Por: Mauricio López Oropeza, CVX

Secretario Ejecutivo de la Red Eclesial Panamazónica -REPAM-

y miembro de Consejo PreSinodal Amazónico

PUERTA DE ENTRADA EN EL KAIRÓS SINODAL AMAZÓNICO

 

El Sínodo Amazónico es, y está llamado a ser, un instrumento para la Conversión. Haciendo una lectura histórica desde el Concilio Vaticano II, percibiendo cómo Dios irrumpe en medio de nosotros aún en condiciones contradictorias, y experimentándolo con fuerza en el actual momento eclesial animado por el Papa Francisco: es imposible no ver la persistencia del Espíritu. Sentimos cómo quiere impulsar una verdadera vuelta a la fuente de nuestro ser Iglesia en el seguimiento del Cristo vivo y vivificante en la amplitud de la realidad. La posibilidad de Conversión eclesial es real y no permite dejar las cosas como están (Evangelii Gaudium, 25). Sobre todo, invitándonos a hacer una lectura de los signos de los tiempos que confirman cómo algo de esta conversión viene desde los márgenes, desde la territorialidad y los pueblos Amazónicos.

 

A esto nos referimos cuando repetidamente afirmamos que estamos viviendo un verdadero KAIRÓS. Un tiempo propicio, un momento especial en el que aun en medio de dificultades y signos de contradicción, es posible percibir la fuerza de Dios abriéndose paso y tejiendo nuevos caminos. ¿Estamos dispuestos a escuchar esta voz que se nos expresa entre los tantos ruidos cotidianos?, y ¿somos capaces de asumir la parte que nos toca como creyentes, y como personas de buena voluntad, para impulsar estos cambios que contribuyan para esa Conversión mayor que nos antecede y nos procede?

 

Sin duda, son preguntas complejas y grandes. Y, al mismo tiempo, percibimos que el Sínodo Amazónico es un pequeño afluente de agua viva que quiere servir a este propósito mayor. Aún en su pequeñez con respecto a la visión eclesial tradicional donde prevalece el centro, y quizás precisamente por ello, esta periferia que es también inmensa y majestuosa como territorio que expresa el misterio de Dios quiere servir como signo que ofrezca luces al centro. La Amazonía es, y quiere ser, un rostro periférico que ayude al centro a concretar su proceso de transformación, su vuelta al origen. Un reafirmar el llamado profundo a construir el Reino que se expresa en el Cristo vivo que se encarna y trasciende estructuras, temporalidades, y rasgos culturales. Una expresión del Dios que habita la Iglesia y la abre a la novedad.

 

Tengo muy presente la frase del Papa en abril de 2018 en la reunión del Consejo pre-sinodal mientras tuvimos el privilegio de tomar café con él en un receso: “pongan atención a lo más importante: la periferia es el centro”. Y mi propia experiencia me hace sentir que, según su itinerario y discernimiento como el Pastor de esta Iglesia (y como una de las últimas voces éticas creíbles referenciales para el mundo), nos está hablando de un proceso en el que la periferia ilumina el centro sin pretender tomar su sitio, sino ayudando a transformarlo, purificarlo, renovarlo. Es decir, ayudar a la conversión de este centro que ha perdido, de cierta manera, parte de su capacidad de escuchar y maravillarse por la voz permanentemente nueva y renovadora del Espíritu que viene de los márgenes. La periferia puede ayudar a la transformación del centro, en la medida en que ésta no pierda su condición identitaria de periferia. Es desde esa existencia marginal que Cristo hizo y hace su camino, tejió y teje su itinerario, y ahí es donde Dios se hace propicio para que Él pueda identificar su llamado en el mundo para redimirlo.

 

Así, la Conversión (Aparecida, 278b) es sin duda la vuelta al proyecto de Reino, aquel de un mundo más justo y más humano, de genuina fraternidad y equidad, y donde todos aspiren a tener vida y vida en plenitud, comenzando por los excluidos. Pero, ¿qué significa hoy esa Conversión y cómo podemos contribuir para que ella vaya siendo más cierta en este Kairós que se sirve del Sínodo Amazónico?

