-En una breve charla, la partera awajún cuenta de las realidades que le preocupan, los saberes que heredó de sus antepasados y lo que es el ‘Tajimat Pujut’, o Buen Vivir, para su pueblo.  

Rosario Chamiquit Dejima es partera tradicional y artesana del pueblo Awajún. Nació en la zona del Cenepa (Amazonas), cerca de la frontera con el Ecuador. De muy joven se fue a vivir a Nieva, en la provincia de Condorcanqui. Su oficio de partera lo aprendió de su abuela, cuenta orgullosa. “La gente confía en mí, a veces vienen a mi casa y yo les ayudo”.

También da consejos. “Les digo que no tienen que automedicarse porque la mayoría de nuestros paisanos se tratan con plantas medicinales porque es lo único que hemos usado desde muy antes”.

El pueblo Awajún es el segundo más numeroso de la Amazonía peruana. Sus miembros habitan principalmente la región Amazonas, pero también parte de Loreto, Cajamarca y San Martín. La presencia del Estado es precaria en varios campos, sobre todo en la atención en salud.

Los padres de Rosario Chamiquit fallecieron −cuenta ella− por el primer brote de sarampión que hubo en su zona. Desde entonces, cuando tenía cinco años, se fue a vivir con sus abuelos paternos y sus tíos. Esa fue su escuela. Aprendió con ellos a hacer bisutería, cerámica, piezas de arte.

Rosario Chamiquit estuvo en Yurimaguas (Loreto), en una de las asambleas territoriales que han sido preparativas para el Sínodo de la Amazonía convocado por el Papa Francisco; y allí, a través de sus intervenciones, llamó la atención sobre la vulneración que sufre la mujer indígena, lo relegadas que se sienten porque no reciben atención adecuada de las diversas instituciones.

La atención deficiente en salud que presta el Estado es algo que constata continuamente, atención que además está escaza de interculturalidad, explica. En Nieva la mayoría de obstetrices son varones, lo que genera que pocas gestantes acudan a atenderse. Añade que, de otro lado, “a veces la gente no tiene recursos económicos y no tiene con qué para que ingresen al hospital”.

Participando en la asamblea territorial presinodal que se realizó en Yurimaguas, en setiembre último. Foto: CAAAP

La situación ambiental es algo que también le preocupa. “Hoy estamos escuchando que del Cenepa están sufriendo… yo soy del Cenepa», recuerda. “Los awajún y otras etnias tenemos árboles, plantas medicinales, tenemos ríos, aguas termales. Como no tenemos mercado, nunca hemos tenido, los viejos han cuidado y los animales no se han ido lejos, ni los pajaritos, y teníamos peces en abundancia”.

Reivindica de otro lado la visión de su pueblo respecto a la vida y el territorio, habla del ‘Tajimat Pujut’, o Buen Vivir, de su pueblo.

«De muy pequeña me han educado que yo tengo que sembrar si queremos tener lo que se dice ‘Tajimat Pujut’, que (se) refiere a un hogar, una persona que tiene de todo: sembríos de palmeras, de árboles, plantas medicinales, de todo… (que quiere decir) que sabes trabajar, que sabes colaborar, gestionar para tu pueblo, enfrentas problemas, eso es ‘Tajimat Pujut’, que tienes de todo.»

En otro momento, Rosario Chamiquit defiende, convencida, lo que le enseñaron sus antepasados sobre la vida y la creación. “Mi abuelita que era del Cenepa decía que había un ser que se llamaba ‘Tatayus’”. Este se encargaba de salvar o condenar.

“Cuando una persona moría, ellos (la gente) tenían una costumbre de salir afuera, sentarse después del entierro, y miraban en la parte donde era loma, desierto”. Si se veía un “fuego que ardía”, eso quería decir que ‘Tatayus’, o Dios, condenaba a la persona fallecida. En cambio, si no se veía ese fuego, entonces eso quería decir que “Dios lo recogió, ‘Tatayus’ lo recogió”.

Ahora dedica mucho de su tiempo a transmitir su cultura. A los más jóvenes y a las mamás les enseña a danzar y dice que cada vez que puede gestiona clases de cerámica o de cestería para ellos.