Taguaro, Maisangara, viruela, sarampión, monstruo, pestilencia. Lo hemos llamado de muchas formas en nuestros pueblos, porque ha venido con diferentes caras. Ahora se llama COVID 19.

 

En tiempos pasados, en muchos relatos de los pueblos indígenas de la Amazonía se cuenta que cuando llegaba una epidemia salían huyendo, dejaban todo y también lo quemaban. En algunos pueblos se llevaban consigo las semillas de yuca, uva, guama. En otros se sahumaban para protegerse del contagio durante la huida. Existen muchas imágenes sobre la Madre de la Enfermedad, que llegaba en canoas, encapuchada, siempre traída de fuera. A veces vestida de misioneros, otras de petroleros y hasta de extraterrestres.

“Es un desconocido, un espíritu malo, quiere llevarnos” dicen las narraciones orales. Nuestras abuelas, sabedores, chamanes, payes han visto ya esta imagen. Sabían que iba a llegar, y por eso comenzaron a prepararse, muchos de nuestros abuelos piensan que “no va a prolifelar tanto en nuestro territorios, porque espiritualmente ellos han estado cuidado. Nos han dicho que a la selva va a llegar solo como el humo de la enfermedad” cuanta Anitalia Pijachi, del pueblo huitoto y ocaina.

Para sus sabios, el COVID19 es una enfermedad que la produjo el hombre blanco en sus caprichos. Por eso, nos recomiendan: tener cuidado con lo que comemos, lo que viene de fuera tarde o temprano nos enferma, viene contaminado.  Comer de nuestra selva, sahumar a nuestros niños y nuestra casa, darles las protecciones que conocemos.  

Para muchos pueblos amazónicos esta concepción del aislamiento y distanciamiento obligatorio, es similar a la dieta. Dietar, para curarse, para tratarse con medicina de la selva, como un proceso de sanación, no tocarse. «Buscar en nuestros orígenes, como nos debemos cuidar. Protegernos quemando caserón de abeja negra, con incienso y ají humear la casa.»

Las epidemias han diezmado poblaciones indígenas a lo largo de su historia, ahora el mismo espíritu malo está presente como COVID19, y ha llegado ya a alguno territorios indígenas, en el marco de una deuda histórica de salud, de salud intercultural y de revela que esa desatención, puede costar mucha vidas, y puede costar un nuevo episodio catastrófico para la población. 

Pero también ese «espíritu malo» está presente con muchos rostros de maldad, que persigue en la puerta de la casa, que quiere tomar los cuerpos, los espacios, viene de la mano de los capitales extractivos, de los mismos gobiernos, viene con cara de amigo y se mete. Este es también un llamado de resistencia.

La fuerza espiritual viene de la propia selva, una bosque enfermo, enferma a sus hijos e hijas.

Por: Daniela Andrade

Foto: Lanceros Digitales

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