“Para los cristianos, el interés y preocupación por la promoción y respeto de los derechos humanos, tanto individuales como colectivos, no es opcional.”

Documento final Sínodo para la Amazonía, Número 70

A las 3 de la mañana ya se encienden las luces de las casas del barrio El Mirador ubicado en Nauta, una pequeña ciudad cerca de Iquitos, la ciudad más grande de la Amazonía Peruana. La señora Teresa, está cocinando para que sus dos pequeños hijos tengan algo que comer durante todo el día que ella no está. Sale a las 4 am, a vender al paradero de transporte  interprovincial. Sus dos hijos más grandes, de 13 y 10 años, en época de vacaciones escolares van con ella, a lavar los carros, a descargar los paquetes que llegan. La señora Medalid alista a sus hijas de 1 y 6 años,  para irse a su puesto de venta en el mercado con ella. Bayle, la más pequeña se está recuperando de una fuerte anemia, porque no recibía sus comidas necesarias. Así se encienden diariamente las rutinas de las ciudades amazónicas, de madrugada, preparando comida para vender, ambulando en los puertos con cualquier mercadería, buscando jornales para tener que llevar a diario a la mesa de las familias.

 

Estos días el escenario es distinto en estas ciudades, los decretos varios instaurados en nuestros países para precautelar la salud de la población, han sacado a la fuerza pública a la calle, a controlar que la gente se quede en sus casas y responda adecuadamente a la prevención de la pandemia del COVID-19 que ya ha matado alrededor de 9.000 personas en todo el mundo.

En nuestra región, los casos aumentan drásticamente de forma diaria, y por eso los protocolos y la urgencia sanitaria. Solo que nos quedan muchas preguntas históricas que hacernos, y que hacer a los gobiernos y a todos como sociedad.

Esta crisis mundial nos revela que somos muy limitados como humanidad, que el desequilibro del planeta está pasando la factura. Vemos reflexiones y llamados por todos lados: “que el aire está más limpio, que las cosas, estando en cuarentena cobran otro valor, compartir con la familia, que es posible movilizarse menos y contaminar menos, que los desafíos de la tecnología y la interconexión digital están dando respuestas positivas” entre muchos otros.  Sí, seguramente no responder a estos protocolos y medidas, representa un grave riesgo.

Pero, el COVID -19 también es una oportunidad para reconocer que la desigualdad y la injustica, hace que en esta cuarentena mucha gente, como las señoras Teresa y Medalid mueran de hambre, ellas, sus hijas, que viven al borde de la anemia desde que nacieron, que no han recibido todas sus vacunas porque los sistemas de salud son precarios. Que han migrado de las comunidades indígenas huyendo del desastre de la contaminación ambiental por el extractivismo petrolero o minero, por los mega proyectos, causada y permitida por esos gobiernos que hoy nos dicen “Quédate en casa”, “lávate las manos permanentemente” …con esa agua sucia, que se recoge en baldes cuando llueve? o con el agua con manchas negras por los derrames de crudo?

Tiene que incomodarnos que en las ciudades de la Amazonía y en muchísimos lugares de América Latina, la informalidad es la manera de ganarse la vida, que no salir un día a trabajar, es no comer un día. Que la salud no espera, es cierto, pero que sea para todos, que la emergencia sanitaria también es el dengue que ha cobrado más vidas en el último mes en nuestra región que el Coronavirus. Que no podemos acostumbrarnos a teletrabajar, o telestudiar, mientras que hay millones de hermanos y hermanas comiéndose las uñas del hambre y de la angustia, que hay niños, que en muchas ocasiones no reciben adecuada educación porque los estados no toman en cuenta la perspectiva intercultural, o de una educación digna. Que hay jóvenes en las riberas de los ríos de esta gran Amazonía, enlistados en las filas del narcotráfico y adolescentes víctimas de explotación sexual, porque no hay más opciones en sus comunidades o poblados.

Y mientras todo esto sucede, nuestros gobiernos no hablan de lo que viene después, ni de las medidas económicas que se están tomando  y a quién benefician, miles de migrantes intentando cruzar las fronteras que les han cerrado, Estados Unidos sigue bombardeando Medio Oriente y se han cumplido 9 años de guerra en Siria.

Esta cuarentena tiene que indignarnos, tiene que alertarnos, tiene que despertarnos.

 

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