La propuesta de los FOROS impulsados fundamentalmente por el Instituto para el Diálogo Global y la Cultural del Encuentro (IDGCE) y con los aportes de la REPAM, busca profundizar nuestro trabajo sobre el Derecho al Agua y las acciones antes y después del «Sínodo de la Amazonía: nuevos caminos para la Iglesia y para la ecología integral». Enmarcado en el quinto aniversario de la Encíclica “Laudato Si”; los ODS de las Naciones Unidas; el Acuerdo de París (COP 21) y en los desafíos que atraviesa la humanidad después de la pandemia, tenemos conjuntamente la intención de hacer diversos abordajes sobre el AGUA y trabajar en propuestas que consideren los desafíos del presente y los escenarios del futuro.

 Por: Alfredo Ferro sj 

Los foros abordan diferentes dimensiones relacionadas con la resolución de problemas que involucran al agua como su eje de conexión. Nuestro objetivo es lograr enfoques multidisciplinarios concretos, la identificación de elementos contextuales, actores clave y evaluación de soluciones y propuestas.

Teniendo en cuenta los objetivos de estos FOROS de trabajar en propuestas que consideren los desafíos del presente y los escenarios del futuro en torno al AGUA abordando diferentes dimensiones, me gustaría reivindicar en estos minutos que tengo, más allá de las innovaciones técnicas y sociales en relación al agua, el enfoque simbólico, poético y espiritual del agua, sin dejar de tener los pies en la tierra, es decir, rescatando nuestras raíces profundas. Me acojo y reafirmo, lo que tanto el Papa Francisco nos ha insistido en la “Laudato Si” y es, de no olvidar que todo está conectado y por ello, entrar en estos campos, es aceptar que no solo las innovaciones técnicas o sociales, son garantía para resolver o avanzar en las soluciones a la problemática en torno del agua.

 

Tradiciones espirituales

Inicio con un texto de un chamán de los Kayapó,  en Brasil, Bep Karoti que dice así:

“El agua es el traje con el cual la vida nos visita. Toda agua viva es morada del Espíritu y este aparece en las olas y en los vientos que forma. En el Amazonas, el espíritu está presente en los ríos y se muestra fuerte en los afluentes. Nunca entres a un rio o a un barco sin saludar el espíritu que vive en las aguas”

El agua posee diversos tipos de valor o dimensiones: biológico, como fundamento de vida; social, por ser un bien que exige control social, política y de poder, de acuerdo al manejo y al control que se ejerza sobre ella; paisajístico y turístico, por su belleza, pero también poético y artístico, simbólico y espiritual, por ser considerado un elemento vital y sagrado en las diversas culturas que es el énfasis que le quiero dar a mi intervención.

En todas las religiones y tradiciones espirituales, el agua tiene un rico significado que sobrepasa su realidad material. Para todas las culturas y pueblos, el agua es señal y expresión de la vida y hace parte de los principales ritos y celebraciones. El agua posee un fuerte simbolismo y una dimensión sagrada. En la mayoría de las religiones el agua como don sagrado tiene un significado de purificación, renovación, liberación, fertilidad y abundancia.

Los pueblos asiáticos y africanos la tienen como parte de las divinidades; las fuentes son sagradas. Una de las diosas más conocidas en las religiones afro de gran influencia en Brasil es la diosa Iemanjá, que para los creyentes es expresión de la presencia divina.

Para muchos de los pueblos indígenas, el agua es un don de las divinidades, es morada de los espíritus; muchas de las tradiciones afirman en sus mitos fundantes que el ser humano fue hecho  o creado del agua, o bien, salió del agua para la tierra a fin de cuidar de la naturaleza. Otras tradiciones creen a través de los mitos que el agua es el punto de relación entre el cielo y la tierra; lo humano y lo divino.

En conclusión, el agua pertenece al patrimonio real y simbólico de todas las culturas y religiones. En todo el planeta el ser humano proyecta sobre el agua, la realización de sus esperanzas y temores, la promesa de la vida y la amenaza de la muerte.