 

 

UNA LECTURA Y REFLEXIÓN INTEGRAL DEL PROCESO SINODAL

 

Quisiera ofrecer una serie de criterios que considero esenciales, todos ellos asociados al momento eclesial presente, y como orientaciones que se integran al discernimiento sobre el Sínodo Especial “Amazonía: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”. Usaré la figura de una MESA cuadrada, la cual se sostiene por cuatro columnas, y cada una de ellas a su vez se sostiene de tres puntos. Es decir, cuatro trípodes, cada uno sosteniendo un elemento vital, y en conjunto todos ellos dando cimiento al proceso Kairótico que estamos viviendo.

 

 

  1. PRIMERA COLUMNA. ACTITUDES PERSONALES Y COMUNITARIAS

 

Preparar el corazón en un mundo tan roto y fragmentado, como diverso y plural para que el tejido paulatino del Reino sea una verdad más próxima. Se trata de una invitación a conversiones interiores y comunitarias del ser humano, que contribuyan a la gran Conversión al Reino.

 

  1. METANOIA-CONVERSIÓN.

Se trata de una conversión radical del corazón. Sólo quien se transforma por dentro de manera individual en primera instancia puede asumir plenamente el llamado de Dios. Es ir a lo más íntimo del interior y dejarse transformar enteramente y desde la raíz para disponerse a lo que sea la voluntad de Dios. En el mundo de hoy se necesita volver a la raíz, encontrar sentido, abrazar la razón primera de nuestras vidas para que todo el resto encuentre su rumbo a partir de ella. En un mundo roto, mirar al interior es un acto profundamente radical. Descubrir el misterio de Dios en medio de la fragilidad interna, y ahí develar el llamado a tejer lo nuevo, a dejarse transformar por ese MISTERIO mayor.

 

  1. ALTERIDAD-OTREDAD.

Reconocer que el misterio de la vida, y la presencia concreta de Dios, sólo se vuelve experiencia a través de los ojos del otro-a. Es decir, nos hacemos sujetos y encontramos el sentido de nuestra vida mediante el encuentro con otros-as, y ahí se hace posible el camino de trascendencia. Descubrir que mi vocación a la plenitud sólo tiene sentido en compañía, nunca solos. El sentido más profundo del ser comunidad se encuentra en esta consigna de que a Dios se le puede encontrar en lo individual, pero sólo se le puede vivir plenamente en el mundo de manera compartida. Más aún, en el momento presente, y gracias a la profunda reconciliación con nuestro origen del barro, es imprescindible que esa Alteridad integre a la hermana-madre tierra como esa otredad esencial de quien nuestra vida y futuro dependen.

 

Si el sueño de Dios es la plenitud y la redención de todo y de todos-as, hoy más que nunca somos conscientes de que esta pertenencia y relación de reciprocidad con lo creado (también con la hermana-madre tierra), hace parte del camino a la construcción del Reino. Se trata de asumir la pregunta de Dios a Caín ¿Dónde está tu hermano? (Gn. 4, 9) y reconocer que la pregunta hoy debe incluir ¿Qué has hecho con tu hermana-madre tierra de la que provienes materialmente y de quien también dependes para vivir?

 

  1. PARRESIA-PROFECÍA.

Hablar la palabra clara y contundente, en fidelidad a la verdad amplia, y es sobre todo la capacidad de salir de nosotros mismos para responder de manera valiente a lo que Dios mismo nos llama a realizar. Es el seguimiento profundo de Cristo que se torna en un amor que se pone en palabras y en obras que secunden nuestro decir. El Papa Francisco nos pide hoy que seamos valientes (Evangelii Gaudium, 49), que hagamos propuestas “corajosas”, y en ello también se nos pide invocar y desarrollar el don de la profecía. En estos tiempos, sobre todo en el marco de nuestra(s) crisis planetaria(s), necesitamos dar razón de nuestra esperanza. Estamos llamados a ser sujetos que tejen el Reino a pesar de las consecuencias que traiga consigo la denuncia, la opción preferencial por los más vulnerables, y el permanecer en la fe de las Bienaventuranzas.

