La pandemia del COVID-19 ha provocado mucho dolor en todo el planeta, pero existen regiones donde los efectos han sido catastróficos. Una de ellas es la Panamazonía, duramente castigada por este enemigo invisible. Para reflexionar sobre “La Panamazonía en época de pandemia”, la Red Eclesial Panamazónica – REPAM, organizaba un webinar en el que estaban presentes tres de los participantes de la última Asamblea Sinodal, el cardenal peruano Pedro Barreto, vicepresidente de la REPAM, la religiosa brasileña Rose Bertoldo y el indígena del pueblo curripaco, José Gregorio Díaz Mirabal, coordinador general del Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica – COICA.

 

Por Luis Miguel Modino

 

El encuentro, mediado por León Souza, articulador de la REPAM-Brasil, y animado por el cantante brasileño Antonio Cardoso, que ha encontrado en la Amazonía y sus pueblos una fuente de inspiración para sus músicas, tenía como punto de partida el agradecimiento de Díaz Mirabal a la Iglesia Católica por su compromiso con la Amazonía. En sus palabras, denunciaba la omisión y el olvido de las políticas públicas de los diferentes gobiernos, que ha provocado que la emergencia se haya convertido en un etnocidio y ecocidio.

Alianza por la Amazonia

A pesar de eso, el coordinador de la COICA no duda en afirmar que “seguimos luchando por la vida, cada líder que se va son millones de conocimientos milenarios que se van, ellos son los dueños de nuestros conocimientos, cultura, identidad”. El significado de los líderes, de los ancianos, de los sabios, es tan importante en el mundo indígena que “cuando perdemos un líder es como cuando una Iglesia se cae, como si la Torre Eiffel, la Estatua de la Libertad o Notre Dame se destruyese”, según Díaz Mirabal. Él denuncia que “nuestros abuelos se van sin un reconocimiento mundial de sus conocimientos”.

Ante la falta de reconocimiento de los conocimientos indígenas, de su historia, el líder indígena ha hecho un “llamado a que seamos más solidarios con lo que está pasando en la Amazonía”, pidiendo una vez más ayuda al Papa Francisco, a quien se refería como “un ser humano que siente con los pueblos de la Amazonía, que los ha defendido con mucha valentía”. Según él, se ha establecido una alianza espiritual, de lucha, que no podemos pararla, entre la Iglesia católica y los pueblos amazónicos. Frente a eso, los gobiernos, que no cumplen las constituciones nacionales y leyes internacionales, continúan cerrados al diálogo con los pueblos originarios, a pesar del constante aumento del número de contagiados y fallecidos. En ese sentido, dice que no hay datos confiables, reclamando “acciones concretas para enfrentar esta pandemia que no va a terminar ahora”.

El coordinador de la COICA ha pedido la alianza de la Iglesia, “que todos los católicos, que la Iglesia hable de la Amazonía, que apoyen nuestra lucha para cambiar la realidad de nuestros pueblos”. En ese sentido, Díaz Mirabal ha destacado la importancia de la Asamblea Mundial por la Amazonía, de la que la Iglesia de la Amazonía ha participado a través de la REPAM. Este grito de la Amazonía, el líder indígena espera que “se convierta en una pandemia de solidaridad, de unidad, de defensa de la vida”.

 

Proceso de renovación

En la Amazonía, la Iglesia católica está en movimiento, como el Río Amazonas, en palabras de Pedro Barreto, “la pandemia nos hace estar recluidos, pero la dinámica, espiritual, eclesial, ecológica está en movimiento”. Junto con eso, siguiendo lo recogido en la encíclica Laudato Si, el cardenal ha resaltado que “todo está conectado, de la Amazonía para el mundo y del mundo para el cuidado de la Amazonía y sus pueblos originarios, tenemos que ser conscientes de que somos parte de una sola familia, la familia humana, cuidar del pulmón de la Tierra”.

