Foto: Luis Miguel Modino

 

 

En el Papa Francisco, en Jorge Bergoglio, o simplemente en Jorge, que es como le trata en sus conversaciones privadas “no hay una preocupación por ver de donde venís, no hay un informe institucional, en la cabeza de Bergoglio no existe ese pensamiento de este es judío, este es islámico”. Quien así habla es Luis Liberman, judío argentino, a quien le unen al Papa intereses ideológicos comunes de cuando era arzobispo de Buenos Aires, pues Bergoglio siempre se aproxima de quien busca el bien común. 

 

 Por Luis Miguel Modino *

A decir verdad, el primero de la familia Liberman en conocer a Bergoglio fue Julio Liberman, el abuelo de Luis, un líder del Partido Comunista de Argentina, que en los últimos años de su vida tuvo como bandera la defensa de los jubilados, que ganan muy poco. En ese tiempo, inicio de la década de 1990, “Bergoglio conoce a mi abuelo, siendo obispo auxiliar y responsable de la Pastoral de la Tercera Edad”, afirma Liberman. Dos días antes de su muerte, Julio Liberman llama a su nieto y le anuncia que va a morir, y le dice “lo único que tenéis que hacer es llamar a Bergoglio”.

“A las tres horas de llamar a su secretaria, Bergoglio fue al velatorio y preguntó por mí”, dice Luis Liberman. Él no estaba, pero una semana después, estamos hablando de febrero de 2003, le llamó y marcaron un encuentro, el siguiente martes a las 7 de la mañana, algo se repitió durante 6 meses. Después se reunieron los viernes a las 5 de la tarde, cuenta el amigo judío del Papa, aunque la religión no fuese lo que les llevó a encontrarse. De hecho, “nuestro punto de encuentro con Bergoglio fue la política, la literatura y la educación. No fue una cuestión religiosa”, insiste Luis, añadiendo que “tenemos una amistad que trasciende lo religioso, una amistad fraterna, y Jorge, Francisco, es un maestro sensacional. Jorge sostiene a sus amigos”.

Laudato Si’

La política es el arte de hacer posible lo necesario, afirma Luis Liberman, y en la política “Francisco tiene una visión ontológica”, algo que aparece tanto en Evangelii Gaudium como Laudato Si, que tienen un estructurante político, según el antropólogo argentino. De hecho, según él, “pensar que Laudato Si es una encíclica ambiental es cometer un error de reduccionismo”. Liberman sostiene que “en la construcción de las tensiones polares que plantea Francisco hay un entrecruzamiento con la política, en términos de poder verbo, no poder sustantivo, que es una acción transformadora, que sólo hace posible la construcción del bien común a partir de una praxis”.

Desde esa afirmación, ve que “Laudato Si es una visión geopolítica, social y ambiental, que plantea que la problemática de la humanidad, el salvar el planeta, comienza en la política”. De hecho, Liberman afirma que “Francisco es un sujeto político, que piensa en términos de animal político”, algo que por ejemplo demostró en su discurso en Naciones Unidas, donde “desliza la visión política de la sustentabilidad de un organismo que si realmente no fija metas concretas y como conseguirlas, es un organismo que deja de tener un poder real, para tener un poder formal, y por tanto inútil para el desafío de hacer un mundo mejor”.

Para Liberman, “en términos weberianos, podríamos plantear que la acción política en Francisco está vinculada a fines racionales, pero también a una ética, que está marcada por la posibilidad de pensar el futuro”. Eso es algo que se puede vislumbrar en la relación existente entre Laudato Si y el Sínodo para la Amazonía, que podría ser visto como la aplicación del documento papal al territorio. Desde esa perspectiva, cobran especial importancia las palabras que el Papa dijo cuando terminó la Asamblea Sinodal, “concéntrense en los diagnósticos, porque es ahí donde debemos intervenir, y esa intervención es social, ambiental, cultural y política”, destaca Luis.