 

En la Amazonía son tantos los signos de explotación, muerte, martirio contemporáneo, y exclusión, que este Sínodo está llamado a ser también profundamente profético. Habrá de invocar la fuerza de la Parresia (Gaudete et Exsultate, 129) para confiar en el Señor de la vida a pesar de los ataques y descalificaciones. Mismos que ya se van expresando con especial violencia y evidente desconexión de la vida concreta que clama y brota en este territorio y sus pueblos y comunidades.

 

 

  1. SEGUNDA COLUMNA. TRES CONVERSIONES IMPRESCINDIBLES EN EL ITINERARIO ECLESIAL DEL PAPA FRANCISCO.

 

Reconocemos en el Papa Francisco la fuerza de la fe inquebrantable, la profundidad en su sentir en y con la Iglesia, y su compromiso por la genuina escucha para animar la Conversión que se ayuda de tres conversiones (Instrumentum Laboris, 5): CONVERSIÓN PASTORAL (Evangelii Gaudium), CONVERSIÓN ECOLÓGICA (Laudato Si), y una CONVERSIÓN A LA SINODALIDAD ECLESIAL (Episcopalis Communio). Tres movimientos que necesitan ser articulados y representan una EXHORTACIÓN APOSTÓLICA-Llamado, una ENCÍCLICA-Orientación de rumbo, y una CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA-Definición estructural para caminar juntos.

 

  1. CONVERSIÓN PASTORAL EN LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO. Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”.

Es el llamado a una verdadera salida misionera, a ir más allá de nosotros mismos para experimentar la alegría del Evangelio que lo cambia todo en aquellos que se encuentran con Jesús. Es dejar que con Cristo nazca y renazca la alegría para dar rostro a una Iglesia misionera renovada siguiendo este mandato de salir de sí misma, con el anhelo de ser evangelizadores con Espíritu y reconociendo la diversidad cultural. Es experimentar la Pascua que trasciende a la experiencia de dolor y muerte.

 

En este Sínodo Amazónico el primer componente es: NUEVOS CAMINOS PARA LA IGLESIA. Si somos capaces de discernir honesta y valientemente lo que este territorio nos puede enseñar, será posible descubrir rutas para esa novedad necesaria y anhelada. No solo para este territorio y la continuidad del proyecto de Iglesia ahí, sino como un signo para la Iglesia Universal en su necesidad de seguir su “aggiornamento” inconcluso y permanente.  Es una invitación a reconocernos como pueblo, tener el gusto de estar cerca de la vida de la gente hasta descubrir que eso es fuente de un gozo superior, y que es sitio donde se expresa la palabra de Dios que está viva y actuante.

 

  1. CONVERSIÓN ECOLÓGICA PARA EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN. Carta Encíclica “Laudato Si´”.

Es la incorporación definitiva del clamor de la hermana-madre tierra y el llamado urgente a la Iglesia y a todos los que habitamos el planeta, al cuidado de esta casa común. No es un elemento complementario, es un llamado esencial en el corpus de la Doctrina Social que pide que reconozcamos el fracaso como sociedad con respecto al tema socio-ambiental. Esto nos invita a ver la necesidad de reconocer una sola crisis social y ambiental, y a hacer vida la Ecología Integral con todas sus dimensiones: social, política, humana, ambiental, cultural, de la vida cotidiana, de la justicia entre generación, y de la espiritualidad del cuidado.

 

En este Sínodo Amazónico el segundo componente es: PARA UNA ECOLOGÍA INTEGRAL que trata del reconocimiento de que el proyecto mismo de Cristo está en riesgo a menos que hagamos una opción preferencial y firme por defender la vida toda en este bioma. Se trata de reconocer que este territorio es determinante para el futuro planetario y en el que, si la Iglesia fracasa, habrá fracasado en su misión integral. Esto en referencia al llamado del Papa en el 2013 para los obispos de Brasil a reconocer la Amazonía como verdadero “banco de prueba” para la Iglesia. A pesar de la incomprensión de muchos sectores, sobre todo los que se niegan a cualquier cambio, el Papa ha convocado a un Sínodo especial sobre un bioma-territorio específico, y uno que tiene relación directa con los pueblos originarios y comunidades que ahí viven y existen. Un espacio vivo que es esencial en la lucha frontal contra el cambio climático.

