-Compartimos las palabras de monseñor Alfredo Vizcarra, expuestas ante los comentarios y preguntas del público en un foro realizado el pasado jueves en la capital peruana. Consideramos que estas son reveladoras sobre la realidad que afrontan actualmente los pueblos indígenas en la Amazonía y el desafío que tiene la Iglesia al respecto. 

 

Hace algunos dias se llevó a cabo en Lima el foro público ‘El Sínodo y los nuevos caminos para una Iglesia con rostro amazónico’, que tuvo como uno de sus ponentes a Alfredo Vizcarra, obispo del Vicariato Apostólico de Jaén y coordinador de la Red Eclesial Panamazónica(REPAM) en el Perú.

En su primera intervención, monseñor Vizcarra dio cuenta del significado que tiene el Sínodo de la Amazonía −convocado por el Papa Francisco para octubre del próximo año en Roma− dentro de la propia Iglesia católica. El Papa nos invita a que seamos una Iglesia en salida, nos invita a otra manera de estar, de ser Iglesia, explicó.

En ese sentido, el obispo jesuita agregó que con este Sínodo el Papa busca escuchar a todos, “la idea es de una consulta ampliada”. Luego fue el turno de Romina Rivera, del Movimiento Ciudadano frente al Cambio Climático (MOCICC), de Laura Vargas, de la Conferencia Episcopal de Acción Social (CEAS), y de Gonzalo Gamio, de la Universidad Antonio Ruíz de Montoya (UARM).

Siguió la ronda de intervenciones del público donde se plantearon diversas preguntas: ¿Cómo debe ser ese acompañamiento de la Iglesia a los pueblos de la Amazonía? ¿En qué lenguaje le debemos de hablar a la gente? ¿De qué modo la evangelización puede ayudar a los pueblos indígenas a ser reconocidos y respetados como seres humanos? ¿Qué tipo de misioneros se necesita hoy en la Iglesia? ¿Qué ocurre ahora que la Iglesia católica tiene menos miembros?

Lo que sigue son las palabras de monseñor Alfredo Vizcarra a los comentarios y preguntas del público. Vizcarra, quien actualmente es también presidente del Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (CAAAP), estuvo varios años sirviendo en el Chad, en África. Sus palabras parten de un saludo y comentario que le hizo −en una de las lenguas del Chad− a una amiga que conoció en dicho país y que fue parte del público.

En el uso de la palabra, misionera del Chad presente en foro público en Lima. Foto: CAAAP

Bueno, yo le estoy diciendo en su lengua, en una de las lenguas del Chad (África), que estoy muy contento de su presencia aquí, de esta hermana amiga, entre nosotros. Esto lo digo a propósito del problema que está planteando nuestro hermano allá atrás de: en qué lengua les hablamos (a los pueblos de la Amazonía).

Yo ya tuve que invertir en aprender una lengua allá (en el Chad), y me siento mal porque no tengo la oportunidad de hacer lo mismo aquí en este país, en mi país, con hermanos que tienen otra cultura, otra lengua. Y no tengo otra oportunidad porque no vivo en ese contexto. El Vicariato (de Jaén) donde yo estoy tiene parte amazónica, de selva, y parte de ceja de selva; y, lamentablemente, la sede del vicariato está en Jaén. Bueno, lamentablemente no lo sé, pero está ahí. Y es muy grande el vicariato. En la parte de ceja de selva son 1500 comunidades, veintitantas parroquias donde están esas comunidades que hay que visitar también; y en la parte de Amazonía, en Condorcanqui, son muchísimas (comunidades más), quizás 300, no recuerdo, ahí me corrige Jaime Regan, pero está por ahí (la cantidad).

Pero, entonces, qué cosa he hecho yo. No lo voy a decir aquí para tirarme flores o algo por el estilo. Pero es (lo que yo he hecho) porque es lo que he sentido a partir de la experiencia que he tenido de vivir en el Chad: yo no puedo ser obispo de esta zona o de ninguna parte si no conozco a la gente, si la gente no me conoce. Entonces, lo que hago yo es cada año me voy un mes a vivir en una comunidad de esta parte de la Amazonía, y estoy allí viviendo más o menos un mes con ellos.