El hecho de que el agua para las grandes culturas tenga esta dimensión sagrada es en realidad una crítica radical a la concepción del sistema capitalista en el que nos movemos, en el cual el agua es una mercancía más y por ello mismo, sin problema y sin ninguna dificultad, es posible privatizarla y hacer de ella un instrumento de lucro, como también no respetarla, ni cuidarla.

 

Consideraciones iniciales

Con este preámbulo, quisiera focalizar mi intervención en el magisterio del Papa Francisco y de la Iglesia amazónica, en relación al agua. Me centraré en dos documentos básicamente: el documento final del SÍNODO de la Amazonia de octubre del 2019 y la Exhortación Apostólica: “Querida Amazonia” de febrero 2020, posterior al SÍNODO en el marco de la encíclica “Laudato Si”.

No vamos a poder entender la perspectiva de estos dos documentos esenciales en el magisterio de la Iglesia, con efectos, no solo para la Iglesia Amazónica, sino para todo el planeta, sin tener como marco la encíclica “Laudato Si”, como también, una serie de declaraciones sobre el AGUA, en espacios internacionales recientes, animados y dinamizadas entre otros, por el Instituto para el dialogo global y la Cultura del Encuentro, de instituciones eclesiales y de otro tipo de entidades u organizaciones de la sociedad civil y apoyados por el Papa Francisco. Me refiero en este caso, a las declaraciones por el DERECHO HUMANO AL AGUA de Roma de febrero del 2017 y a la de Bogotá DEL DERECHO AL AGUA Y A LA PAZ de septiembre del mismo año.

Comenzaría por decir que la palabra AGUA aparece en el documento final del Sínodo Amazónico 20 veces y en la Exhortación Apostólica “Querida Amazonia” 18 veces. No se trata de limitarnos a la palabra como tal, pues la misma tiene en los documentos otras palabras relacionadas como: ríos, quebradas, arroyos, lagos, fuentes, caudales, paramos, humedales, etc., que muestran la importancia que se le da al AGUA y específicamente al caudaloso rio Amazonas.

Me limitaré a señalar algunos aspectos, que considero centrales en dichos documentos y que más allá, de la teoría o de las palabras, nos comprometen a todas y todos.

Sínodo Amazónico y Querida Amazonía

Que nos dicen estos documentos fundamentalmente de lo que es propiamente el agua:

1-. El agua nutre y sustenta la naturaleza y la vida de las culturas y de las comunidades de los pueblos amazónicos (DFS7)

2-. El agua es el eje conector de la vida, de la naturaleza, del territorio, de las culturas, de las comunidades y de sus fuerzas espirituales (DFS9). El agua nos une, no nos separa (DFS20).

3-. Como bien precioso y absolutamente necesario, ha sido cuidado por siglos y siglos por las comunidades amazónicas (DFS14).

4-.El agua es un Derecho, es decir: “el acceso al agua potable y segura, es un derecho humano básico, fundamental y universal, reconocido por las Naciones Unidas (2010). Sin agua, no sobrevivirían las personas y por lo tanto,  es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos”. (LS 30 – DFS77).

Sin embargo, este bien precioso está amenazado. El Papa en “Querida Amazonia”, denuncia de manera profética la violación de los derechos de los pueblos, de su territorio y de su auto-determinación, entre otras razones, por su privatización, que llama de injusticia y crimen (QA14), privatizaciones denunciadas también por el Sínodo, al igual que el cambio del ciclo vital del agua y de los grandes megaproyectos de hidrobias e hidroeléctricas (DFS10).

Citando la “Laudato Si” el Papa en la Exhortación Apostólica afirma que el agua, que abunda en la Amazonia, aunque es un bien esencial para la sobrevivencia humana, está cada vez más contaminada (QA49).

El agua en la apertura del documento final del SÍNODO se considera como fuente de vida (DFS7) y en “Querida Amazonia”, que se caracteriza por su lenguaje simbólico y poético, se dice que: “Las diversas artes y destacadamente la poesía, se dejaron inspirar por el agua, la selva, la vida que bulle, así como por la diversidad cultural y por los desafíos ecológicos y sociales” (QA35).