 

Lo que suceda en la Amazonía, o no suceda, tendrá graves implicaciones para el futuro de todo el planeta (Instrumentum Laboris, 40). Estamos profundamente “interconectados”, y negar esto como expresión de la propia Doctrina Social de la Iglesia es la real estupidez y el signo de pecado de auto-referencialidad. Dios quiere que tengamos vida y vida en abundancia (Jn. 10, 10), en ello está Su Gloria; entonces, el futuro de la Amazonía tiene un rol fundamental para que esto pueda concretarse. Cristo se ha encarnado para caminar con los más empobrecidos y excluidos, y ha hecho opción de redención con y desde ellos. Hoy la Amazonía y sus pueblos son signos de uno de los sitios prioritarios en los que Cristo se encarna y desde donde sigue su proyecto de Reino.

 

  1. CONVERSIÓN HACIA LA SINODALIDAD ECLESIAL: CAMINAR JUNTOS. Constitución Apostólica Episcopalis Communio”.

El documento de la Comisión Teológica Internacional “La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia” expresa que este caminar juntos es un Kairós. Y el propio Papa Francisco expresó en el 50 Aniversario de la Institución del Sínodo de los Obispos que “el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”. De hecho, la Sinodalidad es Dimensión Constitutiva de la Iglesia, revela un proceso histórico y es una expresión connatural al modo de ser y de organizarse de ésta. No puede existir Iglesia plena sin un genuino elemento sinodal en ella.

 

Dado que Cristo es el camino, la verdad y la vida (Jn. 14, 6), y nosotros somos todos seguidores limitados, es necesario asumir este ejercicio de diálogo, escucha mutua, consenso, y sobre todo de discernimiento en común para identificar los caminos que Dios traza para nosotros como Iglesia pueblo de Dios. El único antídoto para la auto-referencialidad y un verticalismo que asfixie la fuerza del Espíritu que actúa desde abajo es una sinodalidad que brote del discernimiento.

 

No es de extrañarse que algunos que quieren impedir cambios profundos, o quieren perennizar su necesidad de control, se opongan con tanta fuerza a la idea misma de sinodalidad en la Iglesia y sus consecuencias en ella. Aun cuando ella ha sido parte constitutiva del camino de seguimiento de Cristo desde el inicio, y es una expresión abierta del reconocimiento del sensus fidei del pueblo de Dios. Un sensus que está llamado, sobre la base de un buen discernimiento, a iluminar el modo en que la Iglesia se organiza y estructura. Se trata de disponer de odres nuevos propios del vino nuevo (Mt. 9, 14-17)

 

Es tiempo para mucha oración sincera, de pedido de purificación de la intención, y de superar fundamentalismos de cualquiera de los extremos. Necesitamos entrar en un sincero y disciplinado discernimiento sinodal para que sea el Espíritu que sopla desde la periferia y desde abajo el que ayude a que prevalezca todo aquello que es bueno y tiene sentido para este Kairós de Dios.

 

 

  • TERCERA COLUMNA. LAS TENSIONES SUSTANCIALES EN EL SÍNODO DE LA AMAZONÍA

 

Este punto lo he desarrollado de manera específica en un artículo anterior (Revistas Christus, México, y Fronteiras, Brasil) así que en este momento haré apenas una pequeña síntesis de lo ya dicho. El Sínodo Amazónico está en tensión entre polos complementarios. Esto es un gran desafío, pero es también una verdadera ocasión para animar el cambio necesario en la Iglesia. Presento las que considero, desde mi experiencia en los diversos procesos y etapas, las TRES TENSIONES SUSTANCIALES alrededor y dentro del Sínodo de la Panamazonía.

 

  1. DIMENSIÓN.

El presente Sínodo es bidimensional, ya que se focaliza en una dimensión Territorial específica (un bioma que es distinto a una región eclesial o político-administrativa), con problemáticas y rasgos particulares que piden de la Iglesia un tipo de presencia y respuesta acorde con dicha realidad. En el Instrumentum Laboris hablamos de la emergencia del territorio como lugar teológico, y de la irrupción de un nuevo sujeto eclesial desde la Amazonía. Y, por otro lado, tenemos la dimensión Universal de la Iglesia, en la que se hace explícita la necesidad de acompañar los itinerarios de reforma eclesial que nos inspiran desde el Concilio Vaticano II (y los pasos de su interpretación y reflexión posteriores a nivel regional y global). El Sínodo puede, y debe, aportar luces para esta mirada universal.

