A las autoridades y a toda la ciudadanía de Colombia

 

“Una emergencia como la del COVID-19, es derrotada en primer lugar con los anticuerpos de la solidaridad” (Papa Francisco: Meditación de un plan para resucitar).

 

Los obispos de la Amazonía y Orinoquia colombiana, ante la situación producida por el COVID19 y ante los aumentos progresivos de las personas contagiadas y fallecidas en nuestra región, elevamos nuestra voz de ánimo y esperanza:

1. Como pastores, consideramos, que este momento que vivimos es único, a pesar del dolor que produce. Es también una oportunidad para reflexionar sobre lo que somos y tenemos y la manera como nos hemos relacionado entre nosotros, con la naturaleza y con Dios. Es la hora de reconciliarnos con nuestra existencia en esta Casa Común (LS).

2. Reconocemos el gran esfuerzo que realiza el Gobierno por otorgar ayuda a la población más necesitada. Sin embargo, lo exhortamos, a actuar de manera eficiente, al constatar que muchas personas en condiciones económicas precarias y que no están incluidas en los programas de ayuda, no han podido acceder al circuito de entrega de víveres o dinero. Aunque todo el país está amenazado por esta pandemia, no todos estamos en las mismas condiciones para responder a ella. Las desigualdades sociales visibles, dejan desprotegidos a los más débiles y vulnerables. Nos asiste una especial preocupación por la situación de las personas en la cárcel de Villavicencio y de los habitantes de Puerto Leticia.

3. Animamos a la población de la región amazónica a seguir cumpliendo con las medidas decretadas por el Gobierno Nacional, aunque reconocemos que estas medidas son difíciles de cumplir debido, a que, desde antes de estallar la crisis por el COVID19, la población amazónica y en especial los indígenas, campesinos y afros, ya se encontraban en situación de pobreza estructural, en condiciones de inseguridad alimentaria y malnutrición, sin acceso a la salud y al agua potable. Es de nuestra especial preocupación la extrema vulnerabilidad de los pueblos in-dígenas en aislamiento y contacto inicial, pues, si esta pandemia llegara a sus territorios, tendría consecuencias desastrosa: “La desaparición de una cultura puede ser tanto o más grave que la desaparición de una especie animal o vegetal” (LS 146). No exageramos, cuando creemos, que si los números de contagiados y muertos siguen creciendo, estaríamos ad portas de un etnocidio indígena causado por la pandemia. Urge una respuesta inmediata para afrontar esta crisis; pero además, se hace necesario replantear el sistema sanitario de estos territorios de la periferia colombiana.

4. En este sentido, nos unimos a la solicitud, realizada por la Organización de Pueblos indígenas de la Amazonía Colombiana –(OPIAC), de la necesidad de un diálogo urgente entre el Gobierno Nacional y las estructuras de Gobierno Propio y los escenarios de Consulta y Concertación con los Pueblos Indígenas, para dar vía al “Plan de acciones Urgentes en los territorios y pueblos indígenas para la mitigación de la pandemia COVID19 y para el autocuidado propio”, el cual deberá tener en cuenta la diversidad cultural y los saberes indígenas. Por lo tanto, consideramos necesario contar para todo ello, con la participación de las organizaciones indígenas y populares e implementar una estrategia que asegure alimentos y productos de higiene y limpieza, con el fin de afrontar en mejores condiciones la pandemia y la cuarentena durante los siguientes meses.

5. Nos adherimos al llamado de la Conferencia Episcopal Colombiana, en su comunicado del 30 de abril, a detener la dinámica de la violencia y del narcotráfico con las que sólo se consiguen sufrimiento, pobreza y muerte. Al reconocer el esfuerzo de lo que significa una verdadera paz en nuestra patria, invitamos al Gobierno nacional, a hacer todos los esfuerzos para avanzar en la implementación de los acuerdos de paz, que daría un respiro y una esperanza al país y en general a las comunidades tan azotadas por las violencias. Lamentamos que en este tiempo de pandemia, continúen los asesinatos de líderes y lideresas sociales; a la vez, rechazamos todo acto violento que atenta contra la vida. Pedimos acciones urgentes de las autoridades, para tomar las medidas necesarias que permitan frenar esta realidad dolorosa; así como, el poner punto final a la devastadora deforestación de la Amazonía, que en estos tiempos de cuarentena se ha agudizado de manera alarmante.

6. En este tiempo en el que nos vemos obligados a prescindir de nuestras celebraciones comunitarias de la fe, animamos a fortalecer la Iglesia doméstica en cada hogar y estar atentos a las violencias intrafamiliares que se puedan presentar. La familia es la base de la sociedad y de la comunidad creyente. Invitamos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad y a los fieles de nuestras Iglesias locales, a aprovechar este tiempo de cuarentena para meditar, orar y hacer una lectura contextualizada de la Palabra de Dios, que nos reconforte y nos de esperanza. Vivamos este tiempo sintiéndonos especialmente solidarios y siendo cercanos a los más necesitados, socorriéndoles desde lo que nos permite el aislamiento social establecido.

7. La Iglesia sigue viva y su caridad no descansa. Por eso estamos poniendo a disposición de las autoridades sanitarias nuestros espacios físicos. Desde las Pastorales Sociales vicariales y parroquiales, continuamos ofreciendo nuestros recursos humanos y económicos para aliviar esta crisis. Siendo Cristo Resucitado el mayor tesoro que la Iglesia puede ofrecer (cfr. Hch 3, 6), ahora más que nunca, nos sentimos unidos en la oración con todo el Pueblo de Dios y con todas las personas de buena voluntad.

Que Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, junto con María, nos contagie la esperanza de que juntos podremos salir de esta prueba.

Unidos en el amor de Dios por su pueblo,

Mons. Óscar Urbina Ortega – Arzobispo de la Arquidiócesis de Villavicencio
Mons. Omar de Jesús Mejía Giraldo-Arzobispo de la Arquidiócesis de Florencia
Mons. José Figueroa Gómez – Diócesis de Granada -Colombia
Mons. Francisco Javier Múnera Correa- Diócesis de San Vicente del Caguán
Mons. Luis Albeiro Maldonado Monsalve – Diócesis de Mocoa-Sibundoy
Mons. Nelson Jair Cardona Ramírez – Diócesis de San José del Guaviare
Mons. Edgar Aristizábal Quintero-Diócesis de Yopal
Mons. Jaime Cristóbal Abril González- Diócesis de Arauca
Mons. José de Jesús Quintero Díaz – Vicariato Apostólico de Leticia
Mons. Héctor Javier Pizarro Acevedo – Vicariato Apostólico de Trinidad
Mons. Francisco Antonio Ceballos Escobar – Vicariato Apostólico de Puerto Carreño
Mons. Medardo de Jesús Henao del Río – Vicariato Apostólico de Mitú
Mons. Raúl Alfonso Carillo Martínez – Vicariato Apostólico de Puerto Gaitán
Mons. Joselito Carreño Quiñonez – Vicariato Apostólico de Inírida
Mons. Joaquín Humberto Pinzón – Vicariato Apostólico de Puerto Leguízamo-Solano

1 de mayo, 2020

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