Tanto los capítulos 1 y 2 del llamado a las conversiones del documento final del Sínodo están encabezados por dos textos bíblicos neo-testamentarios: uno del evangelio de Juan: “Quien no nace de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios” (Jn 3,5) y el otro, del libro del Apocalipsis: “Me mostró luego un río de agua de vida, resplandeciente como cristal, que sale del trono de Dios y del Cordero” (Ap 22,1).

En el llamado a una conversión pastoral del Sínodo, el número 38 del documento afirma, el haber descubierto que las aguas caudalosas del Espíritu, semejantes a las del río Amazonas, que periódicamente se desbordan, serán las que nos van a conducir a la vida sobreabundante, que Dios nos ofrece para compartirla en el anuncio (DFS38). Dicho documento afirma que la Amazonía, es una tierra de bosques y de agua, de páramos y humedales (DFS41) y que, por ello mismo, tenemos una necesidad imperiosa de contemplación, desarrollando su dimensión espiritual, que en palabras del libro del Génesis (Gn1,6) seria confirmar, el que Dios vio que todo era bueno.

Valor poético para un compromiso

Desde una perspectiva de las cosmovisiones y de las espiritualidades de los pueblos originarios, el Papa en su sueño eclesial de “Querida Amazona”, valora la mística indígena de la interconexión e interdependencia de todo lo creado, mística de gratuidad, que ama la vida como don, mística de admiración sagrada, ante la naturaleza que nos desborda con tanta vida. No obstante, nos dice, que se trata también, de lograr que esta relación con Dios presente en el cosmos, se convierta cada vez más, en una relación personal con un tu que sostiene la propia realidad y quiere darle un sentido, un tu que nos conoce y nos ama. Para ello, cita las palabras del profeta y obispo catalán Pedro Casaldáliga aún vivo entre nosotros, que en su «Carta de navegar por el Tocantins amazónico en su libro “El tiempo y la espera”1986, nos dice: «Flotan sombras de mí, maderas muertas. Pero la estrella nace sin reproche sobre las manos de este niño, expertas, que conquistan las aguas y la noche. Me ha de bastar saber que TU me sabes entero, desde antes de mis días» (QA73).

El Papa, que subtitula uno de sus sueño de la Exhortación Apostólica, como el sueño hecho de agua, cita a Euclides da Cunha en su obra más conocida, “Os Sertões”, en el que el escritor brasileño de mediados del siglo XIX, narra las expediciones militares brasileñas en contra de la villa de Canudos, aludiendo al agua en la Amazonia:  “es la reina, los ríos y arroyos son como venas, y toda forma de vida está determinada por ella” (QA43). El Papa, se refiere al agua, que deslumbra en el gran Amazonas, que recoge y vivifica todo a su alrededor y cita, o al poeta chileno Pablo Neruda, en su Canto General sobre la Amazonia (1938): «Amazonas capital de las sílabas del agua, padre patriarca, eres la eternidad secreta de las fecundaciones, te caen ríos como aves…» (QA44) o bien, cuando Francisco afirma que en el territorio hay muchas “Amazonias”, aunque, su eje principal es el gran río, hijo de muchos ríos y cita, al poeta brasileño Thiago de Mello, que en su libro: “Amazonas, patria da agua”, describe poéticamente como el rio Amazonas… “nace a cada instante, el agua se desprende y traza un esbozo trémulo en la piel antigua de la piedra, desciende lenta, sinuosa luz, para crecer en la tierra, espantando verdes, inventa su camino y se acrecienta. Aguas subterráneas afloran para abrazarse con el agua que desciende de los Andes. De la barriga de las nubes blanquísimas, tocadas por el viento, cae el agua celeste. Desde que el hombre la habita, se yergue de las profundidades de sus aguas.”(QA45).

El Papa en la Exhortación Apostólica, hace un reconocimiento especial a los poetas populares, que se enamoraron de la inmensa belleza del rio Amazonas y que han tratado de expresar lo que este río les hace sentir y la vida que él regala a su paso…, “en una danza de delfines, anacondas, árboles y canoas, pero que a su vez lamentan los peligros que lo amenazan”. Son poetas, nos dice el Papa, contemplativos y proféticos, que nos ayudan a liberarnos del paradigma tecnocrático y consumista, que destroza la naturaleza y que nos deja, sin una existencia realmente digna, para citar al gran poeta y artista brasileño Vinicius de Moraes, sobre las transformaciones del mundo, en su texto: “Para vivir un gran amor”, 2013, con una frase realmente impactante: “Sólo la poesía, con la humildad de su voz, podrá salvar a este mundo” (QA46).