 

Por un lado, el tema o título del Sínodo nos habla de la urgente llamada a una Conversión Pastoral en su componente: “Nuevos caminos para la Iglesia”. Esto se vive como un  “Kairos”[1], ya que vemos rasgos particulares de la presencia actuante de Dios, y de una llamada atrayente hacia Él. Se trata de ir en pos de un discipulado misionero, de ser Iglesia de Cristo testimonio creíble, con una vocación clara por reconocer y asumir la diversidad encarnándose en lo concreto. Y en el otro extremo de esta segunda tensión, el propio tema del Sínodo nos habla del llamado a “una Ecología Integral” como modo de ser y proceder eclesial. Se trata, fundamentalmente, del llamado a una conversión ecológica. Necesitamos repensar drásticamente el modo de relación con nuestra hermana madre tierra superando la visión de dominación y sujeción. Es decir, se trata de alcanzar un cambio real, urgente e inmediato, asumido en clave de tiempo “cronos”[2]. Es decir, el tiempo que avanza irrefrenablemente, y si no hacemos algo eficaz para cambiar la realidad ahora mismo, quizás sea demasiado tarde

 

  1. REFORMA EN CURSO.

Aquí, la tensión se expresa entre un polo que procura la continuidad de lo que consideramos un modo desde la Centralidad, con un esquema más tradicional, asociado a una Iglesia con un modelo de gobierno centralizador, y con un estilo, todavía, predominantemente jerárquico-vertical. Y por otro lado, el intento de una Iglesia más Sinodal. Es decir, una capaz de revisarse internamente para cambiar de ritmo y su modo de caminar, que reconozca a los sujetos diversos que la interpelan hoy para poder caminar en mayor sintonía con los mujeres y hombres de hoy. Una Iglesia que se organiza buscando un modo de gobierno más Sinodal, es decir, más participativo, colegial, de mayor comunión, y que establece criterios y estructuras nuevas para caminar más al ritmo de los gritos y esperanzas de la realidad. La Panamazonía, sus pueblos, y los misioneros que se han encarnado en serio, pueden enseñarnos mucho sobre otros modos, otros ritmos, y una visión profunda de lo sacramental y ministerial, que hacen sentido en una experiencia inculturada e intercultural.

 

 

  1. CUARTA COLUMNA. EL SÍNODO COMO PROCESO ECLESIAL

 

Para actuar en el Sínodo hay que comprenderlo. Para colaborar eficazmente con y en él, es necesario profundizar en lo que es y en lo que no es. En ese sentido presento algunas claves que nos permitan ayudar a que el Sínodo produzca los frutos que puede dar, y, para que purificando la intención podamos ser verdaderos colaboradores con éste para el bien del territorio y de la misión de la Iglesia ahí.

 

Es necesario reconocer que el Sínodo Amazónico no es el inicio, sino la conclusión de una etapa; y que al mismo tiempo es el inicio de una nueva. Es decir, el Sínodo es mucho más que la Asamblea a efectuarse en Octubre (6 al 27), incluso es mucho más que lo realizado desde el anuncio del mismo por el Papa en octubre de 2017. Es, como su nombre lo indica, un camino recorrido por la Iglesia a la luz de la revelación progresiva del Espíritu en su historia y para la Iglesia pueblo de Dios. Más específicamente, es el resultado de las intuiciones y semillas que emergieron como orientaciones para toda la Iglesia en el Concilio Vaticano II, especialmente en las Constituciones: Lumen Gentium y  Gaudium et Spes, en el  Decreto Ad Gentes, entre otros documentos especialmente iluminadores de este evento trascendental para la Iglesia acontecido hace más de 50 años, y que dan cuenta de cómo llegamos a este momento.

