Hay que creer en la justicia, luchar por la justicia y trabajar con ella, frente a estos signos de los Herodes de estos tiempos. Dónde está nuestro corazón como instancia eclesial para acompañar la vida, defenderla, estar con quienes están expoliados en sus derechos, frente a los intereses del gran capital.

Todas las historias de esperanza, si son genuinamente también de posibilidad de futuro, tienen signos también de dolor, de persecusión. Hace pocos días hemos celebrado la venida y nacimiento de ese signo de esperanza en lo pequeño, que también ha estado marcado por los signos de persecución de los poderes de su tiempo.

Acabamos de vivir un proceso de profundo dolor pero donde la esperanza está viva. Los hermanos de los pueblos kichwas y shuar afectados por los interés extractivos de la mega minería. Desalojados, despojados de su tierra, de distintas maneras, violentados por muchas de las instancias llamadas a precautelar sus derechos, limitadas y nos deja la duda, si con grados de complicidad.

Una causa profundamente eclesial es la la opción por los más empobrecidos, de los derechos humanos, hace parte de la opción de la Iglesia, en ese niño pequeño, frágil y vulnerado que nace en los márgenes.

Hemos sentido la insensibilidad de las  instancias responsables, por el dolor de estas personas, las vidas de estas personas, que son como números o cifras, manejadas por la agenda jurídica, y que para nosotros son vidas concretas. El caso de doña Rosario, de la tercera edad, abandonada , ultima desalojada, nos dice que algo anda mal como sociedad.  Sentimos ese contraste del interés del gran capital, del interés extractivo. Los derechos humanos necesitan ser respetados, el derecho a la consulta previa, a la vivienda digna, el derecho a la autodefinición de estas comunidades.

La opción por los DDHH debe permanecer, y esto es un llamado a la unidad, para que todas las organizaciones hagamos una opción genuina para sumar. El caso de Tundayme refleja la situación de toda la Pan Amazonia. El asesinato a líderes y defensores en Colombia, en Brasil, la violencia  desde la instancias del más alto nivel, dando marcha atrás a proceso históricos, la violencia sistémica en  Venezuela, los derramamientos de petróleo permanentes en Perú. 

Pero en medio de todo esto, hay que creer en la justicia, luchar por la justicia y trabajar con ella, frente a estos signos de los Herodes de estos tiempos. Dónde está nuestro corazón como instancia eclesial para acompañar la vida, defenderla, estar con quienes están expoliados en sus derechos, frente a los intereses del gran capital.

Es importante que estos momentos, que parecen signos de fracaso, sean signos de esperanza, de una conciencia ética.

No solo la defensa de los DDHH es urgente,  sino que en muchos lugares más de la  Amazonia, podamos  acompañar la dignidad de vida, el futuro posible, los medios de vida, los procesos de rupturas internas.

Y termino con una frase de Dom Claudio Hummes, presidente de la REPAM: «nosotros reconocemos que las personas somos limitadas, pero sin duda afirmamos quela causa justa es lo que es una causa de santidad y queremos defender esas causas justas respetando proceso y articulando a unas y a otras”.

Mauricio López

Secretario Ejecutivo – REPAM

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