Sínodo Amazónico

De hecho, “el Sínodo es la concreción política de Laudato Si, y su extensión al territorio y la implementación de sus decisiones abre un desafío esperanzador y transformador”, según el antropólogo. En esa perspectiva, destaca que “en un mundo donde los partidos políticos están tan desacreditados y la democracia se convierte en democracia de personas, el hecho de tomar conciencia de la tragedia humana que sucede en la Amazonía, y esa toma de conciencia tener una pedagogía del cuidado y del cambio, alerta a los poderosos de que los humildes están tomando algo que estuvo escamoteado, que es el conocimiento”. Por eso, sin olvidar la relación de los estados con el extractivismo depredador, Liberman insiste en buscar estrategias de desarrollo para la Amazonía junto con los pueblos que allí viven. Buscar un programa político amazónico, “basado en entender nuestras diferencias y caminar juntos como hermanos, que debería llevar a los poderosos a sumarse, no a considerarlo como enemigo”.

Ante la pandemia del COVID, que afecta a las poblaciones más vulnerables, algo que se ve todavía más claramente en la Amazonía, Luis insiste en la necesidad de inversión en políticas sanitarias de los estados nacionales, que nunca favoreció a los sectores desprotegidos de la Amazonía, y en consecuencia, estas muertes, evitables en otro contexto, no han sido impedidas de ninguna manera. Él recuerda las palabras de Patricia Gualinga, lideresa del pueblo Kichwa de Sarayaku, quien ha dicho que están buscando alternativas de cura al COVID en la medicina ancestral, con algún grado de éxito, sin esperar a que la medicina occidental resuelva lo que nunca atacó, que tiene que ver con el descuido, con la desprotección de los pueblos originarios.

Foros Virtuales del Derecho al Agua

Desde el mes pasado, el Instituto para el Diálogo Global y la Cultura del Encuentro, del que es fundador y director, está organizando, junto con la Red Eclesial Panamazónica – REPAM, el “Foro del Derecho al Agua al Derecho a la Esperanza”, algo que define como una continuidad de una serie de encuentros de gestión del conocimiento que comenzaron con el camino común que hicimos con la REPAM desde 2015. En este recorrido ya se han celebrado el “Seminario del Derecho al Agua y las Políticas Públicas”, celebrado en el Vaticano en febrero de 2018, de donde salió una declaración citada en la abertura del Sínodo, otro Seminario, “Del Derecho al Agua al Derecho a la Paz”, ese mismo año, acompañando la visita del Papa a Colombia, con dirigentes de las FARC y de la gestión estatal del post conflicto.

Liberman destaca que “nuestra prédica siempre buscó territorializar el conocimiento, no llevar el conocimiento solamente al plano académico, sino también ponerlo al alcance de la mano de aquel que requiere ese conocimiento para gestar sus acciones”. Este trabajo, que también tuvo otro encuentro en Buenos Aires, “Del Derecho al Agua al Derecho al Futuro”, pretendía hacer este seminario, que está siendo virtual, con sesiones cada dos semanas, que deben prolongarse hasta octubre, en Roma. El objetivo es “fortalecer, atender y acompañar las decisiones científico-técnicas, de divulgación y de gestión del conocimiento que emanaron del Sínodo”, afirma Luis, que insiste en que “nuestra idea es generar un ámbito de intercambio entre conocimientos probados que sean transferibles a las comunidades”.

El director del Instituto para el Diálogo Global y la Cultura del Encuentro sostiene que “el COVID, en cuanto crisis global, nos da una oportunidad de repensar nuestras políticas públicas poniendo el agua y el ambiente al inicio de la gestión de las políticas públicas, no al final, después de haber puesto el capital financiero y productivo, dejando los derechos básicos, el derecho al agua, para el final, para lo cual se crean Ministerios de Ambiente”. La importancia de esta postura radica en que se trata de una cuestión de construcción de futuro, según Liberman, que va más allá, diciendo que “solo es posible un futuro si hacemos en el presente lo necesario para que el futuro exista”. Eso demanda, en su opinión, “poder sembrar un grado de conciencia de que la política ambiental, en el sentido amplio, quizás en el sentido que expresa Laudato Si, tiene que estar al principio de la ética y de las prácticas de las políticas públicas”, lo que demanda “crear sistemas educativos de distinto orden que nos permiten postular ese futuro”.