 

Por otro lado, en la Iglesia Latinoamericana también se ha hecho un recorrido mediante su Magisterio, discernido en sus respectivas Conferencias: Río de Janeiro, 1955; Medellín, 1968; Puebla, 1979; Santo Domingo, 1992; Aparecida, 2007. En este camino regional es evidente cómo el Sínodo se iba tejiendo paulatinamente en el corazón de los propios pueblos Amazónicos y de las presencias eclesiales que consistente e insistentemente pedían una mirada atenta y una respuesta concreta a esta realidad. Como resultado de todo ello, también se dio la creación de la REPAM, nacida en la periferia de la periferia Amazónica en Ecuador en Abril de 2013 (a un mes de la llegada del Santo Padre Francisco a Roma), y formalizada en Brasil en septiembre de 2014, resultante de un largo camino de servicio e itinerancia de tantos mujeres y hombres encarnados, inculturados e inter-culturados en este territorio de contrastes y mega-biodiversidad.  Todo esto ha insuflado en el Papa la fuerza del Espíritu para tomar la decisión de convocar a este Sínodo especial en tiempos de resistencias, pero también en momentos de irreversibles reformas.

 

  1. ACONTECIMIENTO Y ESTRUCTURA ECLESIAL.

El Sínodo es un espacio eclesial formal. Debemos comprender, aceptar y asumir esto. Esto significa que tiene una estructura, una normativa, límites y alcances. Pretender que sea otra cosa no hace sino debilitar la posibilidad de éste de dar los frutos que puede producir. Es una instancia consultiva asociada al Papa como Vicario de la Iglesia universal, la cual tiene una Secretaría General y una serie de estructuras que modelan su funcionamiento.

 

Si bien se inspira en las experiencias sinodales y conciliares de las primeras comunidades, y de sus subsecuentes expresiones a lo largo de la historia de la Iglesia, es una estructura formal creada como instrumento resultante del Concilio Vaticano II. Fue creado para impulsar una mayor colegialidad en la conducción de la Iglesia. El Papa Francisco va dando a esta estructura un tono de mayor participación en el marco de su Pontificado. Los participantes son sobre todo Obispos, dado que es el Sínodo de los Obispos. Sin embargo, en este sobre la Amazonía habrá una representación del territorio (incluyendo una participación, siempre limitada, de los pueblos originarios y comunidades) y personas asociadas al territorio dentro de los distintos roles del mismo: padres sinodales, auditores, peritos, invitados especiales, etc.

 

Es imprescindible conocer, orar y estudiar la Constitución Apostólica “Episcopalis Communio” (EC) para comprender el espacio en el que nos movemos. Colaborar con el actual proceso eclesial, en el marco del Sínodo, implica entender su funcionamiento. Necesitamos participar en él según sus límites y potencialidades, buscando siempre nuevas rutas creativas que ayuden a su mayor coherencia. Lo verdaderamente esencial en el Sínodo Amazónico, según la EC, es buscar el consenso o la unanimidad moral de los Padres sinodales en la votación final. Para que el Papa pueda impulsar orientaciones magisteriales, necesita de este consenso. Es importante reconocer los puntos esenciales y defenderlos, para impulsar desde abajo y desde la periferia algunas de las reformas esenciales que el Sínodo está tratando de alcanzar.

 

Hemos escuchado cuestionamientos sobre el sitio donde se realizará el Sínodo ¿por qué no en la Amazonía cuestionan algunas voces? Lo primero es insistir que este Sínodo ha comenzado formalmente en la Amazonía en la visita del Papa a Puerto Maldonado (enero, 2018), y todo el proceso de escucha sinodal conducido por la REPAM y las Conferencias Episcopales en los 9 países, e incluso en otras regiones, ha sido parte formal del mismo. Por tanto, es la fase Asamblearia la que se llevará a cabo en Roma en octubre del presente año, y mi parecer es que hacerlo ahí es la única manera en que su presidente, el Papa, podrá acompañarlo de manera activa y llevar sus luces al proceso de las reformas generales.

 

  1. MEDIO (INSTRUMENTO)

Siguiendo con los puntos anteriores sobre la estructura, es importante que podamos reconocer en el Sínodo un medio privilegiado que el Papa ha puesto al servicio de la Iglesia para emprender un discernimiento sincero y profundo. Siendo un medio, el Sínodo es el espacio para sembrar semillas en tierra buena y con ello seguir impulsando nuevos caminos eclesiales en el territorio posteriormente.

