Entrevista a Alfredo Vizcarra M., Obispo del Vicariato de Jaén y presidente de las comisiones de laicos y juventud de la Conferencia Episcopal Peruana.

Por María Rosa Lorbés
Coordinadora del Observatorio Socioeclesial del Instituto de Fe y Cultura-UARM

-Monseñor, usted es peruano pero ha pasado varios años fuera del Perú como misionero, como en el Chad, África. 

Yo nací en Lima, aunque la mayor parte del tiempo la he pasado en otras ciudades. Entonces no soy un limeño limeño. Para mí la experiencia del Chad me ayudó a entender o acercarme -o quizás las dos cosas- a esta cultura. El Chad es un pueblo que vive en el desierto. Aquí en Jaén estamos más bien en un territorio donde todo es verde, llueve todos los días. Allá es árido, seco, con lluvias muy escasas.

-Háblenos del próximo Sínodo Panamazónico, pero primero habría que explicar qué es un Sínodo.  

Sínodo viene del griego y significa “hacer camino juntos”. Y el Papa está devolviendo a la Iglesia este modo de ser y de avanzar como pueblo de Dios. Cuando se convoca a un Sínodo, el primer paso que busca el papa Francisco es, precisamente, empezar por preguntar al pueblo de Dios, a todos los implicados, qué opinan sobre ese tema. Cada Sínodo, el de la familia, el de la juventud, ha sido así; buscando una participación muy amplia. Y el de la Amazonía también va a ser así. Yo mismo voy a ir ahora dos días al río Cenepa. Voy a ir a trabajar y voy a explicar a las comunidades cristianas el documento de preparación del Sínodo. Todo eso va a ser insumo para el encuentro final de octubre del año próximo de los obispos y algunos expertos, teólogos y otros.

-¿Usted cree que los nativos y la población en general están motivados? 

Yo creo que la visita del Papa ha sido una muy buena preparación para este Sínodo y para el involucramiento de los pueblos nativos en este proceso, porque ha sido muy clara la relación de diálogo; el Papa mismo ha utilizado esa idea varias veces expresándolo con el término “encuentro”. Y los pueblos indígenas así lo han percibido. Yo le puedo decir, de algunos encuentros y reuniones que he tenido con líderes indígenas de acá, que ellos también se han dado cuenta y han percibido que la Iglesia lo que quiere es un acompañamiento, estar con ellos, caminar con ellos para, juntos, ver que tengan un espacio, que se les reconozca, se oiga su voz, que puedan ser respetados sus derechos, su modo de ser y de vivir en ese ambiente

-¿Qué ofrece la presencia de la Iglesia en las comunidades amazónicas para la vida, el territorio, la cultura? 

Yo pienso que para los pueblos indígenas la presencia de la Iglesia es esperanzadora. Estamos aquí hace muchísimos años… Es verdad que no siempre fue una presencia respetuosa de los derechos de los nativos, pero también es verdad, como el Papa lo ha dicho, que los misioneros hoy no están aquí pensando en llenar sus maletas e irse; sino que están ahí para permanecer con la gente. Toda la intervención de la Iglesia ha sido para buscar con los nativos respuestas a sus necesidades concretas de salud, educación, de producción. Creo que en este contexto también lo seguirá haciendo para ser su voz, para pedir y hacer que las políticas del Estado tengan en cuenta la Amazonía para el bien de la humanidad, como pulmón del mundo; pero también respetando las culturas, respetando a todos los pueblos que viven allí.

-En su respuesta, monseñor, algunos pueden leer una especie de crítica política; hay gente, incluso cristianos, que van a acusar a la Iglesia de estar politizando su función y yendo contra el desarrollo. 

Yo creo que hay una tendencia a reducir la fe o la religión a un ámbito privado, personal, cuando en realidad eso nunca ha sido así. La experiencia de la relación del hombre con Dios que se nos presenta en la Biblia es social, completamente social. Si uno recorre todos los libros de la Biblia, son problemas sociales, desde el Éxodo o incluso desde antes. Los 10 mandamientos son sociales; es una manera de organizar las relaciones humanas y eso porque se cree en Dios. Todo es social en los textos bíblicos: cómo tienen que gobernar los Reyes, la presencia de los Profetas, justamente denunciando las injusticias que tenemos que afrontar, etc. Todo es social porque nuestra vida es así. Entonces, creer en Dios significa comprometerse para organizar la vida social de otro modo. ¿Eso es política? La Iglesia se posiciona desde la actitud que nos ha revelado siempre el Señor. A veces por buscar un desarrollo que beneficia a unos cuantos,… un desarrollo que puede traer consigo la destrucción de la naturaleza para el enriquecimiento y el beneficio económico de algunos, nos olvidamos de tanta gente. Yo lo siento, pero no veo hasta ahora, en ninguna parte, cuánto una inversión en el petróleo, en las minas, etc., ha producido como consecuencia un bienestar y respeto de las culturas andinas o indígenas. ¡Cuántos años estos pueblos siguen sufriendo de tantas carencias por este tipo de modelo de desarrollo!

-Uno de los objetivos del Sínodo es una Iglesia con rostro amazónico. ¿Cuáles son, por ejemplo, los espacios de expresión autóctona y de participación activa en la práctica litúrgica de sus comunidades?

Creo que, a nivel de la liturgia y hablando desde mi experiencia de acá, hay esfuerzos. Hay traducciones de la Biblia, hay traducciones de la misa, de los cantos en lenguas nativas; sin embargo, tenemos que hacer un mayor esfuerzo por adaptar, incluso, la misma Eucaristía, las celebraciones, más en relación con el espíritu de aquí mismo. Es una tarea por hacer porque siempre seguimos el mismo rito, tal cual. En África, por ejemplo, hay propuestas de hacer un producto más africano, que tenga que ver más con la cultura africana, y en muchos lugares es igual. En algunos sitios acá, en el Vicariato, hay catequistas que conocen las lenguas nativas y ellos tienen un rol muy importante.

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Fuente: La República

 

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