La Iglesia de Santa María en la Transpontina, ha sido, durante el Sínodo, lugar de la “Amazonía: Casa Común”, espacio de encuentros (oración, diálogos, exposiciones fotográficas, celebraciones litúrgicas, eucaristías…) que conectan dos realidades distantes y cercanas: el Vaticano y la Amazonía. Está situada en la vía de la Conciliación y se está convirtiendo en un camino que reconcilia realidades muy distantes, física, humana, espiritual y culturalmente y que ha impedido a Iglesia Católica ser plenamente Cristiana (seguidora de Cristo), Católica (con mentalidad y perspectiva universal) y Apostólica (comunicadora de la experiencia del seguimiento de Cristo que los apóstoles encanaron en sus culturas).

En la “Amazonía: Casa Común” está la exposición fotográfica de los y las mártires y de la tierra devastada. Todos los días hay conversatorios y celebraciones litúrgicas que hacen presente sus vidas, su testimonio y que muestran la vida que crece a pesar de la sangre derramada por las mujeres y hombres que defienden la selva, mejor dicho, la vida que crece abonada con la sangre de las y los mártires.

El lunes 14, las hermanas de la Congregación de Nuestra Señora de Namur, presentaron el testimonio de vida de la hermana Dorothy Mae Stang, Hermana Dorothy, quien en 1966 llegó a Brasil, se encarnó en su historia y cultura, asumió, como causa de su vida, la defensa de la Amazonía (pueblos indígenas, ribeireños y la selva) en riesgo por la deforestación para la explotación de madera, agroindustrial y minera.

La Hermana Dorothy, fue recordada como mujer solidaria y fuerte, de voz baja, clara y suave. Convencida que la formación, la capacitación de las comunidades era fundamental para la defensa de sus derechos. Dedicó sus fuerzas y conocimiento a la formación de las mujeres para su autonomía. Luchó por la una reforma agraria justa como integrante de la Comisión Pastoral de la Tierra –CPT. La base de la formación que realizaba era la Palabra de Dios porque “en la Biblia encontramos la historia de los pobres”. Recordaba con frecuencia que “el final de la selva es el final de nuestra vida”, por esta razón enfrentó con firmeza, a pasar de las amenazas, a quienes la estaban deforestando y acabando.

La Hermana Dorothy fue asesinada el 12 de febrero del 2005 en Anapú, estado de Pará. “Cuando los asesinos le preguntaron si tenía armas, sacó la Biblia de su bolso y les leyó el pasaje de las Bienaventuranzas”. Los determinadores y responsables de su muerte son los ganaderos y los madereros que estaban destruyendo la selva.

Después de su muerte han querido “matarla” nuevamente denigrando de su vida y condición religiosa, afirmando que es parte de “los falsos mártires de la teología de la liberación”. Con calumnias y mentiras tapan su asesinato, esconden los intereses económicos que generan la muerte de las personas (más de 800 en el estado de Pará desde 1985) y de la selva (20% de toda la Amazonía) y el crimen contra la humanidad, porque sin la selva amazónica el calentamiento climático hará imposible la vida en la tierra.

Alberto Franco, CSsR, J&P, Red Iglesias y Minería

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