Este fin de semana, 18 y 19 de julio, se celebra la Asamblea por la Amazonía, una auto convocatoria de los pueblos indígenas de la Amazonía, que pretende provocar una reacción que ayude a parar el etnocidio, el ecocidio y el extractivismo en la Amazonía, que se agrava con la pandemia del COVID – 19. Como momento preparatorio se ha celebrado este viernes, 17 de julio, el evento el Grito de la Selva, organizado por la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica – COICA, que quiere ser un posicionamiento de los pueblos indígenas ante el momento que estamos viviendo.

Por Luis Miguel Modino

La pregunta de fondo del webinar ha sido: ¿Por qué los pueblos indígenas de la Amazonía son altamente vulnerables al COVID-19? Las respuestas las encontramos en los pueblos del territorio, que hacen un llamado a cuidar y defender la selva. Son hombres y mujeres que tienen la capacidad de hablar con la naturaleza y que desde ahí lanzan un grito por la Amazonía, “descubriendo todo el poder que nos puede brindar la naturaleza”, como afirmaba Alberto Fiagama, indígena colombiano, uno de tantos sabios que tradicionalmente han conservado y transmitido las cosmovisiones de los diferentes pueblos de generación en generación.

 

Sabiduría ancestral

La sabiduría de los abuelos es algo que agradecía Gregorio Díaz Mirabal, coordinador general de la COICA, destacando la importancia de su labor de compartir la cultura ancestral, en códigos que solo ellos conocen y que hacen posible conservar los conocimientos indígenas. En sus palabras, invitaba a la humanidad a “escuchar nuestro grito por la selva, un grito de dolor, de luto, pero también de esperanza y resistencia, queremos denunciar y proponer soluciones para la Amazonía y el Planeta, paren el etnocídio y el ecocídio”. Díaz Mirabal insiste en la importancia de una selva de pie, viva, y por eso afirma que “no queremos la destrucción de nuestra Madre Selva, no queremos más invasiones del extractivismo”.

El coordinador de la COICA pide un remedio espiritual para que haya un diálogo, soluciones globales y territoriales, que se cumplan las leyes, denunciando que no se están respetando los derechos de los pueblos indígenas de la Amazonía. Por eso, el líder indígena ve necesario un remedio espiritual contra el olvido, la xenofobia, la falta de solidaridad de la humanidad con la Amazonía y sus pueblos. Al mismo tiempo exige un dialogo para acabar con la pobreza extrema que genera este modelo de desarrollo que acaba con la Amazonía. Ese dialogo debe nacer de la necesidad de “respetar los derechos de la Madre Selva y de los pueblos que viven acá”, pidiendo que se unan todas las voces de la Amazonía y de la humanidad.

 

Escuchar el grito de los pueblos amazónicos

 La Iglesia católica también se ha querido sumar a este evento preparatorio de la Asamblea Mundial de la Amazonía, en la que se ha implicado desde el momento en que nació la idea. El vicepresidente de la Red Eclesial Panamazónica – REPAM, el cardenal Pedro Barreto destacaba la importancia de la COICA en su trabajo de asociación de los pueblos amazónicos. En ese sentido, el purpurado enfatizaba el cariño del Papa Francisco por la Amazonía, algo expresado en la exhortación Querida Amazonía, donde aparece una actitud de defensa de los derechos humanos, así como la decisión de la Iglesia de acompañar a todos los pueblos indígenas desde su gran riqueza social, cultural y ecológica.

El cardenal peruano recodaba en sus palabras que el hermano Francisco, como se refieren a él los pueblos originarios de la Amazonía, “escuchó el grito de los pueblos amazónicos”. Barreto reconoce la riqueza cultural de los pueblos amazónicos, que él ve como “pueblos agradecidos por la sabiduría de los abuelos, que enriquecen este momento difícil que estamos viviendo en la Amazonía y en el mundo”. El vicepresidente de la REPAM critica la fragilidad de este sistema tecnocrático que no tiene rostro humano, así como la tortura a lo largo de siglos sufrida por las poblaciones amazónicas. Por eso, insiste en que “no podemos permitir el genocidio y ecocidio actual, tenemos que unirnos, crear conciencia de la unidad en la diversidad”.