En ese momento, a partir de una reflexión que le llevaba a afirmar que “siendo uno de los pulmones del mundo, los que viven ahí se están asfixiando”, recordaba a Santiago Manuin, “un sabio, alguien que enfrentó los fusiles desarmado y fue acribillado por las balas asesinas, en Bagua, por defender a la Amazonía y a los pueblos amazónicos”, alguien que representó a los pueblos amazónicos en su encuentro con el Papa Francisco en Puerto Maldonado. El cardenal afirma que “los que no interesan al mundo, los que viven en la periferia, Dios los toma en cuenta en primer lugar, aquí está la revolución del Evangelio de Jesús”.

De hecho, Barreto sostiene que “el proceso de renovación profunda lo vamos a iniciar en los pobres, en los que no cuentan para la sociedad, pero sí para Dios, como protagonistas de una nueva visión”. Desde ahí, el vicepresidente de la REPAM, deja claro que “la Iglesia está comprometida para que los pueblos amazónicos sean protagonistas de un desarrollo alternativo, un nuevo camino que la Iglesia y la sociedad en su conjunto debe vivir, un nuevo modelo de desarrollo humano integral”.

Para eso, según el purpurado, es necesario “convencerse de que los pueblos originarios, como reclama el Papa Francisco, tengan dignidad, que su voz sea escuchada y sus propuestas ambientales y culturales sean un aporte para este nuevo camino de la Iglesia y de la sociedad, donde se pueda aspirar a una mayor justicia, y también para una nueva ecología integral”. Para eso es necesario, en palabras del vicepresediente de la REPAM, un proceso de “inculturación, encarnarse en y desde la Amazonía y los pueblos originarios. No podemos separar la defensa de la vida de la defensa de la casa común, la Iglesia quiere acompañar a los pueblos originarios, a los invisibles para la sociedad”.

Son pasos que se han ido concretando en el Sínodo para la Amazonía, en la Conferencia Eclesial de la Amazonía, según el cardenal peruano. Pero por encima de esas mediaciones, Barreto enfatiza “la necesidad de jugarse la vida por los pueblos amazónicos”, al punto de afirmar que “los sueños del Papa Francisco son los sueños de la Iglesia y de los pueblos amazónicos”.

 

La mujer en la Amazonía

El papel de la mujer en la Amazonía es de singular importancia, pero también podemos decir que las mujeres también son un colectivo vulnerable, especialmente en este tiempo de pandemia, según Rose Bertoldo, que comenzaba su intervención recordando que el webinar se celebraba el 30 de julio, Día Mundial de Lucha contra la Trata de Personas, que en Brasil llevó a la Iglesia a organizar la campaña “¿Cuánto vale la vida?”, en un intento de dar visibilidad la lucha contra la trata.

Según la auditora sinodal, la pandemia “ha causado sufrimiento, especialmente a las mujeres y las niñas, un sufrimiento muy invisible”. Para las mujeres que conviven con parejas agresivas y violentas, que ejercen un mayor control sobre ellas, además de otros tipos de violencia que se producen en el espacio familiar, como las psicológicas, las palizas y otras formas de maltrato, muchas veces con la certeza de la impunidad, este aislamiento ha intensificado la violencia de género”. En este tiempo de la pandemia se demostró que “el feminicidio se está extendiendo, mientras que los servicios para combatir la violencia doméstica, que deberían ser un servicio esencial, están cada vez más debilitados”.

En la Pan-Amazonia la primera amenaza es la naturalización de la violencia, incluyendo la precaria situación de la salud y la educación. Junto con esto, la explotación de las mujeres en actividades extractivas e ilícitas, como las minas ilegales, la migración forzosa, la pérdida del patrimonio cultural de diferentes culturas indígenas y no indígenas. Según la auditora sinodal, “en la misma lógica del capital, que explota y despilfarra los recursos, la vida de las mujeres está sometida a este mismo proceso de explotación, y son ellas las que más y mejor cuidan la Casa Común y los territorios. Estos son temas presentes en el proceso del sínodo, en el documento final y en Querida Amazonía.