 

Es decir, lo más importante del Sínodo es en realidad el post-sínodo. La fase de implementación debe acompañar las nuevas luces ofrecidas por el Sínodo (o seguir profundizando aquellas que ya estaban en proceso) como una brisa de aire fresco que permita una presencia más creíble, eficaz, profética y apropiada para la realidad de la Amazonía. Si creemos en serio en este Kairós eclesial seremos capaces de discernir lo que requiere de cambios concretos y viables ahora, lo que debe plantearse como camino a desarrollarse paulatinamente, y lo que, aunque no puede concretarse, ha de quedar planteado como posibilidad a más largo plazo.

 

Entender la función de mediación del Sínodo debe ayudar a purificar la intención de los fundamentalismos de ambos polos que en el fondo no terminan de creer en este Kairós sinodal, sea porque quieren objetar cualquier cambio de fondo en actitud de preservación, o porque en el otro extremo todo cambio les parece poco e insuficiente, a menos que refleje su propia y particular visión del mundo (independientemente de cuan valiosa pueda ser).

 

 

ESPERANZAS Y DESAFÍOS PARA ESTE SÍNODO AMAZÓNICO A PARTIR DE LA ESCUCHA SINODAL DE LA REPAM

 

En este proceso sinodal la Red Eclesial Panamazónica -REPAM- realizó una amplísima escucha al servicio de la Secretaría del Sínodo y para la preparación del mismo, la cual incluyó de manera directa a cerca de 87.000 personas de toda la Panamazonía. Cerca de 22.000 en Asambleas, Foros y Ruedas de conversa; y cerca de 65.000 en las escuchas preparatorias previas a las anteriores. El equipo de la REPAM asumió las orientaciones del Papa Francisco en la Evangelii Gaudium “Cuando se asume un objetivo pastoral y un estilo misionero, que realmente llegue a todos sin excepciones ni exclusiones, el anuncio se concentra en lo esencial, que es lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y al mismo tiempo lo más necesario” (EG 35).

 

Escuchar el grito y la canción. En el origen de la Iglesia con rostro Amazónico y de la ecología integral (LS 137-162) están los gritos de los oprimidos por procesos de colonización, de sus vidas mutiladas e historias silenciadas, pero también los gritos de la naturaleza de Dios que quieren ser escuchados: “por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, se encuentra nuestra tierra oprimida y devastada” (LS 2). Pero, también escuchamos el canto de la Amazonía, la canción de sus pueblos, de sus culturas, de sus alegrías y esperanzas. Escuchamos las canciones de los pájaros, del agua, de la belleza de la naturaleza.

 

Moldear un rostro Amazónico y plural. Los nueve países de la Panamazonía, con sus aproximadamente 33 millones de habitantes, y sus aproximadamente 3 millones de indígenas de alrededor de 390 pueblos y nacionalidades, representan una gran diversidad cultural, política y social. Se necesita una Iglesia en Salida (EG 20-23), una que aunque encuentra obstáculos, se viva en la “prudencia y audacia” (EG 47), coraje (EG 33), y osadía (EG 85). Necesitamos también salir de esquemas que no han fructificado, buscando aquellos nuevos caminos que dialoguen con la enorme riqueza y diversidad pluri-cultural, en comunión con nuestra identidad eclesial, pero invitando a una mayor capacidad de acoger al Cristo encarnado en esta realidad.

 

Nuestro deseo más profundo es poder volver a los rostros concretos del pueblo de Dios después de la Asamblea del Sínodo y mirarlos-as a los ojos para decirles que sus voces, las semillas de sus vidas, esperanzas y fe, fueron sembradas en tierra buena de una Iglesia sinodal. Y con ello invitarlos e invitarnos a que juntos cuidemos del proceso para que esas semillas echen raíces profundas, crezcan en medio de ellos y sus realidades de manera respetuosa y armónica, y eventualmente podamos nutrirnos de esos frutos que son cumplimiento del sueño de Dios, es decir, del Reino.

[1] antigua palabra griega que significa el momento adecuado, el momento oportuno. En la tradición de nuestra fe, se refiere a un tiempo propicio de Dios.

[2] Palabra griega que representa el tiempo abstracto general, tiempo o periodo determinado​, literalmente: «Tiempo»)​. Era la personificación del tiempo.

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