La Iglesia católica es una aliada de los pueblos indígenas, enfatizaba Pedro Barreto, algo solicitado en el Sínodo, donde se hicieron presentes representantes de estos pueblos, entre ellos Gregorio Díaz Mirabal, presidente de la COICA. Ante esta realidad, el cardenal insite en que queremos servir, algo mostrado por el Papa Francisco, que ha señalado para la Iglesia y para la humanidad una experiencia de denuncia, denunciando un sistema que excluye, en que unos pocos lucran con el sufrimiento de estos pueblos, apayando la necesidad de levantar la voz con este remedio espiritual del que hablaba Díaz Mirabal.

El Cardenal Barreto destaca la importancia de la Asamblea para la Amazonía como “expresión genuina de que los pueblos amazónicos unidos colaboran para defender, como heroicos guardianes de ese bioma que es importante para la humanidad”. En ese sentido, afirma que la sabiduría y cultura de los pueblos amazónicos es importante para la humanidad, su vida sobria, haciendo ver la necesidad de que la tecnología esté al servicio de la vida y de las culturas. El cardenal deja claro a los pueblos indígenas que “la Iglesia católica está muy atenta y les acompaña en este proceso de reivindicación y en su actitud firme de defensa de nuestra casa común”. Finalmente lanzaba un desafío a la COICA, la convocatoria de una asamblea mundial de pueblos originarios de toda la humanidad, como un paso decisivo en la defensa de la vida y que los pueblos originarios sean protagonistas de una nueva visión que respete la vida humana.

Situación crítica

Representantes de los pueblos indígenas de los países amazónicos han mostrado la realidad que están viviendo sus pueblos en este tiempo de pandemia, una realidad que agrava situaciones de olvido histórico y exclusión vividos a lo largo de los siglos, algo acentuado en los últimos años por los efectos del extractivismo de los recursos naturales. En general, la situación es crítica, algo en lo que insistía Lisardo Cauper, del pueblo Siphibo, que denunciaba la desatención sanitaria y el abandono total a los pueblos indígenas, fruto de un sistema excluyente, discriminador racial, que cada día provoca la muerte de los indígenas. Frente al deseo del estado de reactivar la economía exige el fin de los sistemas excluyentes, insistiendo en que “necesitamos la atención y solidaridad del mundo, porque nos estamos muriendo”.

La Amazonía es una región donde muchos llegan para llevarse sus recursos, dejando enfermedades, como denunciaba desde Surinam Sirito-Yana Aloema. El líder indígena, ante la falta de derechos indígenas, llega a decir que el gobierno quiere que desaparezcamos de la Madre Tierra. Él insistía en que “no necesitamos dinero, lo que necesitamos es armonía, amor y respeto”. Junto con eso, la necesidad de orar todos los días, “si oramos la Madre Tierra nos salvará, por eso tenemos que protegerla y proteger a las personas que están cuidando de nuestros pulmones”.

Ante la situación que se vive, Eligio da Costa Evaristo, destaca la importancia del trabajo de prevención en las comunidades, así como hacer ver a los estados que tenemos nuestros derechos. Él insiste en acabar con las actividades que destruyen la naturaleza, en el caso de Venezuela, donde él vive, la gran amenaza es el Arco Minero del Orinoco. Estas situaciones no son nuevas, pues existen enfermedades estructurales en la Amazonía, fruto de la presión de las empresas que llegan de fuera, como denunciaba desde Colombia Julio Cesar López. Entre ellas relata la contaminación, la colonización, familias que son pagadas por grandes empresarios para ir a vivir en la Amazonía, los madereros, ganadería extensiva, infraestructura, sobretodo carreteras, inclusive algunas ilegales, caza furtiva, violencia de diferentes grupos armados, narcotráfico, represas, racismo con los indígenas, que define como pandemias estructurales. Él exige poder vivir en la Amazonía, donde no hemos llegado por un interés económico. No es tolerable que gente de fuera quiera imponer lo que se tiene que hacer en la Amazonía, tiene que hablarse con los actores de los territorios amazónicos.