Y quiero contar la experiencia última. Estuve en (la comunidad) Antiguo Kanam, eso es Cordillera del Cóndor en la frontera (con el Ecuador); allá hay un amigo (señala a alguien en el auditorio) que ha estado ahí también. Y lo traigo a colación ahora porque también hoy me he enterado que aquí, mientras nosotros estamos hablando de estas cosas, la minería ilegal está ahí presente y continúa actuando, sacando el oro por el Ecuador; y, a través de esa intervención, esto es una cosa concreta que hemos estado diciendo antes, creando división entre las comunidades. Porque ante la necesidad, los problemas, lo que hemos dicho antes, lo que está viviendo (la comunidad) al momento de ser incorporado a nuestro modo de vivir, (surge la) necesidad de dinero, por ejemplo, (surge la necesidad de) educación, todo lo que hemos dicho, que no existe allí, o existe mal, muy mal.

Entonces para poder vivir… yo estuve ahí, estuve no solamente en esa zona (Antiguo Kanam), sino que también caminé porque hay que pasar cuatro días (para llegar), porque me desvié un poco, porque sino son tres días desde el puesto de misión donde están las hermanas en Huampami. Tres días caminando para llegar hasta allá, y no es caminito así (sencillo)… tú sabes (señalando a alguien en el auditorio) son unas pendientes muy inclinadas, es barro, porque ya estamos en la selva y llueve todo el tiempo y te caes los que no sabemos caminar como ellos  (los comuneros) caminan. Yo me caí, no sé cuántas veces me caí, pero en fin; pero para decir que el camino es difícil. Vivir ahí, para los que no están acostumbrados, es difícil. Bueno, entonces hay que llegar hasta esos lugares como dice el hermano, para darse cuenta que ahí, en esa comunidad donde yo estuve, no hay un profesor, ni tampoco enfermeras, ni mucho menos. Porque a ver qué profesor va ir hasta allá, pegarse tres días de camino para llegar hasta allá, y en qué condiciones. Tiene que ser un nativo de por allí, si no, no. Si no, es imposible.

Y bueno, estuve yo allí, recorriendo, y hablando de esto, hablando del Sínodo. No les explicaba como hemos hecho ahora acá, pero hemos hablado de estas cosas. Y si hablo en estos términos delante de ustedes es porque lo que yo he escuchado es mucha frustración. Estoy repitiéndome porque, justamente, es gente que ha esperado durante mucho tiempo; son muchas las expectativas y lo que se les da es muy pobre, es muy pobre. Entonces ante esta situación, la pregunta que ellos me hacían, que no ha sido una sola vez, de esto hemos hablado y nos han hablado tantas veces: cuántos de nuestros dirigentes han salido de aquí también, los han capacitado sobre los derechos y no sé qué, pero, y me decían: “¿y dónde están nuestros derechos?”. Esa es la pregunta que me hacían (en la comunidad) y, como comprenderán, yo hablando de estas cosas (el Sínodo), después de que me lanzan una pregunta así, no sabía qué decir, simplemente. “¿Dónde están nuestros derechos?”. Pero no era para decir(me) que ya, ‘estamos de acuerdo contigo y sí vamos a seguir luchando y a ver si nos unimos todos’, sino para decir que ‘si no hay posibilidad de derechos, lo único que nos queda es irnos con la minera’.

Momento de los comentarios y preguntas. Foto: CAAAP

Y hoy, les decía al inicio, me estuvieron comentando que allí están y hay mucha gente que se está yendo y está migrando para ir a esta zona, creo que se llama El Tambo, para trabajar en la minería, porque allí hay plata. Entonces por ahora, mientras estamos aquí discutiendo estas cosas y esperaremos el Sínodo, están sucediendo estas cosas y hay una ruptura que se está creando no solamente social, hay una ruptura cultural que se está produciendo muy fuerte, de mucha hondura, y por eso para mí esto es muy grave. Yo les dije: hay un dolor, un sufrimiento histórico muy grande y presente. Entonces, la pregunta por ahí era: ¿y qué hace la Iglesia para ayudar a salir de esta situación?, alguien también ha dicho la necesidad de una voz profética, que denuncien y que digan.

