Red “Iglesias y Minería” participará en el Foro Social Mundial 2015 en Túnez

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Las iglesias, El Foro Social Mundial y la violencia de la minería

El Foro Social Mundial (FSM) es una intuición de los movimientos sociales de diversas partes del mundo para contraponer a la globalización económico-financiera, una articulación de aquellos que sueñan, piensan y construyen el “otro mundo posible”.

Algo parecido, en clave cristiana, a la “Globalización de la Solidaridad”, que hoy el Papa Francisco interpreta como un compromiso urgente de la Iglesia frente al pecado social del capitalismo, que genera desigualdad y descarta a las personas y a la creación.

Desde 2001, el FSM reúne militantes de los más diversos movimientos, entidades y organizaciones sociales para debatir la coyuntura, los desafíos sociales, económicos, políticos y las posibles alianzas entre quienes trabajan junto a las comunidades afectadas por ese modelo de desarrollo.

En este mes de marzo de 2015, la articulación latinoamericana Iglesias y Minería participará en el FSM presentando su historia, sus objetivos e intentando fortalecer la interacción con otras fuerzas para denunciar las violaciones provocadas por el modelo extractivista en el mundo.

Iglesia y Minería (IyM) es una red cristiana ecuménica, nacida en el 2013 por intuición de un grupo de religiosas/os y laicas/os ya comprometidas/os frente a la minería, pero con la necesidad de buscar alianzas dirigidas a una mayor protección ante la criminalización y a un fortalecimiento de la incidencia junto a la jerarquía de las iglesias y los líderes de las instituciones internacionales de defensa de los derechos humanos y ambientales.

En diciembre del 2014, IyM realizó un encuentro internacional en Brasilia, con la participación de cerca de cien personas de los diversos países del continente americano. A partir de ese encuentro, se fortalecieron articulaciones antiguas y nuevas, en particular una significativa alianza con la Red Eclesial Panamazónica y una interacción con el Pontificio Consejo de Justicia y Paz, con la esperanza de poder realizar en el Vaticano un encuentro de las comunidades latinoamericanas afectadas por la minería.

Las iglesias cristianas tienen un papel importante junto a las comunidades en la defensa de los bienes comunes, del derecho a la autodeterminación en el uso de los territorios y del derecho intergeneracional a una relación viva y respetuosa con la creación entera.

Para asumir esa misión, urgente y por muchos aspectos nueva y desafiante, las iglesias necesitan deconstruir algunas categorías bíblico-teológicas que, influenciadas por culturas antropocéntricas y utilitaristas, consideran la creación como un conjunto de recursos a disposición del desarrollo humano. También, las iglesias deben saber pedir perdón por las violaciones y la cultura de la explotación que ellas mismas instituyeron o legitimaron a lo largo de los siglos.

Por otro lado, esas mismas iglesias deben valorar su presencia capilar y permanente al lado de los más pobres, opción preferencial e inspiración profética de sus posicionamientos.

En este sentido, las comunidades cristianas pueden representar el elemento de proximidad y continuidad en la denuncia de las violaciones socioambientales y en el acompañamiento de las reivindicaciones de las comunidades, así como de los procesos de construcción de alternativas o de defensa de las prácticas ancestrales que preservan la Madre Tierra.

Con ocasión del FSM, se realizarán dos talleres en que estos temas serán abordados, intentando generar nuevas alianzas y definir estrategias conjuntas: uno analizará la conexión entre la minería y los cambios climáticos, contribuyendo al proceso preparatorio de la importante Conferencia sobre el clima (COP 21 París, en diciembre del 2015); el otro reunirá a Iglesias y Minería, el Consejo Mundial de las Iglesias y el CIDSE en un debate sobre el papel de las iglesias frente a la minería, que será abierto por una provocación del monje brasilero Marcelo Barros.

Tenemos la certeza en que este sea un frente urgente e importante para la caminada ecuménica de las iglesias y esperamos con ansiedad, en este espíritu, la encíclica del Papa Francisco sobre “ecología humana”, que pronto será publicada.

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