1. Ernestina Macuxi, una líder del pueblo Macuxi, que está ubicado en el territorio de Raposa Serra do Sol, tiene la fuerza de su pueblo en sus palabras. No ha venido sola, ha venido con toda su gente, de un territorio que tuvo que luchar durante mucho tiempo, para poder vivir en la tierra que siempre les perteneció que ahora ocupan con más garantías.  Como muchos pueblos indígenas, esta región de la Amazonía, en la frontera entre Brasil y Venezuela, es codiciada para la extracción minera y maderera.

Ernestina habla de Dios como la fuente de su fuerza y su esperanza “Dios está en cada momento, es invisible, pero está siempre presente en la Amazonia, recibimos de él la fuerza en los sacramentos, tenemos mucha fe, trabajo, lucha, con fe en Dios. Para nosotros Él es todo”.

Sus ojos se abren, y sus manos se expanden para describirme que significa el río, el bosque para ella. Así como me habla del Dios vivo que reconoce en la Amazonía, me habla también de la Madre: su tierra, que les alimenta, de los ríos, el agua “que son nuestros hermanos”.

Para la mayoría de su pueblo, que ha hecho una opción por la fe católica, sentir a Dios presente en su cotidianidad, en el trabajo de la tierra, en la siembra y cosecha, en las fiestas importantes, Dios creador y dador de vida, que se relaciona y se expresa también en sus sabios, en los dueños de los conocimientos de su pueblo Macuxi. Para Ernestina y su pueblo, “los payés ylos espíritus de los ancestros» (líderes espirituales) son quienes permiten la conexión de Dios con los hombres y mujeres que habitan la Tierra.

Y me habla de Dios no es ajeno a la relación tan estrecha con la Tierra, Él la creo para dar a los pueblos abundancia, alimentos, sanación, tranquilidad, el lugar donde construir su vida. Por eso la Tierra, Madre y Hermana, “los ríos, el agua, la nuestra familia, nuestro hermano, el bosque es nuestra casa” y es sagrada, porque ahí habita lo sagrado.

Antes de despedirme, le pregunto si tiene hijos. Me responde que sí y que sueña para ellos  «sueño un mundo sin violencia, sin muerte, donde tengamos el Buen Vivir, en armonía con la naturaleza, sin muertes para nuestros niños, una vida con amor, con respeto a los pueblos originarios,  que tenga amor unos para otros, respetando las diferencias, sin violaciones. Un mundo fraterno de paz, un mundo con naturaleza saludable, que produzca alimentos orgánicos sin mercurio, sin minería. Porque  el mundo de ahora, destruye todo, se derrama a mucha sangre, hay muchas amenazas.  Espero un mundo que valorice  la vida.»

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