Leí en la Revista del IHU Unisinos un artículo en el cual el Cardenal alemán Walter Brandmuller, uno de los mayores opositores al Papa Francisco, condena el Sínodo para la Amazonía acusando a este de ser improcedente (no ve sentido en convocar un sínodo universal sobre una región brasileña que sería la Amazonía). Acusa el documento de trabajo del Sínodo (Instrumentum Laboris) de hereje y apóstata porque no se basa en la tradición de la Iglesia ni en los documentos de los Concilios anteriores. Pide que los obispos lo rechacen y anulen. (Ver www.ihu.unisinos.br/ 27-06-2019)

Es bueno que el Cardenal Brandmuller exprese de modo claro e incisivo lo que infelizmente, tanto en Brasil como en la Amazonía, no pocos obispos, padres y grupos católicos (estamos hablando de la Iglesia Católica) piensan y entre si llegan a afirmar. El hecho de que él afirme claramente lo que piensa posibilita la reflexión y respuesta. Otros, al preferir no decir claramente su pensamiento, impiden no solo el diálogo sincero, pero también el debate que podría ayudar un lado y otro.

  1. El cardenal tiene razón de que el Sínodo sobre la Amazonía, como está siendo preparado por las bases y como está pensado el Documento de Trabajo, representa realmente un cambio inmenso en relación al modelo de una Iglesia que identificó la fe cristiana con la cultura occidental y se ha impuesto en todos los continentes. El Documento de Trabajo sigue a la Exhortación Apostólica del Papa Francisco “Episcopalis Communio” (2018) que afirma: “el Sínodo debe ser instrumento privilegiado en la escucha del pueblo de Dios” (CE 6). El Instrumentum Laboris del Sínodo habla de la Iglesia como oyente y tiene toda su primera parte como escucha amorosa y espiritual de la voz de la Amazonía. Eso nunca había sido un propósito de otro sínodo, de esa forma.
  2. Él también tiene razón cuando percibe que la referencia del Instrumentum Laboris del Sínodo es la vida de los pueblos oprimidos, la buena noticia del reino de Dios (o sea el Evangelio de Jesús) presente y actuante en el caminar de liberación de estos pueblos, y el desafío de una misión eclesial a partir de esa realidad y no la tradición de los documentos pontificios.
  3. Él tiene razón en destacar que, aunque haya más de 50 años de camino ecuménico y de diálogo interreligioso, es la primera vez que un documento de ese nivel, preparatorio para un sínodo, habla en diálogo con las sabidurías ancestrales de la Amazonía (n. 29). Por lo tanto, el objetivo no es tanto evangelizar a los otros, y sí, antes que nada, convertir (a la propia Iglesia), y llega a nombrar tres niveles o aspectos de conversión: la conversión pastoral (basada en la Evangelii Gaudium), la conversión ecológica (a partir de la Laudato Si), y más apropiadamente la conversión a la sinodalidad eclesial (en la línea de la Episcopalis Communio).

El Cardenal sólo puede espantarse de que el documento de trabajo del sínodo proponga un proceso de escucha sinodal que ocurra durante el Sínodo en Roma, pero realmente va más allá y después del evento en Roma en las bases y en todo el mundo.

Es claro que algunas cosas podrían ser esclarecidas:

  • Es positivo que el Cardenal pueda caer en cuenta de lo que la región amazónica dice respecto a los nueve países y no solo de Brasil. Saber que la región representa el pulmón del planeta y por eso, el territorio es un lugar teológico (n. 23 ss), lugar de sentido para la fe o de experiencia de Dios en la historia, como fue el monte Horeb para Moisés y los hebreos (Ex 3).
  • El cardenal puede también recordar que el Papa que él siempre cita, Juan Pablo II, convocó un sínodo universal de los obispos sobre Asia, el segundo sobre África y uno sobre Oceanía y sobre América, sin hablar de los sínodos que siempre tenían como referencia Europa. ¿Por qué no podría convocar una sesión especial sobre una región tan importante como es la Amazonía y que se construye como pulmón del mundo?
  • Para deconstruir y demoler el trabajo hecho, el Cardenal cita los concilios y la tradición, pero sin citar ningún número específico. Además, como siempre, lee e interpreta los documentos, a partir de su exceso de continuidad y tradicionalismo.

Pienso que debemos agradecer la colaboración que da al provocar, al suscitar la discusión y al exigir que profundicemos el debate y ayudemos a los obispos y demás participantes del Sínodo a escuchar la voz y el pensamiento no solo de los que piensan a partir del alto y de la tradición occidental, pero de la palabra de Dios que viene de las bases y de los muchos hermanos y hermanas que participaron en las consultas previas y cuyas propuestas están incluidas en muchas de las afirmaciones del documento (Instrumentum Laboris).

Sin duda, el cardenal sabe que, en la Biblia cuando el profeta Elías pensó en encontrar a Dios en Horeb, Dios no se reveló a él conforme la tradición del Éxodo y sí de forma nueva en el silencio de la brisa de la tarde (1 Reyes 19) y cuando Juan Bautista mandó discípulos para preguntar a Jesús si él era realmente el Mesías prometido, ya que según las Escrituras, él no parecía corresponder con la tradición (como el Cardenal afirma sobre el documento del Sínodo), Jesús da como respuesta el hecho de que “los ciegos ven, los sordos oyen, los enfermos son curados y a los pobres es anunciada la buena noticia del reino de la liberación”. (Mt 11, 1-11)

Cuando releemos esa palabra de Jesús al definir su misión, no es posible no encontrar extraño que el Cardenal se pregunte sobre lo que tiene que ver a Ecología y a las condiciones de vida del pueblo con la misión de la Iglesia. Antes tenían cuando la Iglesia aliviaba a los colonizadores y a los poderes opresores del mundo (n. 38). Ahora tiene un nuevo sentido: el de provocar una conversión al Evangelio y comprender que, como dice el documento preparatorio del Sínodo: la evangelización debe ser hecha a partir del diálogo y al servicio de la vida y del futuro del planeta (n. 35).

Es necesario para el Cardenal y para todos nosotros estar siempre abiertos a lo nuevo, es decir, a lo que “el Espíritu dice hoy a las Iglesias” (Ap 2, 5).

Cuenten conmigo en ese diálogo de hermanos.

Abrazo del Hno. Marcelo Barros.

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