Esta mañana de sábado los y las participantes de la Primera Asamblea Territorial Presinodal, que se desarrolla en Lima con invitados de los Vicariatos Apostólicos de Ucayali, San Ramón y Puerto Maldonado, expusieron la problemática social, cultural y religiosa de su zona y su expectativa sobre el tipo de Iglesia que desean.

Para esta parte los participantes se dividieron en siete grupos con el fin de dar respuesta a las preguntas planteadas en el documento preparatorio para el Sínodo para la Amazonía, encuentro de obispos que se desarrollará en Roma, en octubre de 2019, y que no tiene precedente alguno en la historia de la Iglesia católica.

Las realidades identificadas fueron diversas, todas graves. A modo de lista y sin un orden especial citamos lo expuesto por los y las participantes como parte de un primer cuestionario de reflexión. La pregunta que dio pie a la reflexión, y también a la crítica y autocrítica, fue: ¿Qué es lo que más le duele de la realidad de su comunidad: vida, territorio, cultura?

Los vicariatos de Pucallpa, San Ramón y Puerto Maldonado cubren lo que es la Amazonía centro y sur oriente del país. Dicho en regiones, ocupan Junín (selva), Ucayali, Puerto Maldonado y parte de Cusco.

¿Quiénes viven aquí? Como pasa en casi toda la Amazonía, en esta parte encontramos pueblos indígenas, comunidades ribereñas (que también pueden ser indígenas), y habitantes que no se reconocen en ninguno de los dos primeros grupos. Pero también existen los Pueblos Indígenas en Aislamiento y en Contacto Inicial (PIACI).

Algunas problemáticas son particulares pero la arrolladora mayoría es común a todo el territorio. El extractivismo es algo que se presenta en todas las zonas y se manifiesta en la actividad que realizan las empresas petroleras, de gas, mineras, madereras, entre otras. Esta actividad no se presenta sola, por el contrario, tiene fuertes aliados. Quizás los más fuertes y peligrosos: las propias autoridades del Estado.

Las empresas muchas veces actúan en contubernio o alianza ilícita con funcionarios públicos, con autoridades elegidas, e incluso, según lo expusieron, con las propias autoridades comunales. A estos últimos las extorsionan o las sobornan. Sucede de otro lado, y mucho, que a las comunidades no se les consulta, como ordena la ley, sobre la actividad que se quiere realizar.

Eso es por una parte, por otra, la actividad extractiva también produce contaminación. Los que la padecen son las comunidades que viven en o cerca de la zona donde las empresas operan. Se contaminan ríos, suelos, sedimentos, sitios sagrados. La contaminación del río significa la contaminación de la principal fuente de alimentos de las comunidades: los peces.

¿Ante cuadros como estos, qué es lo que más duele? La indiferencia del Estado y de la sociedad, duele también que en nombre del “desarrollo” se vulneren los derechos de los pueblos originarios. También pasa en la Amazonía que no hay escuelas, que no hay servicios básicos, que los índices de pobreza y enfermedades alcanzan picos altos.

En las comunidades ocurre que la organización se hace débil, y que los jóvenes reniegan de su identidad. Se pierden prácticas fundamentadas en la solidaridad y en el llamado Buen Vivir. De otro lado, el espacio donde siempre han vivido ha cambiado de un manera drástica. Cada día se depredan cientos de hectáreas de bosque y con ello se extingue la vida de la fauna que allí se encuentra.

Las problemáticas son diversas y se entrecruzan, no es es sencillo enumerarlas. Ante ello, surge la pregunta: ¿Cómo debe acompañar la Iglesia a la organización de los pueblos en su identidad, defensa de territorios y derechos? Esta interrogante forma parte del documento preparatorio para el Sínodo, los participantes han encendido algunas luces.

El encuentro continuará hasta mañana. Participan misioneros y misioneras de diversas órdenes religiosas así como laicos y laicas, animadores y animadoras, agentes de pastoral, diáconos permanentes, seminaristas, entre otros; asimismo, representantes de los pueblos indígenas Shipibo-Konibo, Asháninka, Machiguenga, Harakbut, entre otros.