La noche del último viernes se amplió el espacio de la tercera asamblea territorial presinodal, en Iquitos, para escuchar y compartir puntos de vista con participantes del evento y público invitado.

José Manuyama, del Comité de Defensa del Agua, que agrupa a diversos colectivos ambientalistas de la ciudad, llamó la atención del auditorio a fin de actuar porque “esta civilización de los últimos 200 años lo está destruyendo todo”.

Pidió así que en el caso de la Iglesia, su voluntad de apoyo sea “más explícita para revertir la realidad ambiental en que vivimos”. Reconoció que la Iglesia viene realizando un buen trabajo de acompañamiento, como en lo legal, en casos de megaproyectos, pero que se necesitan más señales.

Más temprano, Laura Vargas, de la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS), había citado un estudio del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC), publicado a principios de mes (ver aquí), donde el panel advierte que urge limitar el aumento de la temperatura global a un máximo de 1,5 grados centígrados.

En ese sentido, Vargas resaltó que, justamente, el Sínodo de la Amazonía fue convocado por esa situación de emergencia que afronta la tierra debido al actual modelo de desarrollo imperante. Destacó así el valor de esta parte del mundo y sus pueblos, ya que “lo que pasa en la Amazonía repercute en toda la humanidad”.

José Manuyama, Richard Rubio (Aidesep) y Laura Vargas. Foto: CAAAP

A fin de proteger la Amazonía y el planeta, Vargas precisó que los actores centrales en este proceso de defensa son los pueblos indígenas, por lo que es importante trabajar con ellos para contrarrestar el avance “del extractivismo, la depredación de los bosques, la contaminación de las aguas.”

Al respecto, dijo que “tenemos un instrumento maravilloso: la encíclica Laudato Si, que marca el magisterio de la Iglesia en todo lo que significa el cuidado del planeta”.

Este momento nos desafía y no podemos ser indiferentes -invocó-, para cerrar su presentación señalando que no podemos regirnos por las tres “A” de estos tiempos: avaricia, arrogancia y apatía.

Por su parte, Manuyama enfatizó en el valor que tiene la movilización ciudadana, ya que a través de ella se ha conseguido detener proyectos que dañan o amenazan a ríos, bosques y comunidades. “Necesitamos ponernos manos a la obra”, sentenció.

Obispos de la selva (Iquitos y San José del Amazonas, al centro) con algunos ponentes y parte del público. Foto: CAAAP

A su turno, Richard Rubio, indígena kichwa del río Napo y vicepresidente de la organización nacional Aidesep, exhortó a la Iglesia a mantener su presencia allí donde se encuentra, pero a la vez a que busque llegar a otras zonas donde algunas comunidades se encuentran abandonadas, tanto por ella (la Iglesia) como por el Estado.

“Pedimos que nos ayuden a defender, que nos ayuden a proponer, a construir, a consolidar una vida donde todos somos responsables del cuidado de la Casa Común”, dijo. Entre el público, jóvenes e incluso un representante de la Marina, manifestaron su apoyo a la defensa de la Amazonía.

La tercera asamblea territorial que se realizó en el Perú con miras al Sínodo de la Amazonía, que se desarrollará en octubre del próximo año en Roma, contó con el saludo de los obispos presentes: Miguel Olaortúa, del Vicariato de Iquitos; Javier Travieso, del Vicariato de San José del Amazonas; y Juan Oliver Tomás, del Vicariato de Requena.

Olaortúa destacó que el Papa Francisco convocó a este último sínodo “para tratar exclusivamente el tema de la Amazonía, de la situación real, para ver cómo la Iglesia puede aportar para liberar todas estas estructuras que hacen que la Amazonía no viva como debe vivir, y ver qué tipo de iglesia queremos construir y realizar”.