Francisco resalta el papel de la poesía cuando nos dice que la misma, ayuda a expresar una dolorosa sensación que hoy muchos compartimos, donde tanta vida y tanta hermosura están “tomando el rumbo del fin”, aunque muchos, quieran seguir creyendo que no pasa nada y para ello cita a Juan Carlos Galeano, un poeta colombiano, en sus libro« Los que creyeron, en Ama­zonia y otros poemas” 2011: «Los que creyeron que el río era un lazo para jugar se equivocaron. El río es una vena delgadita en la cara de la tierra. […] El río es una cuerda de donde se agarran los animales y los árboles. Si lo jalan muy duro, el río podría reventarse. Podría reventarse y lavarnos la cara con el agua y con la sangre»: (QA47).

Espiritualidad del agua

El esfuerzo y la necesaria conversión a la que estamos llamados, nos exige tener como fundamento y base una espiritualidad robusta dentro de nuevos paradigmas donde el AGUA es un bien y realidad fundamental. Dicha espiritualidad tendría algunas características:

-. Una espiritualidad de la humildad y el agradecimiento, que reconozca el agua como un don sagrado.

-. Una espiritualidad de la reconciliación donde sepamos reconocer nuestro “pecado” o la manera como hemos encarado un bien precioso como es el agua.

-. Una espiritualidad de la sobriedad, donde no podemos pactar con el consumismo y la cultura del descarte.

-. Una espiritualidad de la acción, que se debe traducir en cambios y transformaciones concretas y que pasa por los detalles de la vida cotidiana o de prácticas sencillas.

-. Una espiritualidad integral, donde todo está conectado y podamos tener una mirada contemplativa del agua y en general de la naturaleza.

Con ello, aunque estoy relevando el acento espiritual, simbólico y poético del agua, en el documento final del SÍNODO, sobresale la necesidad de asumir compromisos específicos que no puedo detallar aquí por temas de tiempo.

-. Necesitamos trabajar conjuntamente para que el derecho fundamental, de acceso al agua limpia, se respete en el territorio (DFS77) e incentivar a los Estados a que cumplan con sus obligaciones constitucionales sobre estos asuntos, incluyendo el derecho de acceso al agua (DFS78)

-. “Debemos luchar para que las “favelas” y “villas miseria”, tengan asegurados los derechos básicos fundamentales; agua” (DFS35)

-. Crear ministerios (servicios) para el cuidado de la “casa común” en la Amazonía, que tengan como función cuidar el territorio y las aguas junto con las comunidades indígenas (DFS79 y 82),

-. Estudiar y proponer, cómo enriquecer los ritos eclesiales con el modo en que los pueblos amazónicos e indígenas fundamentalmente cuidan su territorio y se relacionan con las aguas (DFS119)

 

* P. Alfredo Ferro, sj, es coordinador del Servicio Jesuita Panamazónico y asesor de la REPAM (presentación realizada en la serie de foros “Del derecho al agua al derecho a la esperanza”

9 August, 2020

No solo es bello el abordaje, usando la poesía como instrumento para decir una verdad que el mundo tal vez no tiene tiempo de escuchar; si, tantas veces dicha: el agua es vida, en ella sudyace el origen de la vida de lo orgánico, cuando no había agua en el planeta solo roca candente existía, pero llego el rocío con las nubes como telón de fondo y se exparcieron gotas como lagrimas que algunas formaron océanos, otras grandes y pequeños rios, montañas de agua en la cima blanca de nuestros andes y ríos como túneles de hormigas, haciendo que lo vivo llegue a lo más hondo que llevamos por dentro.
Llegó el hombre y le puso precio, desde allí se torno gris, lo que cristalino era en los comienzos, ya no es capaz de ser espejo para ver nuestros rostros, estamos a tiempo y con la ayuda de Dios volver al origen y dejar que el gran río sea como siempre, la serpiente enrollada que da vida a todo lo muerto.

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