Ante esta realidad, la religiosa, que forma parte de la Red Un Grito por la Vida, insiste en que “la Iglesia quiere escuchar y caminar con la gente, para cuidar la vida. Cuando se viola a una mujer en su dignidad, en sus derechos, es el cuerpo de Cristo el que es violado”. De hecho, “donde la Iglesia ha dejado de ser esta presencia, la explotación ha aumentado”, hasta el punto de que, especialmente en la Amazonía, “no se puede pensar en la evangelización sin pensar en la cuestión de la violencia contra las mujeres, el feminicidio, la violencia contra los jóvenes, el abuso, la explotación sexual y la trata de personas que tiene lugar en estos territorios”.

 

Seguir caminar juntos

A pesar de la pandemia la Iglesia en la Amazonía continúa caminando, según el cardenal Barreto, en un proceso dinámico, que recientemente ha avanzado con la creación de la Conferencia Eclesial de la Amazonía, la primera de este tipo en la historia de la Iglesia, mostrando que en ella se hace presente el Pueblo de Dios que está a camino, siendo formada por obispos, religiosos y laicos. Junto con esa nueva conferencia, con la que la REPAM tiene un papel articulado y complementario, se va a dar continuidad al proceso sinodal, que haga presente a la Iglesia en la Amazonía.

De hecho, tal como el Amazonas, comienza muy pequeño, la Conferencia Eclesial también ha comenzado muy pequeña, afirma el cardenal Barreto, pero poco a poco va a recoger los frutos. Según el vicepresidente de la REPAM, “estamos en un tiempo de gracia, de ilusión, de seguir caminando juntos, porque estamos en el camino que Dios quiere, dignificar la persona de los pueblos amazónicos y cuidar de la esperanza del mundo”.

Volviendo al tema del enfrentamiento a la trata de personas, la hermana Rose Bertoldo informó sobre el trabajo desarrollado en Brasil por la Comisión Episcopal Pastoral Especial para el Enfrentamiento a la Trata de Personas (CEPEETH) de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB), que está ayudando a “dar visibilidad a este crimen de violencia, explotación sexual y trata de personas, estamos rompiendo con esta naturalización”. Según la religiosa, “la Iglesia ha asumido este tema en las comunidades, haciendo celebraciones y trayendo el tema para el debate”.

El objetivo debe ser “denunciar, sensibilizar a la Iglesia y a nuestros espacios eclesiales con una mirada sensible para que la gente denuncie. Tener una nueva mirada y estar presente con esta nueva mirada en los espacios donde estamos”, insistiendo en que “la Iglesia se hace presente en muchos espacios donde el estado no lo está”. De ahí la importancia de “pequeñas iniciativas para deconstruir esta violencia, para denunciarla, para acoger a las víctimas, para romper los silencios”.

Gregorio Díaz Mirabal destacaba la lucha de la Iglesia por mejores caminos. Junto con eso, para el líder indígena “es importante destacar que estamos luchando por la naturaleza, por nuestra vida, los pueblos indígenas y la Amazonía representamos el 90% de la diversidad del planeta”. Para Díaz Mirabal, “la relación de la mujer con la naturaleza, con la vida, como madre, como representación de la vida, tiene que ser respetada”. Nuevamente insistía en el pedido de ayuda al Papa Francisco, a la Iglesia, de un apoyo a los pueblos amazónicos del Perú, que están en emergencia, dirigiéndose en este caso al cardenal Barreto.

El coordinador de la COICA, ante la pregunta de una de las participantes en el webinar, afirmaba que “la economía indígena es una economía solidaria, contraria a la economía que le da valor monetario a la selva y a las personas, por eso nuestra economía no es viable para las empresas y no es valorada, está invisibilizada”. En ese sentido, hacía un convite a ver las prácticas ancestrales, que toman de la selva lo necesario, buscar los mecanismos para fortalecer los productos de la selva, el turismo responsable, Finalmente apelaba a “estar juntos para despertar a la humanidad para que podamos seguir existiendo como colectivos, sin dejar de lado a los más débiles”.

 

El próximo Conversatorio en Red, organizado por la REPAM, será realizado el 27 de octubre, en la conmemoración del primer año del Sínodo para la Amazonía.

 

 

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