Pueblos indígenas deben ser sujetos de su propia historia, en lo político, económico, cultural, ecológico y en lo religioso

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En la ciudad de Puerto Maldonado, el Papa Francisco tomará contacto directo con los principales problemas de la población indígena. Y, es que en realidad éstos, son múltiples, son muy diversos y están contextualizados en los territorios específicos de cada país. Pero, si vemos un denominador común, quizá el problema mayor que percibimos ahora, es la pérdida de su identidad cultural frente a estos valores dominantes de una cultura occidental abrumadora, invasora en muchos sentidos a nivel de proyectos económicos, donde sus modos de vida, sus propias expresiones están siendo fuertemente impactadas por estos otros modelos que vienen de fuera, muchas veces a través de una colonización simbólica, una colonización de los imaginarios y que está dando paso a que paulatinamente y progresivamente se vayan perdiendo los rasgos más potentes de su historia, de su espiritualidad que están, de alguna manera, registrados en todas sus prácticas culturales.

“Es clarísimo que sus territorios están siendo cada vez más amenazados por toda esta embestida extractivista, sea por proyectos petroleros o mineros que están, desafortunadamente muchas veces, en los mismos lugares donde son sus territorios ancestrales, o sus territorios legalmente reconocidos”, comenta Mauricio López, Secretario Ejecutivo de la Red Eclesial Panamazónica -REPAM. Quien agrega a esta amenaza, la expansión de la frontera agrícola y ganadera.

En el centro de todo, está la gran disputa por el territorio para el control de los recursos, sean los recursos naturales y también, de alguna manera, los recursos simbólicos son las cuestiones que más están afectando a los pueblos indígenas. La violación sistemática de sus derechos, tanto sus derechos colectivos, como sus derechos humanos en general.

“Hay un fracaso absoluto del respeto a lo que tendría que cumplirse vía derecho internacional como la consulta previa y que la mayoría de los estados amazónicos han suscrito, el acuerdo 169 de la OIT y donde algunas constituciones en los países amazónicos incluso se plantean una nueva generación de derechos, que son los derechos ambientales y, por otro lado, asociados a los derechos culturales, pero que se han quedado en el papel”, afirma Mauricio, agregando un desafío más.

“Un tercer desafío es el que ellos (los pueblos amazónicos) puedan crear condiciones de vida, medios de vida, iniciativas que puedan generar también los ingresos necesarios para que ellos puedan tener una vida digna y al mismo tiempo que puedan permanecer en sus territorios y, por lo tanto, precautelar sus prácticas tradicionales”.

Muchas veces, los proyectos económicos que se han promovido, incluso por organizaciones no gubernamentales o la iglesia misma, son proyectos que no corresponden con sus identidades, con las propias características y vocación de los suelos de estos territorios, y a veces, se ha hecho más daño que bien, dice Mauricio López, acentuando una falta de actoría propia de los pueblos amazónicos, sobre los temas que afectan su vida.

Entonces, en ese sentido, otro de los principales problemas a resolver es que ellos sean reconocidos como sujetos de su propia historia, en lo político, en lo económico, en lo cultural, en lo ecológico, pero también en lo religioso. En un diálogo constructivo de respeto y reconocimiento y que también, de alguna manera, pueda enriquecer. “Sin una ingenuidad o idealismos de pretender que todo es perfecto en las culturas indígenas, pero si buscando procesos de convergencia respetuosos, a partir del diálogo y que aseguren la continuidad de sus identidades”.

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