Lideresa Harakbut, Yésica Patiachi, denunció que las actividades extractivas generan divisionismo en las comunidades nativas ante la degradación medioambiental y la falta de altenativas de vida. “¿Qué oro es el que estamos cuidando? El verdadero oro para mí es el bosque”, aseguró durante el encuentro ‘Minería: mal común en la Amazonía’ impulsado desde la Red de ‘Iglesias y Minería’, CIDSE y Manos Unidas. 

Patiachi Tayori, durante el evento de ‘Iglesias y Minería’. Foto: Foto: Guilherme Cavalli

Por Beatriz García Blasco – CAAAP

Ciudad del Vaticano, 12 de octubre de 2019. La ceremonia se iniciaba con agua del río Delta 1. Agua contaminada por el mercurio utilizado en la minería ilegal. Un símbolo del desastre que esta actividad viene provocando en uno de los rincones más biodiversos del planeta. Un desastre que para las poblaciones indígenas de la región Madre de Dios tiene un nombre tan duro como realista: cáncer.

Asociamos cáncer con enfermedad, con tumor maligno. “Esa agua viene del lugar que carcome la minería y que está afectando a la Reserva Comunal Amarakaeri, la tierra de mis ancestros”. Son palabras de Yésica Patiachi Tayori, quien fue invitada junto a representantes de países como Ecuador, Colombia y Brasil, al encuentro ‘Minería: mal común en la Amazonía’ impulsado desde la Red de ‘Iglesias y Minería’, CIDSE y Manos Unidas. El escenario, Roma. En contexto, Sínodo para la Amazonía donde ella participa a diario como auditora. El objetivo, compartir experiencias y avanzar en la búsqueda de soluciones en un problema tan complejo como necesario de afrontar. Porque los efectos de la minería, formal e informal, matan.

“Cuando estás en el avión ves un manto verde pero, también, una especie de leishmaniasis, una úlcera que va carcomiendo, ¿qué oro es el que estamos cuidando? El verdadero oro para mí es el bosque”, describió Patiachi. Pero la profesora harakbut fue un paso más allá y no se quedó en denunciar y alzar la voz por el daño medioambiental que, aunque duele, no es lo único. Al interior de las comunidades el caos y el divisionismo que la entrada de actividades extractivas es durísimo. Divisionismo que viene condicionado por un solo motivo: el dinero. “Todo es plata, plata, plata. Y el indígena se pregunta, ¿yo qué hago? En la parte trasera viene el invitado y lleva sus kilos de oro mientras muchos no tienen qué comer porque ya no hay peces ni animales que cazar”, dijo Patiachi.

El cambio climático (la selva peruana ya ha alcanzado el octavo friaje de la temporada, cuando habitualmente se registraban uno o dos cada año) es el efectivo visible en lo medioambiental. La trata, la prostitución o el alcoholismo son algunos de los problemas evidentes en lo social. “Es difícil decir en pocos minutos toda la problemática que estamos pasando. Es el cáncer de nunca acabar porque el extractivismo está avalado por el Estado la mayor parte del tiempo”, aseguró Patiachi, “por un lado dicen que hay que salvar a los indígenas, pero por otro lado están dando concesiones mineras y petroleras que a largo plazo nos llevan a la extinción. ¿A dónde acudimos, a qué organismos?”.

Este y otros temas son asuntos que los líderes indígenas que están participando del Sínodo de la Amazonía vienen denunciando alto y claro, con voz propia. “Este Sínodo no tendría sentido sin nuestra presencia, me refiero a hablar de ecología, de proteger la casa común cuando los guardianes hemos sido, somos y seremos los pueblos indígenas”, concluyó.

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