvo en Roma para el Sínodo, siempre acompañado por su “berimbau”, nos responde. En Brasil, Ney está al frente de un proyecto social de capoeira en el barrio de Compensa, en la periferia de Manaus (Estado de Amazonas), apoyado por el Equipo Itinerante, que tiene 22 años de misión en la Amazonía.

Ney Valente con el papa Francisco, en el Vaticano. Foto: Archivo personal

¿Cómo surgió la idea de hacer las canoas y llevarlas a Roma para el Sínodo?

Para las comunidades en la Amazonía, la canoa es el símbolo mayor, pues sirve para echar las redes a los ríos y recoger el alimento. También es el principal medio de transporte. Por eso pensamos en hacer cuatro canoas para llevarlas a Roma para el Sínodo, pero sólo pudimos transportar tres de ellas, dos canoas enteras y una canoa desmontable dividida en tres piezas.

La canoa fue uno de los símbolos amazónicos en la Vía Crucis por la calles de Roma. Foto: Jaime C. Patias

¿Y quién construyó las canoas y qué tipo de madera utilizó?

Fueron varias personas. La primera canoa fue hecha por el ribereño Raimundo Matos dos Santos, de la comunidad de Buiuçuzinho en el municipio de Coari, utilizando “mututi” (madera blanca típica de la región). El modelo de esta canoa se conoce como «alvorada», hecha con varias piezas. Don Raimundo Matos también hizo los 10 remos que estaban en el Sínodo.

La segunda canoa que está hecha de tronco de “abacatirana” (también llamado “laurel rosado”, madera típica de la región) fue hecha por José Cristo, más conocido como Barón del Guaraná de Urupadi, en el municipio de Maués, donde vive el pueblo indígena Sateré Mawé.

La tercera fue construida por un artesano conocido como Francisco, de la comunidad de Novo Airão, en el Alto Río Negro. Su madera también es de “abacatirana” y el modelo es «alvorada». Para facilitar el transporte, fue cortado en tres piezas por el carpintero naval, Adermison Viana.

La Canoa invita a avanzar para aguas más profundas. Vía Crucis por las calles de Roma. Foto: Jaime C. Patias

¿Entonces quién pintó las canoas?

Una de las canoas, y los 10 remos de 1,32 cm. cada uno, fueron pintados por Carlos Cezar Rodrigues da Costa. Otro pintor llamado Orimar, nativo de Parintins, en el interior del Amazonas, pintó las otras dos canoas.

 

¿Cómo lograron despachar las canoas en el avión? ¿Tuvieron alguna dificultad?

Sí, ahí es donde una canoa se quedó. En el avión, sólo pudimos embarcar a tres canoas, porque requería una medida estándar de tres metros lineales y el pago de cien dólares por el transporte de cada una de ellas.

 

Al final del Sínodo, ¿cuál fue el destino de las tres canoas amazónicas?

Dos de ellos se quedaron en Roma: la primera fue entregada al Museo Misionero de Propaganda Fide, junto con dos remos y una red, a petición del Cardenal Fernando Filoni. Esta es la canoa que recibió el Papa Francisco en la apertura del Sínodo y que permaneció en el salón del Sínodo durante todo el trabajo. La segunda, con dos remos y una red, se quedó en la Casa General de los Misioneros de la Consolata. La tercera, que está dividida en tres partes, la trajimos nuevamente a Brasil, con algunos de los otros símbolos y la colocamos en la oficina del Equipo Itinerante en Manaus.

La Canoa amazónica fue uno de los símbolos en la oración con el Papa Francisco en la Basílica de San Pedro, en la apertura del Sínodo. Foto: Jaime C. Patias

¿Podría decirnos algo más sobre la canoa que está en la Casa General de los Misioneros de la Consolata?

La reconozco por las fotos que me enviaste. Veo la canoa, dos remos y una red. Esta canoa, de 2,40 cm de largo y 38 cm de ancho, fue hecha con el tronco de “abacatirana” por José Cristo, el Barón de Guaraná de Urupadi, en el municipio de Maués, a 260 km de Manaus. La región está habitada por los pueblos indígenas Sateré Mawé, principales cultivadores de guaraná. Fue pintada por Orimar, un pintor de Parintins (AM). Los dos remos son también de abacatirana y fueron hechos por mi tío, el ribereño Raimundo Matos dos Santos de la comunidad de Buiuçuzinho en el municipio de Coari, y pintados por Carlos Cezar Rodrigues da Costa.

Canoa guardada en la Casa General de los Misioneros de la Consolata, en Roma. Foto: Jaime C. Patias

En su opinión, ¿qué importancia tuvo el Sínodo para la Amazonía?

El «corazonar» entre las dos selvas (bosque y piedra) ayudó a hacernos conscientes de que todo está interconectado y que debemos asumir la vida geopolíticamente: (geo) en el cuidado de la Casa Común y (política) en el cuidado de los bienes de la Casa Común. Después de escuchar, con el Papa Francisco, a miles de personas que defienden los territorios en los nueve países de la Panamazonía, debemos ser presencia viva del Dios que escucha el clamor de los pueblos que gritan y gimen al ver a su Tierra Madre y a sus hijos asesinados, torturados, violados, amenazados, esclavizados ante el modelo depredador del Planeta. Frente a esta realidad, con el Sínodo, la Iglesia renueva su compromiso de caminar junto a los pueblos indígenas y a todos aquellos que, según el plan de Dios, defienden la vida amenazada y frágil. Juntos siempre llegaremos más lejos tejiendo los caminos del buen vivir y del buen convivir. Con esperanza debemos «cantar y cantar y cantar, la belleza de ser eternos aprendices», porque la Amazonía es fuente de vida en el corazón de la Iglesia, como nos recuerda la Red Eclesial Pan-Amazónica (REPAM).

Ney Valente con su «berimbau» durante el Vía Crucis por las calles de Roma. Foto: Jaime C. Patias

 

* Antonella Rita Roscilli es periodista y “italo-brasileña”. Jaime C. Patias, IMC, es Consejero General para América. Fotos: Jaime C. Patias

Fuente: www.consolataamerica.org

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