«Nuestra Casa Común clama por el daño que le provocamos

a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes
que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que
éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a
expoliarla”.

Así nos interpela el Papa Francisco en los dos primeros números de la Encíclica ‘Laudato Si’. Más adelante, nos hace un importante llamado: “El desafío urgente de proteger nuestra Casa Común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar.  La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra Casa Común” (N° 13).
También nos ayuda a tomar conciencia de que “el ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social… Hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (N° 48 y 49).
Los jesuitas de América Latina y el Caribe hemos hecho una clara opción por la Amazonía. En el PAC (Proyecto Atólico Común) se ha definido una importante línea de acción: “Apoyar la misión de la Compañía de Jesús en la Amazonía y la coordinación de acciones de las Provincias y Regiones que tienen obras y comunidades en ella”.
De esta línea de acción ha surgido la propuesta de realizar el PROYECTO PANAMAZÓNICO, que centra su objetivo en que “contribuyamos, de manera articulada, desde lo local y con una mirada global, en la defensa y promoción de la vida, los derechos y los territorios de los pueblos indígenas y de un ambiente sostenible en la región Panamazónica”. Este Proyecto se está realizando dentro de otra importante articulación: con todas las circunscripciones eclesiásticas y comunidades religiosas de la Iglesia Católica de la Región, a través de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM). Esta gran Red ha ido surgiendo con un profundo sentido de esperanza y con un gran deseo de respetar y proteger la vida que se nos ha dado en forma gratuita. Es necesario que todos nosotros pongamos nuestra mirada en la Amazonía, no sólo como un imperativo que surge del llamado del Papa Francisco y de los Provinciales de América Latina y el Caribe, sino como una verdadera manifestación de nuestra sensibilidad por la vida y por el cuidado del más bello regalo que nos ha hecho Dios: la humanidad y la naturaleza.

Algunas de nuestras Obras Transversales de la Provincia ya han tomado la iniciativa de ir a visitar la Comunidad jesuita de la CPAL que vive en Leticia (Amazonía Colombiana), con el ánimo de irse vinculando a la propuesta del Proyecto Panamazónico. Hace unos días yo pude ir a Leticia y visitar personalmente a los jesuitas que están llevando adelante este Proyecto. Pude sentir y gustar de cerca los importantes avances que ya se está llevando a cabo; ellos son la confirmación de estar acertando en la realización de la Voluntad de Dios.
Quiero invitarlos para que muchos más nos interesemos por este Proyecto, de tal manera que busquemos generar las articulaciones necesarias para avanzar en el trabajo por la defensa de la vida, los derechos y los territorios de los pueblos indígenas y de un ambiente sostenible en esta región.
La Amazonía es un territorio clave para el futuro de toda la humanidad. Nuestro compromiso con sus habitantes originarios y con la biodiversidad que allí existe, es una clara manifestación de que nos unimos de corazón a Dios,
quien trabaja incansablemente para que la vida sea plena.

Carlos E. Correa, S.J. – Provincial

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