Las organizaciones indígenas de la cuenca amazónica reconocen la necesidad de sanar las relaciones históricas con la Iglesia Católica, que en medio de luces y sombras, se hace presente con un objetivo común que es la defensa de la vida, las culturas y el territorio. En el marco del proceso sinodal, la escucha es palabra de vida y de futuro.

Para Marlon Vargas del pueblo achuar, celebrar este encuentro es necesario y amerita profundización. «Los pueblos indígenas han sufrido desde hace más de 546 años la invasión y el despojo de sus territorios, y en muchos momentos de la historia, la Iglesia fue cómplice de esto». Él se reconoce como parte del proceso de la Iglesia, habiendo bebido de dos fuentes: haber sido parte de un internado que le separó de su cultura y también haber conocido la experiencia de una iglesia respetuosa e intercultural, valiente y cercana. Se refiere a la Iglesia de Mons. Leonidas Proaño que no dudó en  su compromiso con los pueblos, enfrentando al poder de muchas maneras

Se enfatiza la necesidad de que la Iglesia sea aliada y puente para decirle al mundo que los pueblos amazónicos, con su propia voz y su propio proyecto de futuro son una respuesta por la humanidad. Para un sistema económico y político, que ya ha demostrado su fracaso, su incapacidad de integrar, su ambición desmedida, que pasa encima de todo, poniendo como centro y fin, el capital. En medio de ello, el paradigma de vida de los pueblos amazónicos, que no es nuevo, pero que para este mundo es novedad, se ha mantenido, por siglos de siglos, respetando la vida, como un todo, en relación de equilibrio y armonía.

La Red Eclesial Pan Amazónica –REPAM y la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica – COICA acuden al llamado de la Selva “tenemos que juntarnos en nuestros sueños y en esta defensa. Nosotros somos los que estamos dando la cara. Hay un pueblo esperando, hemos sido escogidos por nuestros pueblos para representarlos con dignidad, con el orgullo de tener esa identidad, si no lo hacemos nosotros… ¿quién lo va a hacer?” comenta Gregorio Díaz Mirabal, coordinador general.

El diálogo entre COICA Y REPAM ha sido transparente y honesto, doloroso, pero también esperanzador. Reconoce que la única manera de curar las heridas y resarcir el pasado, es escuchar, y caminar juntos, desde las diferencias, hacia proyectos comunes en los que la bandera de los derechos humanos y un futuro mejor para las nuevas generaciones es una apuesta vital.

Para Mauricio López, secretario ejecutivo de REPAM : “estamos aquí comenzando con un pedido de perdón, haciendo eco con lo este pedido hecho por el mismo Papa Francisco.  Creemos que hay muchos espacios para poder caminar juntos, hay espacios de articularnos, de generar procesos de defensa. Hay un llamado particular para encontrar el espíritu común: La Amazonía como la gran reserva espiritual, la respuesta a otro modo de ser humanidad, están aquí; ésta también es la reserva ética.”

La vice presidenta de la Confeniae, Lourdes Jipa, del pueblo Quijos manifiesta “Ya somos fruto de ese encuentro entre la Iglesia y nuestros pueblos, y desde ahí también ha nacido algo nuevo, que no podemos arrancar, pero sí podemos y debemos ser críticos. No queremos que nos tengan compasión, queremos sentarnos a debatir, queremos que se tomen en serio nuestras propuestas y nuestra voz.”

El diálogo identificó como aspectos principales de coincidencia, la defensa de los derechos humanos, la protección de los territorios indígenas  y a los  líderes sociales, la visibilización en el mundo, la lucha constante por existir, pero también de resistir. «La iglesia en la Amazonía tiene que ser LIBERADORA» tiene que incorporar nuestra espiritualidad y nuestras formas de ver el mundo, el modo de vivir, nuestra cultura.» Ercio Machineri de Brasil.

La Iglesia como compañera de los ,procesos de liberación de los pueblos es determinante. Las organizaciones indígenas, necesitan una Iglesia capaz de  acompañar procesos de reivindicación,  que denuncie y  tome una postura clara en defensa de la vida.  Además, la reconocen como una aliada en la  incidencia en espacios de toma de decisiones, se reconoce su capacidad de influencia y su llegada a organismos y espacios trascendentales.

Pero existen también otros temas en los que este acercamiento puede ser real y transformador, nos dice Harold Rincón de Colombia, «La Iglesia necesita hacer un trabajo a la inversa, es decir, necesita aprender de nosotros, los pueblos indígenas. El papel que puede jugar en la protección y recuperación de la cultura es fundamental la educación intercultural, la salud, la justicia». Para eso, se requiere de creatividad y compromiso, de cuidado de la cultura, de afianzar procesos formales, para su recuperación y revalorización.

La Iglesia tiene que hablar de la realidad, de las amenazas y los desafíos que impactan a los pueblos, pero que tienen que ver con toda la humanidad. «No pueden ir solo a celebrar sacramentos desconociendo todo lo que atraviesa a este territorio, debe respetar estos procesos y reconocer que su presencia en la Amazonía amerita un compromiso y un desafío mayor con esta realidad, que está hablando, con un poder que nos está matando. No puede ser indiferente» afirma Tuntiak Katán de pueblos shuar y vicecoordinador de COICA.

El diálogo confrontó la presencia de la iglesia en la Amazonía. Nos desafía a reconocer los errores que aún causan dolor y duda y también nos invita a pensar con creatividad los nuevos procesos que se deben generar para existir en este territorio. Ha sido un diálogo sanador, un diálogo horizontal y pertinente. Una actitud de verdadera escucha es la que nos permitirá avanzar en camios de esperanza. Queremos nuevos comienzos, queremos que los pueblos amazónicos moldeen la iglesia, como dice el Papa Francisco,  «afirmamos como REPAM este mandato de la Iglesia  que es el cuidado de la Casa Común y el acompañamiento a los pueblos originarios y a sus luchas» concluye Mauricio López.

 

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