Yo salí de allí (Cordillera del Cóndor) diciendo: tengo que ir a hablar con el presidente (de la República) para mostrar estas cosas, porque esta es la realidad de nuestro país. Porque, además, esa es la experiencia que tuve porque estuve varios días allí, y lo que yo he vivido y lo que yo he experimentado, porque en esta zona donde no hay nada, no hay dinero tampoco, la gente vive de la selva y se vive bien.

Lo que yo he experimentado es vivir de la selva, es decir, no necesitas nada más. Pero ya estamos en este sistema, entonces hace falta educación, hace falta salud, en fin. Porque también se han ido perdiendo el conocimiento, se ha ido perdiendo el conocimiento cultural de la zona. Y entonces se les ha creado esa necesidad, porque de hecho ahí no hay escuela. Entonces, hay que mandar a los niños a otro pueblo, a dos días de camino para que vayan a estudiar ahí los hijos.

Entonces, bueno pues, ¿qué cosa hacemos? Y lo que hacemos y acabamos de decir es que en la selva, la Iglesia allí donde estamos, 70 por ciento son evangélicos. Nosotros somos una minoría, pero no estamos por los católicos o los evangélicos, estamos para todos. Pero de todas maneras cada vez somos menos y creo que sí, y es lo que dice este documento (sobre el Sínodo), y lo que creo va tener que trabajar el Sínodo, es replantearnos. Eso tiene que, a nosotros, la Iglesia, o si quieren, los que tenemos responsabilidad en la Iglesia, tiene que hacernos replantear nuestro modo de presencia, qué buscamos, que hacemos, qué es lo que hay que hacer. Creo yo que es necesario que los sacerdotes, aunque sean pocos, o las religiosas, el modo de estar sea más estando presentes. Y de este modo, quiero decir, estando, yendo. Caminar si hay que caminar, hay que hacer cuatro días (entonces) hay que caminar y estar allí, y pasar y sentir y estar. Solo desde ahí puedes hablar o puedes reorientar el trabajo de cualquier otra institución de la Iglesia.

Pero al mismo tiempo, esto supone un trabajo de formación de quienes son los católicos, laicos, catequistas. Yo no sé, como he dicho, si hay que hacer qué tipo de ministerio, no lo sé. Pero me parece a mí que tiene que ser un modo de Iglesia diferente, desde quienes son responsables, hasta quienes son los de a pie, quiero decir los católicos o los cristianos.

Y bueno, quiero terminar esto para graficar un poco la dificultad o el desafío que está. Es algo que nos dijo en una asamblea del vicariato en la parte de selva, un catequista. Estábamos haciendo la evaluación de nuestra presencia y él nos dijo como él evaluaba; nos contó, nos dijo: “los curas, los padres o los misioneros son como un viejo, que vino y puso su tienda, se instaló, en una tiendita, una choza ahí en medio de nuestro jardín (…), y ahí estaba él y nos ayudaba, (con) educación, o lo que necesitábamos. Y nos ayudaba y nos apoyaba en muchas cosas. Pero no hemos acabado de entender por qué hace eso. No sabemos bien por qué, qué lo ha llevado a venir y estar aquí. No acabamos de entender bien.”

Creo que lo que él decía con eso, de alguna manera, también era una insistencia a ver cómo hacemos para que aquello que es un tesoro, hace un momento dije, también puedan (los que ponen su choza) ellos descubrirlo. Pero para ello hace falta la lengua, hablar en el idioma. Si no lo podemos (hablar) directamente, hacerlo a través de otros; pero hace falta que hayan personas que hayan descubierto el porqué hacemos, porqué la Iglesia está presente, por qué hace lo que hace.

Muchas gracias.