Acciones ante la pandemia

La falta de registro de los casos de COVID-19 es algo presente en la Amazonía desde el principio, algo que se ha hecho todavía más visible en Brasil, como señalaba Valeria Payer Kaxuyana. Las organizaciones indígenas denunciaron desde el principio que el COVID-19 atacaría muy gravemente a los pueblos indígenas, lo que se ha constatado en la alta tasa de infectados y muertos, muy superior a la media general. Esto se agrava con el discurso de un gobierno que legaliza los incendios y las invasiones de los territorios, que fomenta la xenofobia, hasta el punto de denunciar que “este gobierno no nos quiere con vida, hace todo para matarnos”. Ante esta situación, afirma que “vamos a continuar luchando contra esta política genocida que se ha instalado en el gobierno brasileño”.

La misma situación se vive en Bolivia, desde donde Tomás Candia denuncia que “el gobierno no escucha, no está haciendo nada por los pueblos indígenas, nadie nos hace caso”. En este tiempo de pandemia, “la minería no para y está destruyendo nuestro territorio, también las carreteras, los cocaleros, el narcotráfico”. Combatir eso no es fácil en Bolivia, pues como afirma el líder indígena, “en nuestro país el que salga a defender derechos o la naturaleza es perseguido y encarcelado”.

Para enfrentar este momento de pandemia, los pueblos originarios de la Amazonía están llevando a cabo prácticas tradicionales de autoprotección, de uso de la medicina tradicional, de mecanismos espirituales de sanación, como afirmaba Robinson López, quien desde Perú destacaba la importancia de las plantas sagradas a lo largo de la historia en la cura de enfermedades, algo que también se está poniendo de manifiesto en este momento. Desde ahí destaca la necesidad de entender que “la naturaleza es nuestra Madre, donde está la vida de todos, es para todos y es de todos”.

En ese trabajo de prevención, la importancia de las mujeres es fundamental, como relataba Tabea Casique Coronado, es fundamental, sobretodo con el uso de plantas medicinales. La coordinadora del área de educación de la COICA  denuncia que en Perú, desde donde hablaba, los niños indígenas se están quedando sin educación, pues el estado no destina recursos. Es la situación que también se vive en Surinam, denuncia Irvin Harvey, ante lo que las comunidades se ven obligadas a auto gestionarse para enfrentar el COVID, muchas veces a través de la medicina natural.

La COICA ha visto en la auto gestión de los recursos el camino a seguir, demostrando que los pueblos y organizaciones indígenas tienen capacidad de responder. En ese sentido, Michael Jhon McGarrell, indígena de Guyana, pedía una mayor coordinación con los gobiernos que ayude a garantizar los recursos básicos. Ese fondo de emergencia creado por la COICA está respondiendo a muchas solicitudes de las comunidades amazónicas, como recordaba Adolfo Chávez, quien desde Bolivia denunciaba la falta de voluntad política de los gobiernos en diferentes niveles, que muestran poca sensibilidad con los pueblos indígenas. En ese sentido, el fondo de la COICA permite gestionar de forma transparente los recursos recibidos.

En Brasil, a la lucha de los pueblos indígenas contra el COVID se une el enfrentamiento a la política de estado, que es genocida, como afirmaba Elcio Manchineri. El indígena brasileño destaca que en esa tesitura es fundamental el fondo de emergencia de la Amazonía, lo que ayuda a combatir la falta de alimentos, asi como en la adquisición de equipamientos para hacer los primeros auxilios en las comunidades, lo que puede salvar más vidas, pues muchos pacientes tardan varios días en llegar a los hospitales en barco. De cara al futuro, insiste en la necesidad de pensar en la postpandemia y en las secuelas que esta va a dejar en los pueblos indígenas, para lo que resulta decisivo la garantía de la inversión de la totalidad de los recursos en favor de estos pueblos.

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