Task Force

Esa construcción del futuro es una de las preocupaciones del Papa Francisco, que creó la Task Force en ese sentido. Liberman la entiende “como si fueran círculos concéntricos, que en el centro está el Vaticano, que planteó un enfoque transversal a varios dicasterios que le permitió movilizar de cierta zona de confort, en la cual se instala la Curia Romana, a actores que hasta el momento no habían expresado”. En ese sentido, él la ve como “una comisión inspiracional más que práctica, porque está trazando escenarios de futuro, que son algo hipotético antes que predictivo”. Un elemento importante es que “esa comisión debería obligarse a pensar en trasladarse al territorio, tiene que entrar en profundo contacto con la Conferencia Eclesial Amazónica y con las conferencias episcopales”, destaca Luis, que la ve como un instrumento que “le provee a la Iglesia un andamiaje político que muchas veces la Iglesia no articula”. En esa perpectiva, el antropólogo compara la Iglesia con algo que está permanentemente en tensión, sabiendo que la unidad es superior al conflicto.

Para Liberman, “el desafío de la Task Force es cruzar esas tensiones polares que menciona muchas veces Francisco y vertebrarlas en función de un desafío temporal desde un enfoque político y cultural”. Por encima del impacto que pueda tener, un concepto del que dice que no le gusta, en relación con la Task Force, “lo importante es que suceda una trama, que es lo que provoca los cambios de abajo hacia arriba, como un entretejido, que hace que juntos sean fuertes los hilos que solos son frágiles”. Por eso, “el desafío es construir tramas que tengan una transferencia pedagógica a la Iglesia universal a través de lo local”, insistiendo en apoyar la naciente Conferencia Eclesial Amazónica, que Luis define como polifónica, porque toma las voces de todos los participantes.

Francisco: “peregrino de las periferias”

En referencia a esta Conferencia Eclesial de la Amazonía, que no podemos olvidar que fue una orientación del Papa, Liberman define a Francisco como “un peregrino de las periferias”. Él afirma que “Jorge Bergoglio es un hombre que fijado un objetivo, en consonancia con sus convicciones, no se aparta del cumplimiento del mismo aunque el camino sea más largo”. En ese caminar de la Conferencia Eclesial de la Amazonía señala algunos elementos importantes como la creación de la Universidad Amazónica, que aparece como sugerencias del Documento Final del Sínodo, y los seminarios, afirmando que “si el Papa quiere cambiar la Iglesia tiene que reformar el curriculum de los seminarios”.

Foto Luis Miguel Modino 

 Fotos: Luis Miguel Modino 

Liberman cuenta una anécdota que nos ayuda a entender la personalidad de Jorge Bergoglio. Tuvo lugar en 2010, cuando le pregunto si él sería Papa, a lo que respondió que “no tengo posibilidades de ser Papa, pero solo sería Papa si la patria me necesita”. El amigo del Papa dice que “cuando le eligieron entendí que la patria era la humanidad y que este hombre, con 76 años, con un pulmón y tres cuartos, se entregaba a la humanidad”. Con eso también perdió mucho, pues según Luis, “nada le gustaba más a Jorge Bergoglio que salir a la calle, juntarse con los más humildes”. Desde ahí se pueden entender términos presentes en el vocabulario de Francisco, como cultura del descarte o globalización de la indiferencia.

De hecho, Luis Liberman define el pensamiento de Bergoglio como al muy complejo, que no complicado. Eso es lo que ayuda a entender “la dimensión por la cual Bergoglio observa la realidad y la traduce a palabras muy sencillas, que sin embargo tienen tal estratigrafía que para muchos es difícil de comprender y para otros es una matriz conceptual”. Desde ahí él entiende que “la indiferencia globalizada es la incapacidad de ver al otro que sufre al punto tal de que la indiferencia descarta al otro”. Junto con eso, ve que “la cultura del descarte es la cultura de la sociedad rota, que surge de un hombre que caminaba”.

Todo ello lleva a alguien que se dice y se siente su amigo, un judío amigo del Papa, a afirmar que “para mí es un maestro y es un maestro inspirador, lo es porque esencialmente Bergoglio es un pedagogo”. Lo ejemplifica al señalar que “siempre digo que la sabiduría de este hombre no está en decirte que vas a chocarte contra la pared, sino en ordenarte el camino para que no te choques, ahora, si te chocas es culpa tuya”.

 

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