El cuidado de la vida se opone a la cultura del descarte, la idolatría del dinero nos ha vinculado a un cultura de muerte. La Tierra está sangrando y nosotros con ella. Fueron algunas palabras que mujeres representantes de pueblos indígenas amazónicos pusieron sobre el altar de la Iglesia La Transpontina en Roma, durante la vigilia de oración previa al inicio del sínodo de la Amazonía este sábado 5 de octubre 2019.

Una iglesia repleta, reunida en una celebración que nos invitaba a reconocer los dolores y los gritos de los pueblos amazónicos, tantas veces marginados, y de la Tierra, fuente de vida, de alimentación y de futuro para la humanidad. Pero también la esperanza de una Iglesia profética capaz de verse por dentro para transformarse y renovarse, para servir mejor a la construcción del Reino.

«La defensa de la vida implica la defensa de los territorios y de la vida y la cultura de los pueblos, el fortalecimiento de la organización. Nosotros los indígenas somos y hacemos parte de la naturaleza, porque somos agua aire, tierra, agua y vida del medio ambiente creados por Dios.»

Fue una noche llena de colores, de cantos, de diálogo. Fue una noche de encuentro, más allá de las distancias geográficas, de encuentro profundo desde la fe, desde el creer en que desde la Amazonia viene una nueva luz para el mundo.

«No tenemos otra casa para vivir, solo tenemos esta.» Recordó la hermana Laura Vicuña misionera y auditora de la Asamblea del Sínodo de los Obispos. «El momento que estamos viviendo como Iglesia es muy importante, nadie habla por nosotros, nosotros estamos trayendo el grito mismo de la Amazonía».

Dom Roque Paloschi, Obispo de Brasil y presidente del Consejo Indigenista Misionero, invitó a todos los miembros de la Asamblea Sinodal presentes en la vigilia a un envío y bendición: «Nos reconocemos como hijos e hijas amadas, capaces de renovar la Iglesia, Viva la esperanza de los pueblos del mundo, viva el Sínodo de la Amazonía!»

8 octubre, 2019

Muy importante sentirnos parte de esta tierra hermana y madre, así como de los pueblos indígenas. Ellos son quienes poseen la sabiduría ancestral, nosotros tenemos que cuidar de estos tesoros que nuestro buen Dios ha puesto en nuestras manos.
Me uno a todo el trabajo por la Iglesia y nuestra “Casa Común”, qué acierto el del Papa y todos los que están haciendo posible esta novedad del Espíritu. Gracias de corazón.

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