La experiencia de la Universidad Católica Sede Sapientiae NOPOKI fue presentada en Roma por su impulsor, el obispo franciscano del Vicariato de San Ramón, Mons. Gerardo Zerdín, y el profesor y líder asháninka Delio Siticonatzi. Ambos defensores de que el desarrollo de la Amazonía pasa por las poblaciones indígenas: “El diálogo intercultural no significa borrar las raíces. El asháninka tiene que ser asháninka, conocerse y desde su cultura conocer sus bondades y mejorar en lo que haya que mejorar”.

 

Por Beatriz García Blasco – CAAAP

Roma, 16 de octubre de 2018. “Los que hemos estudiado, los que tenemos un título, siempre nos sentimos superiores. Ese es el problema, que nosotros nos sentimos superiores y creemos que son ellos quienes deben adecuarse. Aunque todos estamos de acuerdo en que ese etnocentrismo está mal, esa mentalidad continúa”. Apostar por la valía y la cultura del indígena siempre ha sido la bandera de monseñor Gerardo Zerdín, misionero franciscano y obispo del Vicariato Apostólico de San Ramón. Así lo defendió nuevamente durante el encuentro que, en paralelo al Sínodo de la Amazonía, permitió presentar ante un público procedente de diferentes países el proyecto de la Universidad Intercultural NOPOKI (Yo vengo, en lengua asháninka), sede en Atalaya (Ucayali) de la Universidad Católica Sede Sapientiae (UCSS). Una experiencia intercultural que enamora a quienes la escuchan.

Junto a él, Delio Siticonatzi. Antes alumno y ahora docente de pedagogía intercultural a la par que responsable del albergue, donde acompaña a los 300 alumnos que, de forma totalmente gratuita, comparten su día a día en NOPOKI. Delio pertenece al pueblo asháninka, el más numeroso de los 51 pueblos indígenas amazónicos de Perú con 88.000 hablantes según el Ministerio de Cultura. “Si yo no hubiera conocido el significado de la palabra servicio, no estaría en NOPOKI”, reconoció el joven asháninka de 26 años que, en estos días, participa en el Sínodo de la Amazonía. Comentó cómo tuvo oportunidades mejor remuneradas e incluso que, durante dos años, experimentó esos trabajos, pero en su mente siempre estaban las palabras del obispo: “El dinero no puede estar por encima de la persona”. Y eso es lo que, cada día, trata de inculcar en sus alumnos: que adquieran un compromiso de servicio real con sus pueblos y sus comunidades para que regresen a ellos como líderes y promotores de desarrollo.

En este evento, impulsado por el Vicariato de San Ramón y el Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (CAAAP)  ponentes y participantes reflexionaron sobre la necesidad de experiencias realmente interculturales en la Amazonía. Iniciativas que realmente funcionen. En la actualidad, en NOPOKI se enseña en siete lenguas (shipibo, asháninka, ashéninka, yine, matsigenka, yánesha y nomatsigenka), algunas de ellas con un número reducido de hablantes e incluso en riesgo de pérdida como es el caso del yánesha. Además, en los últimos diez años se ha logrado formalizar y publicar las gramáticas de cinco de esas lenguas prestando especial atención a los conceptos y procesos de aprendizaje según la tradición de cada pueblo. “Por ejemplo, no es fácil enseñar matemática en lengua indígena porque generalmente los números no existían para ellos, algunos llegaban a contar hasta el cinco, en el caso de los asháninkas hasta el tres… es un trabajo complejo”, expuso Zerdín.

La formación en esta universidad tiene especial interés en promover un clima de interculturalidad para que los jóvenes no pierdan las referencias de sus pueblos. Foto: Beatriz García

Escuchar las reflexiones del obispo franciscano, quien se expresa de forma clara y directa sobre una realidad que conoce bien luego de más de 40 años surcando ríos y visitando comunidades da muchas luces sobre el camino que debe llevar la educación intercultural en la Amazonía: “El diálogo intercultural no significa de ningún modo borrar las raíces. Un asháninka tiene que ser asháninka y, como tal, admira, presenta, reflexiona… Hay asháninkas que no saben las raíces que tienen. Hay que ayudarles a que ellos se busquen, se referencien, busquen sus cosas buenas y otras que hay que cambiar, por ejemplo, el tema del machismo. Pero deben hacerlo ellos mismos, deben conocerse y tratar de mejorar, ellos son quienes deben hacer los cambios en su comunidad”.

Por su parte Siticonazti destacó que, en NOPOKI, se vive una real interculturalidad porque, si bien cada alumno estudia en su lengua, relacionarse con estudiantes de otros pueblos permite compartir. “Los jóvenes descubren que no viven solos en la Amazonía, sino que hay muchas culturas y que se puede dialogar. Miran con otras perspectivas. Yo mismo llegué así, sin saber que existen otras muchas culturas”, expuso. Para él, el cimiento de NOPOKI es Dios. Se trata de un misterio que, si logras encontrarlo, te atrapa.

Sobre las nuevas ofertas educativas. Monseñor Gerardo Zerdín recordó que cuando hace 14 años NOPOKI abrió sus puertas los indígenas apenas tenían opciones y oportunidades de educación superior. Luego, pocos años después, empezaron a surgir otras casas de estudios y sobre todo el Estado promovió el programa Beca 18 hacia el que tanto él como otros conocedores de la realidad amazónica tienen importantes críticas. “El Estado busca indígenas pobres que no tenga señal pero que, a la vez, sean genios. De los que becan creo que no resulta ni el 10% porque arrancan al estudiante de su medio, lo llevan a la ciudad, tienen que vivir de alquiler, pierden la referencia de su comunidad y lo que luego aprendan tampoco va a ser pertinente en su comunidad. El Estado da pasos, pero nunca van a ser los más adecuados si ellos mismos no están presentes, ellos son quienes saben lo que necesitan para su propio desarrollo”.

La importancia del acompañamiento. El joven líder asháninka tiene claro cuál es la clave para el éxito de los jóvenes en NOPOKI: “El joven debe aprender a encontrar el sentido, por qué realmente ha venido a ese lugar y saber quién es. Sólo así podrá realizarse personalmente. Lo esencial es el acompañamiento. Yo siempre les digo: Jóvenes, prepárense porque allá fuera nos esperan con un buen trabajo”.

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Colombia, Brasil, Costa Rica, Italia son algunas de las nacionalidades que estuvieron presentes en el auditorio. Personas con un especial interés en la educación intercultural que quedaron encandiladas con NOPOKI. “Voy a hacer lo posible para que puedan venir a compartirnos esta experiencia a mi universidad, en Costa Rica”, proponía una de ellas. Y la respuesta de monseñor Gerardo no puede ser más ilustrativa del verdadero carisma de NOPOKI: “Si nos invitan, iremos, pero en 20 minutos no se puede contar todo. Yo les invito a que vengan, cuando quieran, las puertas están abiertas para que conozcan las bondades, pero también las dificultades. Vengan, no les cobraremos ni el techo ni la comida, hay espacio para todos”.

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